“Me dirijo a los miembros del movimiento ‘Bernie or bust’ (grupo que apoya incondicionalmente a Bernie Sanders)”, dijo Sarah Silverman, “ustedes están siendo ridículos.”
La comediante, partidaria de Bernie Sanders, había subido al escenario de la Convención Nacional Demócrata. Ella y el senador Al Franken, ex comediante y partidario de Hillary Clinton desde hace mucho tiempo, realizaban una rutina cómica sobre la unión del partido. Conforme crecían los cánticos a favor de Sanders, una frustrada Silverman dijo: “Al menos, podremos arreglar esto en post,” refiriéndose al proceso de postproducción de las películas, en el que es posible eliminar los errores cometidos durante la grabación.
Para el jueves, las divisiones que fueron evidentes patentes durante el primer día de la Convención Nacional Demócrata se habrán desvanecido.
La Convención Nacional del Partido Demócrata proclamó este martes a Hillary Clinton como su candidata a la presidencia en las elecciones de noviembre en Estados Unidos, en un hecho sin precedentes.
La ex secretaria de Estado superó el número necesario de votos de los delegados para ser declarada candidata a la presidencia. Es la primera vez que una mujer alcanza esta responsabilidad en uno de los dos principales partidos estadounidenses.
Es probable que obtenga algo de ayuda en las encuestas, y habrá una lluvia de globos para borrar los recuerdos del lunes, cuando Debbie Wasserman Schultz, la presidente del Comité Nacional Demócrata, fue abucheada en un desayuno organizado por la delegación de su estado natal.
Por la tarde, la congresista había renunciado a inaugurar la convención. WikiLeaks había revelado los correos internos de dicho Comité (probablemente, gracias a piratas informáticos patrocinados por el Estado ruso), que dejaron claro que el Partido Demócrata, bajo su dirección, parecía favorecer a Clinton.
Pocas veces un líder de partido es expulsado del poder el primer día de su convención cuadrienal, sin embargo, éste es el año más raro de todos los tiempos, así que ¿por qué no añadir a Julian Assange y Vladimir Putin para hacerlo aún más extraño?
Sin embargo, la cuestión es si el Partido Demócrata está irrevocablemente dividido, y la respuesta es no. Ciertamente, no está muy unido, sin embargo, así como los republicanos se unieron en gran medida en Cleveland, los demócratas harán lo mismo y probablemente en una escala aún mayor.
Las actuales luchas partidistas conducen a una mayor unidad en los partidos. Cuando uno piensa que el nominado del partido contrario es Lucifer, no puede darse el lujo de titubear. Por ello, los partidarios de Sanders habrán de ceder en gran medida, quizás no está semana ni la siguiente, pero lo harán pronto.
Además, en la Convención Demócrata no se produjeron los mismos boicots a funcionarios electos que ocurrieron en Cleveland, donde todos los Bush e incluso John Kasich, el gobernador republicano de Ohio, estuvieron ausentes. Para octubre, el número de votantes aún indecisos será mínimo. Será una contienda que dependerá enteramente de lograr que la base de cada partido acuda a votar.
Es posible que a los demócratas les crispen los nervios los silbidos y los abucheos que caracterizaron al primer día. (El discurso de Cory Booker, el senador por Nueva Jersey, fue interrumpido por manifestantes del movimiento Black Lives Matter.) Sin embargo, aunque esta puede ser la convención más dividida en toda una generación, no es nada en comparación con la de 1968; tales comparaciones son tan comunes como rimbombantes.
Quizás los seguidores de Sanders se sientan excluidos, pero en 1968, el vicepresidente Hubert Humphrey recibió la nominación aunque no había ganado ni una sola elección primaria aquel año. Se postuló únicamente en colegios electorales que en ese entonces eran territorio exclusivo de los líderes del partido y en los que no participaban los votantes comunes.
La mayoría de los votantes de izquierda habían apoyado a dos candidatos que se oponían a la guerra de Vietnam, el senador Eugene McCarthy y el senador Robert Kennedy, este último, asesinado unas pocas semanas antes de la convención. Sin embargo, fue aprobada una plataforma en pro de la guerra debido a que la convenciónrealmente estaba arreglada a favor de Humphrey.
Lo que se produjo a continuación fue aún más dramático: disturbios con intervención policiaca, gases lacrimógenos y ataques contra reporteros. La Convención Nacional Demócrata de 1968 fue tan escandalosa que el senador Abraham Ribicoff subió al escenario y denunció las “tácticas al estilo de la Gestapo” de la policía de Chicago, lo cual rápidamente desató una guerra de gritos con Richard Daley, el alcalde de la ciudad. Comparado con esto, parece una nimiedad que Elizabeth Warren haya tenido que hablar teniendo como fondo algunos cánticos de “Confiábamos en ti.”
Como último orador de la noche, Sanders hizo mucho a favor de la unidad del partido. Presentó una apasionada defensa de Clinton, señalando que ella ha adoptado su enfoque de hacer que las universidades públicas tengan una matrícula gratuita.
Utilizó el temor a una Suprema Corte nombrada por Trump y al desmantelamiento del Obamacare para arengar a la multitud. En un momento dado, dijo acerca de Clinton: “Ella sabe que Medicare debe negociar los precios de los medicamentos con las empresas farmacéuticas.” Trump ya ha adoptado ese pilar liberal, pero no importa: Bernie logró un impulso.
“He conocido a Hillary Clinton por más de 25 años,” dijo. “Hillary Clinton será una extraordinaria presidente, y me enorgullece estar junto a ella esta noche.”
Esas eran las palabras que los demócratas necesitaban escuchar, y que fueron pronunciadas.
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Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek