El secretario del Agua y Medio Ambiente, José Lara Lona, evidenció que entre el 15% y 20% del volumen de agua que se maneja en Guanajuato podría corresponder a tomas clandestinas y extracciones irregulares, además de diferencias generadas por sistemas de medición obsoletos, lo cual, complica el correcto registro de los consumos.
El funcionario estatal explicó en entrevista que el problema del agua no contabilizada no necesariamente significa que todo el volumen se pierde por fugas en las tuberías, pues también incluye extracciones que no pasan por un medidor o que son registradas de manera incorrecta debido a equipos que ya no funcionan con precisión.
“De manera general se estima entre un 15 y un 20% del volumen en clandestinaje de manera general. Habría que hacer la revisión en cada uno de ellos”, señaló.
Lara Lona explicó que dentro del llamado “huachicol del agua” se consideran distintas formas de extracción clandestina, entre ellas pozos sin permiso, tomas en canales y redes municipales, así como otras formas de aprovechamiento irregular.
“El huachicol del agua yo lo entiendo como cualquier extracción clandestina que se puede dar, en donde los pozos que no tienen permiso, eso yo lo entiendo como huachicol, la extracción en los canales, la extracción en las redes municipales”.
El secretario señaló que para conocer con precisión dónde se pierde el agua es necesario fortalecer tanto la micromedición como la macromedición. Detalló que la micromedición corresponde a los medidores instalados en viviendas y establecimientos, mientras que la macromedición permite conocer cuánto volumen se extrae desde los pozos y cuánto agua circula posteriormente por las redes de distribución.
Lara Lona advirtió que un medidor doméstico tiene una vida útil aproximada de cinco años, por lo que los organismos operadores que mantienen equipos con 15 o 20 años de antigüedad pueden estar registrando consumos inferiores a los reales.
“Si tenemos parques de micromedidores de 15 a 20 años, pues estos tienden a submedir, es decir, a medir menos. Es importante un micromedidor. En términos generales tiene una vida útil de cinco años. El instrumento para tener esa claridad se llama medidor”.
Por ello, planteó la necesidad de renovar constantemente los equipos y establecer un balance de agua que permita conocer cuánto se extrae, cuánto se distribuye, cuánto se consume y en qué puntos se presentan las diferencias.
El funcionario estatal explicó que la implementación de estos sistemas representa un gasto importante para los organismos operadores, pues instalar el equipo necesario puede alcanzar alrededor de 380 mil pesos por cada pozo.
“Cuesta, es costoso, por eso luego decimos que se nos juntan todos los temas fiscales porque hacer ese trabajo en cada pozo cuesta alrededor de 380 mil pesos en cada pozo”, finalizó.