El ataque ocurrido en el club nocturno de Orlando el pasado 12
de junio fue uno de los más mortíferos en toda la historia de Estados Unidos, y
fue el tiroteo masivo número 133 ocurrido en ese país tan sólo en lo que va del
año.
Tras el tiroteo, se ha hablado mucho de la Segunda Enmienda a la
Constitución de Estados Unidos, relacionada con el derecho a poseer armas, y de
cómo introducir nuevas leyes para dificultar que personas malintencionadas o desequilibradas
pongan las manos en un arma. Sin embargo, ¿qué más podemos hacer para tratar de
mantener esto bajo control? Evidentemente, trabajar en formas de reconocer a
las personas que podrían llegar a ser asesinos en masa sería un importante
avance.
Existen desafíos inherentes en tratar de identificar a las
personas con un alto riesgo de cometer un acto extremadamente violento como un
tiroteo masivo. Y uno de los retos más grandes que plantea el hecho de realizar
investigaciones en esta área es que, dado que el índice de estos sucesos es
extremadamente bajo, las técnicas convencionales de investigación, como los
estudios de cohortes, no resultan útiles.
Los académicos estadounidenses James Fox y Monica DeLateur
publicaron un artículo en 2014 en el que exploraron numerosos mitos e ideas
equivocadas alrededor de los asesinos múltiples y de las personas que realizan
tiroteos en masa, junto con algunos de los desafíos que plantea tratar de
evitarestos
actos extremadamente violentos. Uno de los mitos que exploraron es la idea de
que una mayor atención y respuesta a “signos
reveladores de advertencia” permitiría que los asesinos en masa fueran
identificados antes de actuar.
Las señales de advertencia del futuro asesino en masa pueden
asumir la forma de amenazas abiertas o veladas, conocidas en el área como
“filtraciones”, por ejemplo, el video del “Día de la venganza” que Elliot
Rodgers hizo antes de matar a seis personas y lesionar a 14 más cerca del
campus de la Universidad de California en Santa Bárbara en 2014.
Como señalan Fox y DeLateur, estos signos reveladores de
advertencia son “luces ámbar que sólo se vuelven rojas cuando la sangre ha sido
derramada”, ya que únicamente suelen identificarse claramente en retrospectiva
después de la tragedia.
Señales
de advertencia
Se comprende relativamente poco acerca de cuáles son las señales
de advertencia en un futuro asesino en masa, y lo que sabemos actualmente se
limita a las experiencias pasadas. Dicho lo anterior, se han identificado
varias características del “típico asesino en masa”.
Sabemos que en 95 por ciento de los casos, el asesino en masa es de sexo
masculino, suele ser caucásico (cerca dos tercios de ellos son de raza blanca)
y más viejo que los asesinos en general. Las investigaciones demuestran que la
mitad de los asesinos en masa tienen más de 30 años de edad, y que sólo 12.2 por ciento un tienen menos de 20 años, y 38 por ciento tienen entre 20 y 29
años de edad.
Los asesinos en masa también suelen tener características psicológicas
y conductuales comunes como la depresión, el resentimiento, el aislamiento
social, la tendencia a externar la culpa en lugar de interiorizar la, una
fascinación con el entretenimiento explícitamente violento y un interés
importante en las armas.
Por desgracia, es muy difícil detectar estos factores en
personas antes de que se embarquen en una juerga asesina debido a que estas
características psicológicas y conductuales son bastante frecuentes en la
población en general. Por ejemplo, en la Alianza Nacional sobre Enfermedades
Mentales de Estados Unidos se señala que cerca de 20 por ciento de los estadounidenses
padecen trastornos de salud mental en un año determinado; esto equivale a más
de 60 millones de personas.
Como resultado, los perfiles y listas de verificación que se han
desarrollado para intentar pronosticar sucesos poco comunes como los tiroteos
masivos tienen la tendencia a pronosticar en exceso, lo cual da como resultado
un gran número de “falsos positivos”.
También se ha sugerido que los tiroteos en escuelas y los
tiroteos masivos con mucha frecuencia son cometidos por personas con trastornos
en el desarrollo neuronal, como psicopatía criminal autista o síndrome de
Asperger, y una gran cantidad de los signos de advertencia de estas personas
pueden hallarse en sus escritos publicados en Internet y en otros lugares.
Contando con la información anterior, me convertí en
investigador principal de un equipo que recientemente buscó la presencia de
trastornos del espectro autista en una muestra de 75 personas que habían
realizado tiroteos masivos, seleccionados por Mother Jones, una organización
noticiosa apoyada por los lectores y sin fines de lucro para evitar cualquier
sesgo de origen. En este estudio, encontramos seis casos (8% del número total
de personas que habían cometido tiroteos masivos pertenecientes a la muestra)
que tenían un diagnóstico de autismo, o cuya familia y amigos sospechaban que
padecía algún trastorno del espectro autista. Sin embargo, aunque esto equivale
a cerca de ocho veces más que el índice de trastornos del espectro autista en
la población en general, los hallazgos no sugieren que las personas con autismo
tengan mayores probabilidades de convertirse en asesinos en masa.
Varios trabajos publicados a principios de este año también
describen un modelo teórico para ayudarnos a comprender mejor cómo una persona
con un trastorno autista puede cometer actos de violencia intencionados, como
un asesinato en masa. En particular, en dicho artículo se consideraron los
antecedentes que llevaron a ejercer la violencia en el caso deAdam Lanza, el perpetrador del tiroteo en la Escuela Elemental Sandy
Hook, quien padecía síndrome de Asperger y que dedicó algún tiempo a recopilar
una hoja de cálculo de 2 x 1.2 metros en la que detalla cronológicamente
alrededor de 500 sucesos de asesinatos en masa.
Hallar
las respuestas
Sin embargo, podría haber alguna esperanza, como hemos señalado
en nuestros artículos anteriores; de hecho, las técnicas
de investigación que son utilizadas actualmente para enfermedades
extremadamente poco comunes pero peligrosas también pueden usarse para
investigar los tiroteos masivos.
Por ello, aunque en este momento sabemos relativamente poco
acerca de los signos de advertencia tempranos que muestra un posible asesino en
masa, bien podría ser posible detectar a los asesinos en masa con anticipación
si modificamos nuestro enfoque de investigación en dicha área.
Resulta imperativo que aumentemos nuestro conocimiento sobre los
posibles factores de estrés o desencadenantes, así como de rasgos psicológicos
y antecedentes que contribuyen a tal violencia extrema. Esta investigación
ayudaría a identificar a las personas que tienen mayores riesgos de cometer asesinatos
en masa o están en vías de realizar actos de violencia intencionada con el
objetivo de poner en marcha estrategias preventivas y, si es necesario, otras
estrategias adecuadas para reducir la ocurrencia de estos actos de violencia
extrema.
Una recomendación es que cada vez que ocurra un tiroteo masivo,
se recopile toda la información posible sobre los antecedentes de la persona
(por ejemplo, su salud mental) y de su conducta antes del suceso (la cual podría
abarcar varios años) con el objetivo de construir una base de datos que pudiera
ser utilizada por los investigadores para identificar la existencia de patrones.
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Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek