Sr. presidente de la Cámara de Representantes:
Cuando Donald Trump sugirió el 9 de agosto que Hillary
Clinton solo podría ser detenida de designar jueces por la “gente a favor de la
Segunda Enmienda”, la mayoría del mundo resolló, cayendo en cuenta de que él
incitaba a la violencia contra su oponente a la presidencia. Era algo sin
precedente, más allá de lo despreciable. Pero él no se disculpó. Dadas mis
largas experiencias con Trump, yo sabía que él pronto balbucearía una serie de
palabras con la esperanza de torcer su declaración más allá de lo reconocible.
Y así lo hizo, con la ayuda de aduladores como Sean Hannity, de Fox News, quien
cabeceó como un muñeco cabezón mientras Trump le decía que él no había querido
decir que los amantes de las armas deberían asesinar a Clinton. Él solo quiso
decir que deberían votar por él para mantenerla a ella fuera de la Casa Blanca.
Eso no tiene sentido, y aquí hay algo crucial que saber
sobre Trump: él nunca intenta que sus mentiras o engaños o fantasías tengan
sentido. Él solo las escupe para justificar lo inexplicable.
Examinemos las palabras que lo metieron en tantos
problemas: “Si ella llega a elegir sus jueces, no hay algo que ustedes puedan
hacer, amigos. Aunque la gente a favor de la Segunda Enmienda, tal vez ellos
puedan, no lo sé. Pero les diré algo, ese será un día horrible”.
La interpretación a posteriori de Trump: él no sabe si los
amantes de las armas votarán por mantener a Clinton fuera del cargo. O él
espera que los dueños de armas voten por él. O solo los votantes de Trump con
armas podrían mantener a Clinton fuera del cargo. Nada de esto tiene sentido.
Lea de nuevo la declaración original. ¿Él quiso decir que
será un día horrible cuando la gente a favor de la Segunda Enmienda le impida a
ella elegir jueces? Eso es un llamado al asesinato. ¿O él quiso decir que será
un día horrible cuando una Presidenta Clinton elija jueces, y solo la gente a
favor de la Segunda Enmienda podría ser capaz de detenerla? Otro llamado al
asesinato.
Trump luego culpó a los medios de comunicación de aplicarle
las reglas de la gramática y estructura de la oración, en vez de ser sus
acólitos, para quienes las palabras y oraciones ya no tienen los significados
acordados.
Esto, Sr. Presidente de la Cámara, es con lo que tendrá
que lidiar con una presidencia de Trump, y esta indiferencia flagrante por los
hechos, por la verdad, es el porqué escribo esta, mi segunda carta abierta a
usted. Es la única manera de salvar al Partido Republicano, y a la nación.
Incluso algunos de sus partidarios más perturbados reconocen el peligro que él
presenta: la semana pasada, alguien llamó a C-SPAN para decir que él sabía que
su candidato podría empezar una guerra nuclear, pero por lo menos Estados
Unidos ganaría.
No creo que Trump tuviera la intención de incitar a sus
seguidores a dispararle a Clinton, pero ese es exactamente su problema, ese que
he visto desde la primera vez que empecé a cubrirlo hace tres décadas. Él solo dice
cosas. Su lengua se mueve tan rápido, que ya salió del cuarto antes de que él
se levante de la cama. Él dice lo que espera que sea verdad. Él atribuye sus
mentiras más grandes a otros anónimos que le susurran cosas al oído y que nadie
más oye. (Muchas personas dicen que un científico iraní fue asesinado a causa
de los correos electrónicos de Clinton; algunas personas dicen que el
certificado de nacimiento de Barack Obama era una falsificación; mucha gente
dice que él debería presentar Meet the Press; mucha gente dice que un libro de
la Biblia cuyo nombre él erró se llama Dos Corintios en vez de Segunda de
Corintios.) Él fanfarronea y echa chispas y ataca cuando la gente objeta su
sinsentido, y él ni siquiera trata de sonar creíble. Él ha pasado demasiado
tiempo fanfarroneando, acosando y mintiendo en los negocios, y no va a
detenerse ahora.
Por ello es que quienquiera que considere votar por Trump
debería leer algunas de las deposiciones que él ha hecho al paso de los años.
Recuerde, esto fue testimonio bajo juramento. O él miente consistentemente
cuando está bajo juramento o su incapacidad de reconocer la verdad es un
síntoma de un trastorno psicológico. Describí en mi carta anterior a usted cómo
Trump mintió en un testimonio frente al Congreso. Él declaró explícitamente que
no había discutido con nadie asociado con los casinos indios respecto a hacer negocios
con ellos… y luego un congresista presentó un afidávit, registros telefónicos y
cartas demostrando que era una mentira.

DISPARADO DESDE LA CADERA: La imprudencia de Trump
fácilmente podría llevar a una guerra nuclear, pero un partidario dice que eso
está bien porque Estados Unidos ganaría. FOTO: PATRICK SEMANSKY/AP
Lo más perturbador en las declaraciones juradas de Trump
es la cantidad de sinsentidos que él parlotea mientras destroza el idioma
inglés con significados que ninguna persona racional podría aceptar. Una
fallida “urbanización por Donald Trump” no es una “urbanización por Donald
Trump”. Un proyecto exitoso construido por otro promotor quien pagó para tener
el nombre de Trump en el edificio es una “urbanización de Donald Trump”. Un
pago de $400,000 dólares equivale a un pago de $1 millón de dólares. Una
participación de propiedad de 30 por ciento en realidad es una participación de
50 por ciento. En una sola oración, él dice saber los nombres de algunas
personas pero no sus identidades, como si hablara de Batman o Súperman. Él
estudió currículos, pero solo les dio un vistazo. La lista continúa, con un
punto en común: cada una de sus respuestas, estando bajo juramento, no depende
de la verdad sino de si lo hace ver bien.
En diciembre de 2008, poco después de que los demócratas
ganaron la Casa Blanca, Trump escribió en su blog personal: “Hillary es
inteligente, dura y una persona muy agradable e igual lo es su marido”. Él
luego añadió: “Bill Clinton fue un gran presidente”. Las palabras son simples y
claras. Previamente este año, en una deposición dada en una demanda legal
contra Trump la cual involucraba acusaciones de fraude con respecto a sus
cursos de bienes raíces (llamados Trump University), el abogado del demandante
le preguntó a Trump si él alguna vez llamó a Bill Clinton un gran presidente.
Trump se negó a responder directamente, diciendo que el escándalo que involucró
la aventura de Clinton con Monica Lewinsky había dañado su presidencia.
Finalmente, el abogado le mostró a Trump la entrada del blog en la cual él
había alabado a Bill Clinton como presidente y preguntó si Trump creía en lo
que escribió.
“Me pareció bien por entonces”, respondió Trump. “Pienso
que en retrospectiva, al mirar atrás, no fue una gran presidencia a causa de
los escándalos”. En otras palabras, en 2008 Trump pensaba que Clinton fue un
gran presidente, pero luego a causa del escándalo Lewinsky —algo que ocurrió
una década antes de esa entrada del blog— él cambió de opinión. ¿Cómo explicó
él la mentira obvia? “No es algo que haya pensado mucho por entonces porque no
estaba metido en política”, dijo él.
Eso —¡sorpresa!— también era una mentira. Trump había
pensado mucho en incursionar en la política por más de una década. De hecho, en
1999, en medio del escándalo Lewinsky, él dijo: “Aun cuando no he decidido ser
un candidato en este momento, si el Partido de la Reforma me nominara,
probablemente aceptaría y probablemente ganaría”. No solo eso, sino que el
personal de Trump ese año contactó a docenas de funcionarios para preguntarles
con respecto a que él se presentara como candidato del Partido de la Reforma y
había examinado los requisitos electorales para los 29 estados donde el partido
todavía no estaba en la boleta. Él también anunció su postura en cierta
cantidad de asuntos, incluido su apoyo al derecho al aborto.
Y aun así, llegado 2016, Trump dijo —bajo juramento— que
él no había pensado “mucho” sobre incursionar en la política en fecha tan
tardía como 2008, nueve años después de su primer plan de postularse a la
presidencia.
En esa misma deposición, a Trump se le preguntó si alguna
vez había dicho que Hillary Clinton sería una gran vicepresidenta o presidenta.
Después de que alguien le aseguró que la evidencia en manos del abogado del
demandante no contenía esa declaración, Trump dijo que él no pensaba que jamás
hubiera dicho eso. Entonces el abogado del demandante mostró nueva evidencia,
otra entrada de 2008 en el blog de Trump: “Conozco a Hillary, y pienso que ella
sería una gran presidenta o vicepresidenta”.
¿Cómo Trump puede afirmar ahora que Hillary Clinton era
demasiado incompetente para ser presidenta? “Bueno, no lo pensé mucho”, dijo él
de nuevo. En otras palabras, Trump afirmó en testimonio jurado que él escribía
entradas de blog sin pensar y dijo muchas cosas que no creía. (Él hizo la misma
aseveración cuando lo enfrentaron con sus halagos a los hombres que luego
fueron sus rivales por la candidatura presidencial republicana, incluidos Jeb
Bush, ex gobernador de Florida; George Pataki, ex gobernador de Nueva York, y
Rick Perry, ex gobernador de Texas.)
En esa misma deposición de 2016, Trump fue enfrentado con
un video publicitario en el cual él dijo que profesores y profesores adjuntos
darían las clases de la Trump University. Luego se le preguntó si él conocía
las identidades de los profesores adjuntos. “Sé los nombres, pero en realidad
no sé las identidades”, dijo él. Al igual que en muchos de los casos en que
Trump desprecia la evidencia cuando se ve atrapado, la respuesta no tiene
sentido. P.S.: Él nunca dio los nombres que “sabía” de los profesores adjuntos;
ello hubiera sido un reto, ya que esas personas no existían.

LA CÁMARA EN LLAMAS: La larga y sórdida carrera de Trump
en los negocios sugiere que nadie puede controlarlo o incluso moderar sus
excesos, una señal ominosa para Ryan, presidente de la Cámara de
Representantes. FOTO: JEFF SWENSEN/GETTY
Trump a menudo ni siquiera trata de darle sentido a sus
justificaciones de una mentira. En 2011, declaró con respecto a un fallido
proyecto de condominios en Florida. El constructor del edificio había pagado
una licencia para pegarle el nombre de Trump, pero —aparte de permitir que su
nombre se usara en la publicidad para engañar a compradores potenciales— Trump
no tenía nada que ver con el proyecto, el cual cerró después de tomar cientos
de miles de dólares en depósitos no reembolsables. Durante el testimonio bajo
juramento de Trump, el abogado del demandante lo enfrentó con material publicitario
en el cuál él había presumido que el edificio sería una “urbanización
característica de Donald J. Trump”. A pesar del significado indiscutible de
estas palabras, Trump las refutó: cuando la publicidad dice que el edificio es
una urbanización de Donald Trump, “en algunos casos son construidos por mí, y
en algunos casos no lo son”. Él nunca explicó cómo “construido por Trump” puede
significar “no construido por Trump” pero señaló que los extensos documentos
legales firmados por esos compradores desafortunados revelaban en la línea
pequeña que él no era el constructor. El abogado del demandante preguntó:
¿entonces por qué él no incluyó esa revelación en la publicidad en vez de la
engañosa cláusula de “urbanización característica”? “No puedes ponerla en la
publicidad porque no hay suficiente espacio”, respondió Trump.
Claramente perplejo, el abogado del demandante trató de
hacer que Trump explicara cómo las mismas palabras podían significar cosas
diferentes. “¿Es su testimonio que la aseveración ‘esta urbanización
característica de Donald J. Trump’ es consistente con la postura de que Donald
J. Trump no es el constructor de este proyecto?”
“Absolutamente”, testificó Trump.
La deposición más clásica de Trump fue la que dio en 2007
en una demanda legal por difamación que él presentó contra Timothy O’Brien,
autor de TrumpNation, porque el libro afirmaba que el valor neto de Trump era
mucho menor al que él afirmaba. (Lo era. solo pregunte al Deutsche Bank.) A lo
largo de esta deposición, Trump sonó delirante, en lo que algunos podrían
desestimar como mentiras compulsivas. Pero conociendo a Trump, no pienso que él
estuviera mintiendo; él creía en lo que decía, pero los hechos simplemente
seguían saliéndole al paso.
Trump necesitaba demostrar que lo había dañado la supuesta
difamación, pero no se contentó con solo decir que había perdido una parte
específica de negocios. Más bien, él afirmaba haber perdido negocios que él
nunca supo que existieron. “El hecho es que muchísima gente quienes hubieran
hecho tratos conmigo no vinieron a hacer tratos conmigo”, testificó él. “No
puedo decirles quiénes son porque nunca vinieron conmigo”.
Luego hubo las preguntas sobre lo que él poseía. A Trump
se le mostró una nota desagradable que él había escrito a un reportero en la
cual él afirmaba poseer 50 por ciento de una propiedad en Manhattan llamada
West Side Yards. De hecho, él poseía 30 por ciento pero en vez de simplemente
decir que había cometido un error, Trump afirmó que 30 por ciento equivale a 50
por ciento. “Poseo 30 por ciento”, testificó él. “Y siempre he sentido que
poseo 50 por ciento”. La razón, explicó Trump, era que él no puso nada de su
dinero en el trato, una explicación que no tiene sentido y no cambia el hecho
de que 30 por ciento no es, ni nunca será, 50 por ciento.
Su flexibilidad con los números se presentó después en la
deposición, cuando lo enfrentaron con declaraciones públicas que él había hecho
con respecto a que le habían pagado $1 millón de dólares por dar un discurso en
particular; él había recibido solo $400,000 dólares, una suma enorme que aún
así él se sintió obligado a más que duplicar. Bueno, explicó Trump, la
publicidad que él recibió con los anuncios del discurso valía tantísimo para él
que la cantidad de dinero que recibió era igual a $1 millón de dólares. (No
trate de entender eso. Le fundirá el cerebro.)
A Trump luego se le mostró una carta que él escribió a The
Wall Street Journal, la cual mencionaba dos de “sus” urbanizaciones, incluida
la Torre Trump en Waikiki. Al igual que en el proyecto fallido de Florida,
Trump simplemente había vendido su nombre al constructor. Sin embargo, esta vez
el edificio fue un éxito, por lo cual Trump afirmó que la urbanización hawaiana
era suya. ¿Cómo? “En realidad es una forma de propiedad, porque este es un acuerdo
de licencia tan fuerte que lo considero como una forma de propiedad”, testificó
él. Esas son sandeces: la propiedad implica una serie de obligaciones y
responsabilidades. A través del acuerdo de licencia, Trump no asumió alguna de
ellas, con la excepción de asegurarse que la compañía constructora del proyecto
no lo vendiera mediante afirmar que Trump era el constructor.
Las racionalizaciones continúan página tras página en sus
deposiciones, Sr. Presidente, pero usted entiende la idea. El hombre que funge
como candidato presidencial del Partido Republicano es un mentiroso o —lo cual
pienso que es más factible— no tiene idea de cuál es la verdad y dirá cualquier
cosa.
Sr. Presidente, no permita que su orgullo o su lealtad al
partido nos pongan a todos en riesgo. Como el republicano más importante que
hay, usted debe condenar a Trump y retirarle su adhesión.
—
Publicado en cooperación con Newsweek / Published in
cooperation with Newsweek