La historia detrás del templo más fotografiado de Aguascalientes

Más de un siglo después de convertirse en una de las postales más reconocibles de Aguascalientes, el Templo de San Antonio vuelve a recuperar protagonismo. La reciente renovación de su iluminación ornamental no solo busca devolverle presencia en el paisaje nocturno del Centro Histórico, sino volver a poner bajo los reflectores una obra que, más que un templo, es uno de los mayores legados arquitectónicos que dejó Refugio Reyes.

De día, este recinto ya es impresionante. Pero es cuando anochece sobre sus torres, confirmamos por qué se convirtió en una construcción tan atrapante e irrepetible.

Ubicado en el corazón de la ciudad, el Templo de San Antonio es considerado la obra cumbre de José Refugio Reyes Rivas, el constructor autodidacta que desafió todas las convenciones de su época y terminó transformando para siempre la imagen urbana de Aguascalientes. Sin formación académica como arquitecto, logró levantar uno de los edificios religiosos más singulares del país.

Su construcción comenzó en 1895 y concluyó en 1908 (dos años antes de la Revolución Mexicana). El resultado fue una mezcla poco común de estilos que conviven en un mismo edificio: detalles góticos, barrocos, neoclásicos, influencias árabes y hasta referencias rusas visibles en la forma de su emblemática cúpula. Todo integrado en cantera regional que cambia de matices entre verdes, amarillos y rosados según la luz del día.

La construcción nació por iniciativa de Antonio Morfín Brambila, quien antes de fallecer dejó destinado un fondo de 100 mil pesos para hacer realidad el proyecto. Sin embargo, de esa cantidad solo llegaron a utilizarse 11 mil pesos, mientras que el resto de los recursos (189 mil pesos) fue aportado posteriormente por su sobrino, Antonio Morfín Vargas, lo que permitió continuar con la obra. De acuerdo con el investigador Salas López, la licencia para iniciar la construcción fue otorgada el 27 de septiembre de 1895.

Pero San Antonio no destaca únicamente por su fachada. Al cruzar sus puertas aparecen frescos, relieves y una composición interior diseñada para sorprender desde cualquier ángulo. La planta en cruz latina, los medallones labrados y la cúpula de doble tambor convierten la visita en una experiencia donde arquitectura y simbolismo religioso dialogan constantemente.

Como bien escriben J. Jesús López García y Rocío Ramírez Villalpando: 

“El templo es un hito urbano más reconocible por locales y forasteros; uno de los lugares más socorridos para misas de celebración y de los escenarios más fotografiados de la ciudad en la que ocupa un lugar destacado entre los sitios más visitados de la capital. Su valor patrimonial es asequible a todo aquel que quiera conocer el paso de la historia por la arquitectura local, marco turístico desde el que se accede a la cultura de Aguascalientes con el edificio como una de sus principales manifestaciones”

Con el nuevo proyecto de iluminación, el objetivo no es solo hacer que el templo se vea mejor por las noches. También es recordar que detrás de cada torre, cada curva y cada detalle hay una historia de ingenio que sigue iluminando (literalmente) uno de los íconos más importantes del patrimonio hidrocálido.