No hay clases, no hay tareas y en cambio, hay mucho tiempo libre. Están
en medio de las vacaciones de la escuela, sería bueno que leyeran un rato cada
tarde, porque además de aprender a disfrutar con lo que los libros cuentan, les
será más fácil en el regreso a clases retomar la educación donde la dejaron.
Los expertos aseguran que los niños que leen durante las vacaciones
pierden menos habilidades que los que no lo hacen. ¿Y si no quieren leer?
Muchos padres recurren a los incentivos –léase soborno– en metálico o especie.
Los resultados de una encuesta de una editorial educativa del Reino
Unido arrojan luz al asunto: 60% de los padres de niños entre 3 y 8 años de
edad ofrecen premios a sus hijos por leer.
Las investigaciones sugieren que pagar a los niños por hacer cosas disfrutables
puede resultar contraproducente. Estudio tras estudio demuestra que los pequeños
a quienes se les premia por actividades las hacen a un lado cuando ya no hay
tal premio, mientras que aquellos a quienes no se premia continúan con las
actividades por pura diversión.
“Si le pagas a los niños por leer, harás que lean”, dice Edward Deci, el
autor de Why We Do What We Do, y
profesor de psicología en la Universidad de Rochester. Pero los premios alientan a que
vean la lectura como algo por lo que hay que recibir un pago, no como algo
placentero en sí mismo, sostiene.
Por el otro lado, investigadores dicen que los premios pueden ser
útiles, en especial para los pequeños que están aprendiendo. “Creo que
subestimamos el poder de la motivación extrínseca”, señala Rahil Briggs,
directora de Salud Conductual Pediátrica en el Centro Médico Montefiore en el
Bronx. “Deseas que tu hijo sienta una fascinación natural, y algunos la
sienten, pero otros pueden beneficiarse con un empujoncito”.
Ciertas investigaciones sugieren que los premios externos funcionan bien
para las intervenciones a corto plazo. “Uno de los problemas de la motivación
extrínseca es la necesidad de subir la apuesta inicial para obtener los mismos
resultados”, afirma Briggs. Sin embargo, el verano tiene un fin natural, y luego
la escuela comienza de nuevo.
Los premios por leer no tienen que ser dinero, dulces o juguetes.
“Podría ser ir a la biblioteca con papá, y que ese tiempo solos sea parte del
premio; una excursión con uno de los padres, o un momento especial de leer juntos
o charlar sobre un libro”.
Especialistas de la Universidad de Rochester argumentan que si leer es
algo que los padres valoran, entonces es el valor, más que la práctica y la
habilidad, lo que ha de enfatizarse. “Cuando reservamos un tiempo para leer, o
ponemos límites a otras actividades, estamos demostrando a nuestros hijos que
los apoyamos para que desarrollen una habilidad importante”.
Hay una máxima: cuando leer es difícil, casi todo lo demás también lo es;
cada asignatura, desde Matemáticas hasta Historia, se hace más accesible si se
tiene dominio sobre la lectura, pero solo con la práctica se llega ahí.