En medio de un entorno tan polarizado, nos hemos acostumbrado a ver la fricción política como si fuera un fenómeno inevitable, una marea que divide comunidades, paraliza el diálogo y encasilla el debate público en posturas irreconciliables. Sin embargo, en una reciente y enriquecedora conferencia organizada por COPARMEX Tijuana, donde contamos con la valiosa participación de Armando Ríos Piter, su charla nos dio esperanzas de lo que pudiera ser un giro fundamental. La polarización no tiene por qué ser nuestra normalidad permanente, y la respuesta para revertirla puede germinar desde las regiones, con Baja California y en especial Tijuana como potencial punta de lanza.
Nuestra entidad posee una naturaleza única. En esta esquina de México, donde empieza la patria y donde convergen dinámicas fronterizas, un fuerte dinamismo industrial y una comunidad diversa, la colaboración no es un mero discurso, es una herramienta de supervivencia y desarrollo diario. La iniciativa privada, el sector académico y la sociedad civil han aprendido históricamente a tender puentes sobre las diferencias.
Ríos Piter planteaba con acierto que el verdadero desafío consiste en superar la confrontación estéril para enfocar la energía en proyectos con propósito. En ese camino, una parte central de la solución radica en fortalecer el diálogo social directo con los colaboradores de nuestras empresas. El espacio de trabajo es uno de los núcleos comunitarios más potentes para generar confianza, escuchar inquietudes reales, construir empatía y demostrar que los objetivos comunes siempre pesan más que las divisiones ideológicas, siempre respetando las diferencias legítimas.
Baja California tiene el potencial, el talento y la perspectiva para liderar esta transformación nacional desde el ámbito empresarial y ciudadano, priorizando las coincidencias sobre los desencuentros.
Esto tiene mucho eco en mí, ya que recientemente he participado en discusiones en grupos como Minarete, cuya diversidad y la pluralidad es nuestra fuerza y donde hemos aprendido precisamente a priorizar nuestras coincidencias.
Esta frontera tiene un ADN único. Vivimos en una dinámica binacional donde el pragmatismo, el esfuerzo constante y la resiliencia han superado históricamente a cualquier discurso divisivo. Mientras desde el centro se alimenta el encono, desde el norte construimos puentes. Nuestra cercanía con California, una de las economías más potentes del planeta, nos abre oportunidades inéditas en sectores de altísimo valor como la industria de dispositivos médicos, el desarrollo de semiconductores y la atracción de cadenas de suministro globales que buscan salir de Asia.
Para aprovechar este momento histórico la respuesta es clara, comprender el contexto político no para engancharnos en la disputa, sino para tomar mejores decisiones empresariales y comunitarias.
La política no debe nublar la visión productiva de nuestra región. Las prioridades de Baja California están al frente: requerimos certidumbre jurídica, finanzas públicas ordenadas, infraestructura energética y logística a la altura de nuestros retos, así como un impulso decidido a las micro, pequeñas y medianas empresas a través de programas locales de fortalecimiento como Crece Mi Negocio, la cual impulsamos desde COPARMEX.
Las decisiones de inversión, la generación de empleos dignos y el bienestar de las familias tijuanenses deben estar siempre por encima de las coyunturas electorales.
Si desde Tijuana logramos mantener el rumbo, impulsar el diálogo binacional y enfocar nuestra energía en la competitividad, no solo protegeremos nuestra economía local; le demostraremos a todo México que sí es posible diluir la polarización cuando nos une un propósito común.
Quizás nuestra Tijuana, donde empieza la patria, puede ser también el lugar donde empiece la reconciliación y el verdadero futuro de México.
La autora es contadora pública y presidente de COPARMEX Tijuana
Nw