Medicina extraña

“Oiga, doctor, ¿cree que debo tomar leche de cucaracha?”,
pregunta un paciente.

“Después que nazca el bebé, ¿cree que digiera mejor la
placenta si la pulverizo y la pongo en cápsulas o si la congelo y la uso como
ingrediente de pizza?”, pregunta otra.

Aunque interrogantes como estas a veces pueden parecer
“culturales”, a menudo es difícil creer que fue un médico o profesional de la
salud quien ha recomendado el tratamiento en cuestión. “Nueve de diez doctores
recomiendan…” es una expresión utilizada comúnmente para promover tratamientos
ampliamente aceptados, de manera que un médico atípico debe ser el responsable
de los tratamientos extraños sobre los cuales los médicos restantes nos
enteramos cada semana. Y si bien algunos de esos tratamientos se antojan descabellados,
también pueden ser increíblemente interesantes.

Al menos lo fueron para los tres que firman este artículo,
incluido el Dr. H. Eric Bender, quien confiesa que su fascinación con las
prácticas médicas peculiares nació en la escuela de medicina. Durante una de
sus primeras rotaciones, le asombró saber que no solo podía ordenar
sanguijuelas para un paciente hospitalizado, sino que podía especificar dónde
colocarlas: pierna izquierda, brazo derecho o todo el cuerpo (en caso de que te
preguntes, para “apuntar” con precisión una sanguijuela, debes colocarla en un
vasito de papel con un agujerito en el fondo. Luego, alineas ese agujero sobre
el área del paciente donde debes extraer la sangre y… ¡listo! Los gusanos
hematófagos segmentados se ponen a trabajar como locos. Bender aconseja que no
lo hagas en casa por tu cuenta).

Hoy día, gracias a nuestra sociedad Internet “hazlo tú
mismo”, la fascinación de Bender con lo poco convencional ha crecido al
investigar una amplia gama de remedios (aparentemente) ridículos aunque a veces
eficaces. Por desgracia, en muchas clínicas, el juramento hipocrático de “no
dañar” se ha sustituido por “limpia ese desorden”.

Por ejemplo, en el pasado no muy distante, uno o dos
médicos recomendaban que los niños fumaran tabaco para tratar un trastorno
llamado pica, el cual orilla a las personas a ingerir cosas no nutritivas como
piedras, arena o vidrio. Con los años, algunos doctores propusieron que los
pacientes usaran cocaína y heroína para aliviar dolores de muelas y la tos persistente,
respectivamente (además de las referencias, el libro de donde fue tomada esta
información incluye imágenes, como evidencia). También se ha recomendado el
alcohol por sus beneficios para mujeres embarazadas –la cerveza Guinness es
rica en hierro-, y no fueron solo médicos irlandeses. Otros galenos han
propuesto usar anquilostomas para curar el asma (causando, claro está,
peligrosas infecciones).

La lista de sustancias, organismos y derivados animales
peligrosos que se han usado para tratar de todo –desde baja libido hasta
enfermedades de transmisión sexual- no tiene fin. Por suerte, no pasó lo mismo
con estas prácticas, pues investigaciones ulteriores demostraron los riesgos de
muchas de ellas.

“Medicina extraña” no es un término que se limite a las
prácticas y los tratamientos médicos. Si das un vistazo a la literatura, verás
que está repleta de investigaciones y estudios mal diseñados o tan
inverosímiles que llegan al extremo de lo absurdo. Por ejemplo, algunas
investigaciones sugieren que la cocaína podría protegerte de lesiones
encefálicas y que el alcohol podría mejorar la cognición. Otros más eran
simplemente autoevidentes. ¿Sabías que el paracaidismo es peligroso? ¿Podrías
creer que los colapsos del mercado accionario se asocian con una mayor
incidencia de depresión? Por favor, algunas de estas investigaciones debieron
hacerse en la Universidad de lo Obvio.

Otras prácticas fascinantes parecen ideas terribles, pero
están tan bien sustentadas por investigaciones que se consideran estándares de
oro para el tratamiento de ciertas enfermedades. Las teorías provocadoras que
resultan ser malas ideas nada tienen de extraordinario (imagina una pizza
rellena de tocino), pero parece que las ideas extrañas que resultan estupendas
(como dejar que perfectos desconocidos se queden en tu casa cuando te ausentas;
¡bravo, Airbnb!) son tan raras como los derivados que son tan buenos como los
originales.

Como ejemplo, tenemos los antibióticos que a menudo matan
a las bacterias buenas y al mismo tiempo, acaban con las bacterias malas que
los médicos quieren eliminar. Las bacterias “buenas” impiden el crecimiento de
las bacterias malas. Así que, cuando erradicas a las bacterias buenas, muchos
individuos desarrollan un tipo de infección intestinal llamada Clostridium difficile,
la cual es difícil de tratar con antibióticos, porque, para empezar,
habitualmente es la causa del problema. Por fortuna, hay un tratamiento que
tiene una elevada tasa de éxito: el trasplante fecal. Eso mismo: los médicos
ponen heces de un donador dentro del sistema gastrointestinal del paciente. Tal
vez te parezca que poner mi excremento en tus intestinos causaría infecciones,
pero sucede que las bacterias buenas donadas ayudan a erradicar la infección.

Si crees que usar excremento es una forma extraña de
combatir infecciones, ¿qué dirías de las larvas? La terapia con larvas
(larvoterapia) busca prevenir una infección en las heridas. Las larvas atacan y
comen selectivamente el tejido muerto que es difícil retirar con cirugía sin
quitar también el tejido sano. Aunque esto se ha sabido desde los años treinta,
el tratamiento no se utilizó de manera regular durante décadas debido a la
creciente popularidad de los antibióticos; sin embargo, tras el reciente
“redescubrimiento” de la larvoterapia, más de 800 instituciones de salud de
Estados Unidos la están utilizando en la actualidad. Y te aseguro que las
compañías farmacéuticas están buscando la manera de cobrar precios exorbitantes
por las pequeñas larvas.

Como toda ciencia, la medicina es dinámica y está en
constante evolución, por eso hablamos de “la práctica de la medicina”. Los
tratamientos aceptados en una época podrían descartarse después como
“pseudociencia”. Lo que hoy se considera “experimental”, podría ser el
tratamiento estándar de mañana. Por suerte, hay dos cosas llamadas revisión
paritaria y estándares científicos. Además, casi todos los proveedores de salud
han adoptado el procedimiento de recoger toda la evidencia posible en vez de
tratar a sus pacientes como ratas de laboratorio.

Los pacientes que emprenden sus propias investigaciones en
línea pueden propiciar conversaciones informativas con sus médicos, aunque a
veces sugieran cosas que provocan ganas de gritar, o vomitar. Sin embargo,
aunque el “Dr. Google” es puntual y no requiere de copago, no está calificado
para diagnosticar y tratar. No existe un sustituto seguro para una relación
íntima y personal entre el paciente y su médico. Y esto no cambiará mientras la
medicina sea una ciencia y un arte, produciendo tanto resultados esperados como
soluciones sorprendentes.

Así que este es el mensaje para nuestros pacientes:
cuídense de los charlatanes, pero mantengan la mente abierta. Lleven todas sus
dudas a un médico y pregunten sin temor. A nuestros colegas galenos: Escuchen a
sus pacientes. Hablen con ellos, no sermoneen. Y recuerden: si no pueden hacer
algún bien, al menos no dañen.

H. ERIC BENDER, MURDOC KHALEGHI Y BOBBY SINGH son los
autores de “1 Out of 10 Doctors Recommends: Drinking Urine, Eating Worms,
and Other Weird Cures, Cases, and Research from the Annals of Medicine”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in
cooperation with Newsweek