Recién presentadas las ¿cínicas? disculpas del presidente Peña Nieto por los conflictos de intereses que su esposa y la propia Presidencia de la República se empeñaron en negar en 2014, los datos sobre el comportamiento de la economía nacional y mundial nos regresan al cimiento de lo que creo será el gran pendiente de este sexenio: la incapacidad de mover a México.
Me refiero a que esta administración apostó desde el comienzo por una agenda reformadora que le inyectara vitalidad a esa economía tan premoderna y carente de crecimiento que aún padecemos, la cual concretaron con bastante éxito en el primer tercio del sexenio, pero que después resultó ineficaz a la hora de implementarse y volverse realidad. Se fracasó en ese difícil brinco que debe darse para pasar de las ideas a la práctica.
Desde luego que la falta de resultados económicos no es solo culpa del presidente y su equipo de trabajo, claro que no. El contexto global es sumo adverso y las condiciones para detonar el crecimiento resultan muy complicadas. Se trata de un escenario muy restringido en donde, independientemente de quién sea el presidente, en términos generales las sumas y restas les van a salir iguales a todos.
Sirva de muestra que, al cierre de junio, la economía de Estados Unidos registró un crecimiento anualizado de 1.2 por ciento del PIB, un dato muy inferior al 2.6 por ciento que las autoridades y analistas económicos esperaban. Para fines prácticos, esto significa que la economía estadounidense creció un 53.8 por ciento menos de lo pronosticado, lo que no es halagador para nadie, pues sin ser la punta de lanza de antaño, es una de las economías que acaso estaban recuperándose un poco.
En el caso de México, amanecimos con la noticia aparentemente positiva de que nuestra economía sí se expandió un poco en comparación con el año previo, con lo que quizás este año alcancemos un alza de 2.6 por ciento en el PIB nacional.
Y aprovecho para retomar lo del fracaso, pues aunque el dato registre un progreso, la verdad es que representa lo mismo que aquella persona que, debiendo pesar 70 kilogramos, le informa al médico que cuatro años después va muy bien en su tratamiento, puesto que de 100 kilogramos que pesaba, ya logró reducir a 98. Vaya, es un contexto de ineficiencia y de estar peloteando el balón entre las mismas cuatro paredes de siempre, con mucho y que a veces se le patee con más fuerza.
Estamos pues ante la misma economía que teníamos en 2012, solo que con reformas estructurales que aún no pueden dar resultados y con finanzas públicas muchísimo más deterioradas que entonces. Sucede que, fieles a su formación, los priistas siguen siendo mucho peores administradores que los panistas. Así les gusta a ellos manejar el dinero, con holgura y comodidad.
No se me malinterprete; las reformas estructurales realizadas no son temas que deban dar grandes resultados en poco tiempo, sino que su dimensión provoca que lo hagan a más largo plazo. El punto es que se le apostó todo a ese tema —como Calderón con su guerra al narcotráfico— autocondenándose el gobierno a no tener más opciones de políticas públicas exitosas por ofrecer a la sociedad.
Así, como opinión pública, considero que nos quedamos ante un gobierno hueco que no tuvo más por brindarnos después de 2014. A la par, los escándalos de corrupción en el gobierno federal, y en los feudos de varios incompetentes e impresentables gobernadores, los cuales han sido tolerados en absoluto por el presidente Peña, hoy tienen al gobierno postrado e inmóvil, incapaz de generar dinámicas virtuosas. Y ya no digamos que para el país, sino para el gobierno mismo, pues da la impresión de que están administrando el tiempo en aras de que 2018 llegue cuanto antes para que termine su martirio.
Quizá por eso las disculpas y la tolerancia a los gobernadores, para que no se agiten ya más las aguas. Pareciera que, en vez de proveernos de argumentos y estrategias para combatir los problemas, están pidiéndonos perdón y apostándole a que se nos olviden las cosas; a la par de presumirnos que el crecimiento del PIB anual quizá llegue a 2.6 por ciento, al mismo promedio de los últimos 15 o 20 años pues. Así vamos rumbo a 2018 y así llegaremos.
Su escribidor no ve al PRI repitiendo en la silla presidencial, sino emulando el tercer lugar de 2006. Aunque, bueno, la política es de circunstancias y esta vuelta todavía no empieza. Ya veremos luego.
Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado le corresponde a usted.