Aguascalientes, desde su creación, ha sido tierra de leyendas, relatos y cuentos de terror. Quizá tenga que ver con la propia idiosincrasia del mexicano o, simplemente, con nuestra ubicación geográfica.
A través de redes sociales lanzamos una convocatoria para que los habitantes de Aguascalientes nos compartieran sus historias, experiencias y aquellos encuentros que, por extraños o inexplicables, se han quedado en su memoria.
Desde relatos cortos que parecen una bitácora policial, hasta relatos que suenan a ciencia ficción, esto fue lo que nos hicieron llegar:
“Desde niño he visto cosas en el cielo”
Relato enviado por Omar Guzmán
Hola. Me gustaría platicarles brevemente sobre mi experiencia con los OVNIS.
Desde niño se me han presentado en múltiples ocasiones, pero jamás había tenido a la mano algo con qué grabarlos. Mi hermana también ha sido testigo, ya que cuando veo algo en el cielo, ella generalmente está cerca y puede dar testimonio de que hemos visto cosas extrañas en el firmamento.
Solo tengo una breve evidencia de hace algunos meses. Curiosamente, unos minutos antes de observarla, estaba hablando sobre OVNIS con un amigo que también es entusiasta del tema.
Les adjunto tres videos como evidencia de aquella experiencia. Los videos fueron grabados el 8 de noviembre de 2025, desde mi domicilio en Morelos 2.
“Una esfera plateada suspendida sobre la fábrica”
Relato enviado por Jesús Figueroa
En alguna ocasión me encontraba en el techo de una fábrica de motores, revisando unos filtros de aire de los colectores de polvo y niebla. Fue entonces cuando, sobre una de las chimeneas, observé una esfera plateada suspendida en el aire.
Era a plena luz del día. La esfera no emitía ningún sonido ni luces y permaneció suspendida durante un momento. Después, lentamente, comenzó a desplazarse hacia el norte de la ciudad, hasta alejarse de mi vista.
“La luz rodeó la casa y después me absorbió”
Relato enviado por Alberto Rosales
Eran aproximadamente las seis de la tarde. El ambiente estaba semicubierto de nubes, algunas de ellas con formas mammatus. Me encontraba esperando a unos compañeros a un costado de una carretera. Alrededor había nopales, cardones y uno que otro mezquite; era un lugar solitario y semiárido.
Mientras esperaba, observé a unos cientos de metros una casa típica del viejo oeste, construida de madera. Se veía muy antigua. Me acerqué para poder sentarme y esperar. En el lugar no había señal, no pasaba ningún automóvil y solo se escuchaba el viento silbando a través de mí.
Al llegar a aquella casa vieja y olvidada, me sorprendió encontrarla completa y sin señales de vandalismo. Toqué varias veces, pero nadie respondió. Me giré para alejarme y, justo cuando volteé nuevamente, la puerta de madera se abrió con un crujido.
Entré.
Había un recibidor o vestíbulo, como el de una antigua casa de huéspedes. Todo era de madera y tenía un estilo muy antiguo, aunque sorprendentemente conservado. Había polvo, telarañas, paredes con tapizado de flores y fondo pistache, además de candelabros barrocos.
Me dirigí al comedor y después pasé a la cocina para buscar agua, pero no encontré nada. Pregunté si había alguien, aunque lo único que respondía era el crujir de la madera bajo mis pisadas.
Nuevamente salí para ver si mis compañeros ya habían llegado. Levanté la mirada hacia el cielo nublado y entonces observé una gran luz blanca que se reflejaba sobre las nubes.
Era una enorme circunferencia que parecía abarcar cientos de metros. Se movía rápidamente y comenzó a disminuir su diámetro. Al mismo tiempo, sentí y escuché un zumbido agudo y vibrante, tan intenso que hacía levitar las piedritas que había a mi alrededor.
Conforme la luz reducía su tamaño, se hacía más intensa y el zumbido aumentaba. Era un sonido más agudo que el de una licuadora.
La luz descendió flotando y comenzó a desplazarse rapidísimo de un lugar a otro, como si estuviera buscando algo.
Por la impresión, regresé corriendo a la casa y coloqué una silla de madera para trabar la puerta. Desde las ventanas podía observar cómo aquella luz rodeaba el perímetro de la casa a gran velocidad. Mientras movía los muebles para bloquear las ventanas, escuchaba cómo las piedras explotaban, como si fueran truenos.
La luz terminó expandiéndose por fuera de la casa.
Intenté bloquear una de las ventanas, pero entonces aquella luz blanca y cálida me absorbió, como si una enorme aspiradora me hubiera succionado.
Lo siguiente que vi fue que estaba flotando en un espacio completamente blanco, cálido y resplandeciente. No había aire; la sensación era como estar debajo del agua. Podía escuchar el bombeo de mi propia sangre y el palpitar de mi corazón como si fueran los sonidos de un gigante.
No podía moverme. Solo flotaba.
Entonces comencé a escuchar unos ruidos parecidos a graznidos: “noc, noc, noc”, muy rápidos, o quizá similares a los sonidos que emiten las ballenas y los delfines.
Veía borroso, pero distinguí unas siluetas delgadas y cabezonas. Eran tres entidades.
Una de ellas se acercó más y puso su mano frente a mi cara. Tenía cuatro dedos muy largos. Pude verla frente a frente: sus ojos eran grandes, ovoides y negros, brillantes; su piel era gris.
Cuando puso uno de sus dedos sobre mi frente, sentí en mi interior un flashazo. No sé cómo describirlo: fue como si una luz hubiera hecho estallar algo dentro de mí, como si mi corazón hubiera sufrido un paro o hubiera tenido un infarto.
Y lo siguiente que recuerdo es que desperté sudando y llorando.
Días después, renuncié al lugar donde trabajaba y comencé una nueva vida en otro lugar.
¿Qué hay detrás de estos relatos?
Los testimonios aquí reunidos no constituyen, por sí mismos, evidencia científica de la existencia de vida extraterrestre, objetos voladores no identificados o fenómenos de origen desconocido. Se trata de experiencias personales compartidas por habitantes de Aguascalientes, cuya interpretación puede estar sujeta a múltiples explicaciones, desde fenómenos astronómicos y atmosféricos hasta percepciones erróneas o, en algunos casos, situaciones que permanecen sin una explicación clara.
Escuchar y documentar estos relatos puede abrir una conversación necesaria sobre aquello que las personas observan en el cielo y que no logran identificar. Más allá de creer o no en los OVNIS, el reto está en preguntar, investigar y contrastar: revisar las condiciones meteorológicas, descartar fenómenos conocidos, analizar fotografías y videos y, cuando sea posible, recurrir a especialistas que permitan separar lo extraordinario de lo inexplicado.
Quizá Aguascalientes no tenga todavía un caso que haya trascendido como un gran misterio ufológico. Pero mientras existan personas que aseguren haber visto algo que no pudieron identificar, la pregunta permanece abierta: ¿qué estamos viendo realmente cuando miramos al cielo?