La
lista de atletas transexuales en Río bate record: de 12 en Beijing
2008, 23 en Londres 2012, ahora hay 42 deportistas en las competencias, de los
cuales la nación que más aporta es Reino Unido. Hay más occidentales que de
Asia o África; las mujeres se inscriben en los deportes colectivos, como futbol
o hockey sobre césped, y entre los hombre, en la equitación y los deportes
acuáticos.
En
noviembre del año pasado se reunieron médicos, científicos, abogados y
fisiólogos en Lausana, Suiza, convocados por la Comisión Médica y Científica
del Comité Olímpico Internacional (COI), para determinar las reglas que
aseguraran la inclusión de atletas transexuales sin tener que someterse a un
proceso quirúrgico.
Los
parámetros que manejaba la COI, aprobados en 2003, señalaban que los atletas
que hicieran la transición entre un sexo y otro no podían competir a menos que
se hubieran sometido a una cirugía para completar el cambio, seguido de al
menos dos años de terapia hormonal.
La
inquietud de aquellos tiempos de la COI era no dejar a nadie fuera de la
oportunidad de participar, sin detrimento del juego equitativo, una de sus
premisas axiales. Con el tiempo aceptaron que “la obligación de someterse a una
operación para participar no es necesario para asegurar una competición justa y
va en contra de los derechos humanos”.
Un
estudio de 2004 midió los niveles de testosterona y hemoglobina –en relación
con la capacidad de llevar oxígeno a la sangre en las mujeres trans– un año
después de la cirugía, y los resultados eran niveles menores en la hormona
junto con la reducción de la masa muscular. En otra investigación, se revisó el
rendimiento en los tiempos en carreras y se encontró que no tenían ventaja
sobre otras mujeres.
Ahora,
la cirugía no es un requisito: los atletas que hagan el paso de mujer a hombre
pueden participar sin restricciones en la rama masculina, y los deportistas que
muden de hombre a mujer, deben demostrar que sus niveles de testosterona han
estado por debajo de cierto límite al menos durante el año previo de su primera
competición.
Como en
todo, siempre hay diferentes puntos de vista. Investigadores advierten que el
COI ignora la evidencia de que aún con manipulación hormonal, los hombres
conservan su tamaño corporal, manteniéndose más grandes y fuertes que las
mujeres con las que compiten.
Un estudio
publicado en el British Journal of Sports
Medicine advierte que hay algunos efectos de la testosterona que no se
pueden revertir, incluyendo la que más se nota que es la altura en los hombres,
que se da en el ‘estirón de la pubertad’.