¿Remedios sin receta para mejorar la salud y ahorrar dinero?

Los precios de
los medicamentos recetados siguen aumentado. Las listas de precios de medicamentos
de marca saltaron casi 15 por ciento en 2015, e incluso las medicinas genéricas
aumentaron 3 por ciento.

Cada vez es más
común que las aseguradoras pasen estos costos a los pacientes. Entre 2004 y
2014, el desembolso directo del paciente se disparó 77 por ciento, en tanto que
el deducible de seguros creció ocho veces más rápido que el salario. Y el gasto
del coaseguro –una disposición que obliga al paciente a pagar un gran
porcentaje del costo de cada receta- aumentó más del doble.

Muchos pacientes
no pueden cubrir esos costos. Así que responden omitiendo dosis para que sus
recetas duren más o simplemente, no surten sus recetas y en consecuencia, su enfermedad
se agrava.

Los médicos
podrían prevenir mucho de este incumplimiento –que cuesta al país hasta 300 mil
millones de dólares anuales- si alentaran a sus pacientes a usar primero
alternativas asequibles que no requieren de receta.

La mayoría de
los estadounidenses conoce remedios de venta libre como Tylenol, Allegra e
Imodium. Los consumidores pueden conseguir estos productos en cualquier
farmacia, tienda, y hasta en línea, sin necesidad de una receta médica.

Mucha gente
supone que si un medicamento no requiere de receta, es menos eficaz. Pero no es
verdad. Más de 700 productos de venta libre (OTC, en inglés) antes solo podían
comprarse con receta.

Tomemos el caso
de la gama de tratamientos para el síndrome del intestino irritable (SII), una
combinación de diarrea y estreñimiento que afecta hasta 55 millones de
estadounidenses. De primera instancia, la mayoría de los médicos aconseja a los
pacientes con SII que haga modificaciones en la dieta, como ingerir pequeñas
porciones de comida a lo largo del día o evitar los alimentos grasos.

Pero cuando eso
no funciona, los doctores recurren a la modalidad por defecto de medicarlos, lo
que de paso abruma a los pacientes con altos costos de tratamiento, ya que los
nuevos tratamientos con receta para el síndrome del intestino irritable pueden
costar hasta 19 dólares por pastilla.

Los pacientes podrían
obtener mejores resultados si los médicos recomendaran remedios de venta libre
antes de echar mano de sus talonarios de recetas. Uno de esos remedios para SII
es IBgard. Cada cápsula cuesta 63 centavos y, según los estudios clínicos más
recientes, disminuye los síntomas de SII en 40 por ciento al cabo de cuatro
semanas. Otras pruebas han demostrado que otro remedio sin receta, Miralax –que
cuesta menos de un dólar por dosis- alivia el estreñimiento asociado con SII en
la inmensa mayoría de los pacientes.

Los remedios sin
receta tratan con eficacia otra infinidad de padecimientos. Por ejemplo, según
estudios recientes, Prilosec controla la enfermedad por reflujo ácido tan bien
como los medicamentos recetados. Y los tratamientos OTC antiinflamatorios, como
Aleve, reducen el dolor de las articulaciones tanto como Celebrex, que requiere
de receta.

Estos
tratamientos igualmente eficaces ayudan a proteger las cuentas bancarias de los
pacientes, además de sus cuerpos. Mientras que la receta de marca promedio
cuesta alrededor de 268 dólares y la receta genérica promedio cuesta 33 dólares,
el remedio OTC promedio solo representa un desembolso inferior a 10 dólares.

Tomados en
conjunto, los fármacos sin receta ahorran a los estadounidenses 102 mil
millones de dólares al año. Eso equivale a un tercio del gasto farmacéutico
total de la nación.

Además, los tratamientos
sin receta se acompañan de menos efectos secundarios y conllevan menos riesgos
para la salud. Por ejemplo, diversas investigaciones han descubierto que un comprimido
OTC de 200 miligramos de ibuprofeno –el ingrediente activo de Advil- controla
el dolor de manera tan eficaz como una dosis de 10 miligramos de morfina, la
cual requiere de receta médica. Y por supuesto, la morfina es altamente
adictiva y puede conducir al abuso de sustancias.

Los médicos no
son los únicos que deben fomentar una mayor adopción de remedios sin receta.
También debieran hacerlo las aseguradoras.

Hoy día, muchas
compañías de seguros incentivan a médicos y pacientes a utilizar tratamientos
baratos, manteniendo copagos bajos para los medicamentos genéricos, en tanto que
cobran altas tarifas de coaseguro para los costosos medicamentos de marca. Sin
embargo, estas empresas no cubren muchos remedios OTC, de modo que los
pacientes se ven obligados a pagar de sus bolsillos el costo total de estos
medicamentos.

Una cobertura
ampliada que incluya ese tipo de remedios daría a médicos y pacientes un
incentivo financiero para probar opciones sin receta antes de recurrir a
medicamentos de costo elevado. El Congreso también podría fomentar los
medicamentos sin receta suprimiendo el impuesto de botiquín sobre medicamentos
OTC y permitiendo que los consumidores usen sus cuentas de ahorro para salud y sus
cuentas de gastos flexibles para adquirir remedios que no requieren de recetas
médicas.

Los tratamientos
sin receta promueven la salud de los pacientes sin llegar a la bancarrota. Al
fomentar un mayor uso de estas terapias, los médicos y las aseguradoras podrían
reducir las crecientes cuentas del cuidado de la salud y asegurarían que los
pacientes, realmente, puedan permitirse el lujo de seguir las indicaciones de
sus médicos.

Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek