Misoginia significa odio o aversión
a las mujeres; misoandria sería el término que definiría el odio o aversión
hacia los hombres; misantropía definiría a una persona que odia a las personas:
ninguno de estos términos se ajusta para definir a una persona que quiere vivir
soltera.
Sasha
Cagen, autora de libros de autoayuda y empresaria, se dio cuenta en la fiesta
de Año Nuevo de 1990 de que no había nadie a su lado para abrazar, besar,
felicitar. Entonces escribió Quirkyalone:
A Manifesto for Uncompromising Romantics (Solitario peculiar: un manifiesto
para románticos incomprendidos) defendiendo la soltería, y definiendo la
sologamia: “Una persona que disfruta estar soltera (o pasar tiempo sola) y
prefiere esperar a conocer a la persona correcta en lugar de tener citas
indiscriminadamente”.
Otras definiciones señalanla soltería como una forma de
vida voluntaria y placentera, sin estigmas, sin explicaciones ni disculpas;
permanecer sin pareja más allá de los 30 y en plenitud.Piden que no se les llame solteros sino
soloístas.
Para
los que militan las filas de la sologamia, se abren ventanas de información e
iniciativas de ocio que los acogen sin prejuicios ni comentarios maliciosos. En
México, el portal S1ngular ofrece artículos de temas tan variados, todos en
aras de mantener informado y entretenido al soltero de marras. En España sologamia.como
hace lo propio, y hasta el diario The Washignton Post se suma y les abre un
espacio en una subsección que se llama Soloish.
Los
soloístas no la pasan mal mientras encuentran a la persona indicada, y quieren
que se les deje de ver como “pobrecitos”, “solterones” o personas con amargura
disfrazada.
El
asunto llega más lejos: hay quienes están tan orgullosos que quieren casarse
consigo mismos. Si bien no existe ninguna implicación legal al respecto, ya hay
compañías que a eso se dedican como I Married Me, que ofrece anillos, cartas y
objetos variados para autoregalarse.
La
inglesa Grace Gelder besó en 2014 su reflejo en un espejo en una particular
ceremonia de matrimonio de ella con ella: “Llevaba seis años soltera y creía
que no iba a encontrar a nadie mejor para casarme”, dijo la feliz contrayente.
En Estados Unidos, Yasmin Eleby lo hizo en 2015, cuando cumplía 40 años. En
España, Diana Aller tomó la decisión de casarse con ella después de “adentrarse
en una crisis interior, una crisis positiva, una revolución espiritual”. Es
decir, lo pensó bien antes de dar el paso.
La sologamia no tiene un estatus legal como tal,
pero ya muchos individuos –mujeres en mayor número que hombres– exigen su
derecho a permanecer solitarios sin ser juzgados ni etiquetados. Y muchos de
ellos llegan a hacer oficial la relación, al compromiso máximo.