Al hecho de despotricar, de utilizar justo los términos considerados
inapropiados en el ámbito social de manera involuntaria se le conoce como coprolalia.
No se trata de la típica persona malhablada, simpática, a la que le quedan bien
las majaderías, que tiene gracia para soltar palabrotas. Las diferencias se
notan; en una se presenta de manera involuntaria, la otra lleva marcada la
intencionalidad.
Los expertos señalan que la coprolalia es una ocasional y poco frecuente
característica en los pacientes del síndrome de Tourette, añaden que
llega a ser totalmente incontrolable porque es un trastorno desinhibidor.
Con el síndrome de Tourette, quien lo padece realiza
movimientos o sonidos fuera de lo normal –tics– sin control sobre éstos. De los más comunes
son parpadear con frecuencia inusual, carraspear todo el tiempo sin motivo
aparente, repetir palabras, y en casos muy raros, decir palabras groseras de
repente. Pero sí se dan, y son los que tienen coprolalia.
No se necesita tratamiento a menos que los tics
interfieran con la vida cotidiana. El entusiasmo o la preocupación pueden
empeorar los tics. Las actividades tranquilas y focalizadas suelen mejorar los
síntomas. Las medicinas y la terapia de conversación también pueden ayudar.
Bromas aparte, la
incapacidad de controlar la vocalización –en el caso de la coprolalia– puede conducir
a la degradación de la vida social y laboral. Imaginen al ‘malhablado’ irrumpir
con groserías en una junta de trabajo, en la reunión mensual de padres de
familia del colegio de su hijo, o justo cuando por fin encuentra su media
naranja.