Más que un musical: el laboratorio de habilidades que formó Shrek

El musical Shrek, presentado en el Museo Aguascalientes, reunió a 130 estudiantes de la Universidad Panamericana en un proyecto que, más allá del espectáculo, se convirtió en una escuela de habilidades para la vida, trabajo en equipo y desarrollo personal. Mientras la mayoría de los universitarios concluye sus actividades académicas y regresa a casa, otro grupo inicia una segunda jornada. Cambian los salones por los escenarios, los apuntes por los guiones y las tareas por horas de ensayo.

Así ocurrió durante los últimos nueve meses con los estudiantes y docentes que participaron en la producción del musical. Actores, músicos, bailarines y personal de producción construyeron un proyecto que exigió coordinación y mucha disciplina.

Para Michelle Raimond, directora de Vida Universitaria y productora general del musical, el teatro representa una extensión de la formación que reciben los estudiantes dentro de las aulas.

“El teatro musical para nuestros estudiantes es una gran escuela de virtudes y además una gran escuela de habilidades artísticas, porque conjunta la actuación, el baile, el canto, la música y muchísimas cuestiones que tienen que ver con el compromiso, la responsabilidad y el sentido de trascendencia”, explicó.

La complejidad de una producción de esta magnitud implica que cada área trabaje por separado durante meses para posteriormente integrarse en un sólo espectáculo.

“Se trabajan de manera por separado cada una de las disciplinas: música, bailarines, actores y producción. Después hacemos el ensamble de todo el trabajo realizado durante los meses previos”, detalló. 

Samuel Rodríguez, quien interpreta a Lord Farquaad, combina el teatro con una jornada laboral completa y estudios de posgrado. Su rutina comienza con trabajo por la mañana, continúa con clases por la tarde y concluye con ensayos durante los fines de semana.

“Actualmente ya como estudiante de un posgrado, lo combino también con una jornada laboral completa. Tengo mi jornada laboral en la mañana, en la tarde voy a clases y los fines de semana son los que le dedico completamente al musical de Shrek”, relató.

La experiencia, asegura, le ha permitido desarrollar competencias que hoy son altamente valoradas en cualquier entorno profesional.

“El desarrollo de estas habilidades suaves, la capacidad de trabajar en equipo y de relacionarte con las otras personas, creo que es algo que siempre nos ayuda a crecer como personas”, señaló.

Hablar frente a cientos de personas, resolver problemas en tiempo real, coordinarse con decenas de compañeros y mantener el control emocional ante los errores son situaciones frecuentes en una producción teatral, pero también desafíos presentes en el mundo laboral.

Para Mar Ortiz, estudiante de Ingeniería en Innovación y Diseño e intérprete de Fiona, asumir uno de los papeles principales del musical significó enfrentar retos que la obligaron a salir de su zona de confort.

“Ha sido un reto todavía mayor. Fiona es un personaje tan completo que para mí ha sido un regalo porque me ha hecho crecer no solo artísticamente sino personalmente también”, expresó.

La estudiante considera que el escenario se convierte en un espacio donde se fortalece la confianza personal y la capacidad de comunicación.

“La parte de expresarte en el escenario, de hablar con la gente y de no tenerle miedo a subirte a un escenario es una herramienta para toda la vida porque te enseña a expresar lo que tienes y a ser tú misma”, comentó.

Además, comparte una realidad común entre muchos de sus compañeros: combinar estudios, trabajo y actividades artísticas sin renunciar a ninguna de ellas.

“Trabajo en la mañana, estudio por la tarde y hasta el fin de semana para mí es teatro. Mucha gente no lo entiende porque el fin de semana es descanso para todos, pero para mí ese es mi descanso”, explicó.

La historia de estos estudiantes muestra que la formación universitaria no se limita a las aulas. Mientras algunos aprenden programación, ingeniería, negocios o robótica durante el día, por las tardes y fines de semana desarrollan liderazgo, creatividad, inteligencia emocional, tolerancia a la frustración y capacidad para trabajar bajo presión.

Por eso, cuando se apagan las luces del escenario y concluye la función, el aprendizaje continúa.