La infección del lanzador

El mejor lanzador del equipo tiene todo lo que dice la canción de Frank Sinatra: es el No. 1, el rey de la colina, el que está arriba del montón. Si contamos al zurdo Clayton Kershaw, de Los Dodgers de Los Ángeles, quien ganará 34.6 millones de dólares esta temporada, cinco de los seis jugadores mejor pagados en el Béisbol de Ligas Mayores son lanzadores abridores (los que inician el partido). El valor neto de cada uno en esta temporada es de 25 millones de dólares.

Es un buen trabajo si puedes conseguirlo. Y como cada equipo de Grandes Ligas usa una rotación de cinco hombres, un lanzador abridor trabaja —al menos, en un partido real— apenas una vez cada cinco días. Tu viernes en la oficina es su semana completa. El lanzador abridor tiene cuatro días de descanso: tres más de los que Dios se tomó después de crear el cielo y la tierra.

Tal vez esa carga de trabajo te parecerá mucho más deleitable al enterarte de que los lanzadores abridores lanzan cada vez menos entradas cada temporada, ya que los equipos tratan de proteger sus valiosas extremidades. Kershaw, principal as del béisbol y futuro miembro del Salón de la Fama, encabezó a todos los lanzadores en las Grandes Ligas el año pasado, con 232 lanzamientos y dos tercios de las entradas. Fue un trabajo prolífico comparado con sus contemporáneos, pero también el total más bajo para el líder de entradas desde que empezaron a llevarse los registros, en 1876. Antes de 1980, cuando Steve Carlton, de los Filis de Filadelfia, se convirtió en el último abridor que lanzó una temporada de 300 entradas, sólo ha habido 10 temporadas en todo el béisbol en que el líder entradas ha lanzado menos de 277 entradas.

Más dinero por menos trabajo. ¿Cuándo llegará el momento en que algún gerente general emprendedor —abrigando esperanzas clandestinas de que un Brad Pitt lo interprete en una película nominada al Oscar— se pregunte si hay una mejor manera de hacer las cosas? Si tu club va a jugar alrededor de 1458 entradas al año (162 multiplicado por 9, sin considerar los partidos interrumpidos por lluvia ni las entradas extra), ¿de veras quieres pagar tanto dinero por un jugador que subirá al montículo, a lo sumo, 16 por ciento del tiempo, usando a Kershaw como ejemplo? Tiene que haber una solución más inteligente.

Este es mi argumento: “En cinco a 10 años, los lanzadores harán un máximo de 45 lanzamientos por temporada”, predice el ex relevista de Grandes Ligas y entrenador de lanzadores, Tom House, “y lanzarán dos a tres veces por semana. Todos ellos. Tiene perfecto sentido estratégico, económico, y en términos de acondicionamiento y preservación”.

Según The Book: Playing the Percentages in Baseball, un libro de 2007 que se ha convertido en la Biblia seglar de la sabermetría, la ciencia moderna del análisis estadístico de béisbol: “A medida que el juego se desarrolla, el bateador tiene una ventaja progresivamente mayor sobre el lanzador abridor”. A saber, el análisis de más de 450 000 apariciones en el plato, halló que la primera vez que los bateadores enfrentaban al lanzador en un partido tenían un promedio ponderado en la base (wOBA) de .345. La segunda y tercera vez que enfrentaban al mismo lanzador en el mismo encuentro, sus wOBA aumentaban a .354 y .362. Es decir, en el béisbol, la familiaridad genera una calibración óptima para los bateadores.

Si los puristas celebran, universalmente, a un tipo que lanza fuego porque cambia su velocidad de manera eficaz, ¿por qué no celebrar a un mánager que usa a sus lanzadores como estrategia de cambio? Imagina, por favor, que eres un mánager con un grupo diverso de lanzadores. Tienes tiene un par de tipos cuyos lanzamiento casi alcanzan la temperatura corporal en el radar (37ºC). Uno o dos que dan buen movimiento a sus lanzamientos curvos. A un hombre que es como Greg Maddux y sabe darle al blanco. Uno que lanza de nudillos. Y siempre, a lo largo de tu alineación, el equipo contrario enfrenta un brazo diferente. Ningún bateador verá a tu lanzador más de una vez en cada partido. “Cuando Joe DiMaggio tuvo su racha de bateo de 56 juegos, en 1941, ¿sabes cuántos lanzadores distintos vio en esos partidos?”, pregunta el principal analista de béisbol de ESPN, Tim Kurkjian. “Cincuenta y cinco. En 2009, Ryan Zimmerman tuvo una racha de 30 partidos, y enfrentó a 90 lanzadores. Hay una conexión”.

El club típico de Grandes Ligas mantiene 12 o 13 lanzadores en su nómina activa. Cinco son abridores designados, y uno es cerrador designado. Así que, por lo menos, la mitad de los lanzadores cumplen funciones de montaje o limpieza. En circunstancias ideales, en términos de la lógica tradicional del béisbol, el mánager quiere un “inicio de calidad” (seis entradas, permitiendo menos de tres carreras) por parte de su abridor, y luego usa un puente de relevos para llegar al cierre en la novena. Pero, ¿por qué?

“Porque el béisbol es un juego de fracaso supervisado por personas negativas”, afirma House, de 69 años, “quienes prefieren hacer las cosas como siempre se han hecho”.

El juego lleva esa dirección, aunque no sea consciente de lo que pasa. Esta primavera, los Yankees de Nueva York han hecho mucho ruido con su alineación “Ninguna carrera DMC”, en la cual los relevistas Dellin Betances, Andrew Miller y Aroldis Chapman lanzaron la séptima, octava y novena entradas, respectivamente. Hasta ahora, tanto Chapman como Miller habían alcanzado un promedio de carreras ganadas (ERA) inferior a 2.0, mientras que los tres lanzadores tienen un WHIP (bases por bolas más hits cedidos por entradas lanzadas) de 1.00 o menos. Ambas cifras son de nivel elite.

“El béisbol está ligado a su pasado”, acusa Kurkjian. “No debato que vaya a ocurrir lo que expone Tom House. No va sucederá en 2017, pero sucederá algún día”.

TAL VEZ NO HAYA un lugar más apacible e idílico en toda la Ciudad de Nueva York que el Cementerio Green-Wood. Ubicada justo en el corazón de Brooklyn, la exuberante media hectárea de Green-Wood alberga a algunos de los innovadores más importantes del siglo XIX. Allí reside Samuel F.B. Morse, inventor del telégrafo, y también Horace Greeley, fundador del New York Tribune, que en su apogeo fue el periódico de mayor circulación en el país.

En el límite norte de Green-Wood, en una parcela delimitada por un cuadrado de tierra que pretende simular el trayecto entre bases, y con una base de granito en cada esquina, yace Henry Chadwick. Conocido como el “padre del béisbol”, Chadwick puede haber sido el hombre más influyente en la historia del pasatiempo nacional y jamás vistió el uniforme de un equipo. Fue Chadwick quien inventó el cuadro de puntuación, el uso de la letra K para indicar eliminación por strikes, y el concepto de promedio de bateo. También se le ha acreditado la acuñación de gran cantidad de términos esenciales en el béisbol: hit, doble play, base por bola, error, batear un sencillo y fungo.

INJUSTICIA EN EL MÁS ALLÁ: Chadwick ideó muchos elementos esenciales del juego, incluida una de sus estadísticas más inútiles: el récord de victorias-derrotas del lanzador. FOTO: ALBERTOCHAGAS/ISTOCK

En 1884, Chadwick inventó una estadística que influiría profundamente en el pasatiempo nacional: el registro de victorias-derrotas de un lanzador. En el avanzado mundo analítico del béisbol del siglo XXI, no encontrarás a muchos eruditos del béisbol que consideren que el récord de victorias-derrotas del lanzador sea más indicativo de su valía que, por ejemplo, su ERA o WHIP. Y, sin embargo, 300 victorias siguen siendo el hito para la grandeza de una carrera. El mejor lanzador de cualquier liga recibe el Premio Cy Young, el cual conmemora al líder de victorias todos los tiempos en el ámbito del béisbol.

La mayoría de los aficionados ni siquiera saben quién es el lanzador con el récord de carrera ERA más bajo. Su nombre es Ed Walsh, un lanzador altísimo de los Medias Blancas de Chicago, quien fue contemporáneo de Cy Young y se retiró con un ERA de 1.82. En 1908 —sin duda, su mejor temporada—, Walsh terminó 40-15 con ERA de 1.40, lanzando un total asombroso de 464 entradas para los Medias Blancas. Unos años más tarde, Walsh rogó a los Medias Blancas que le dieran un año para descansar su brazo, pero se lo negaron. Se retiró con el brazo muerto, a solo cinco victorias de terminar una carrera de 200 victorias. Si bien Walsh ingresó en el Salón de la Fama y es el líder de todos los tiempos en lo que, sin duda, es la estadística de lanzamiento más informativa, su nombre se ha perdido en la bruma de la tradición beisbolera.

Walsh, el único pitcher de Liga Americana de la era moderna que lanzó y ganó, dos veces, como abridor y cerrador en una doble cartelera, sería conocido más ampliamente de haber podido cambiar algunas de esas entradas por triunfos. Y los lanzadores de hoy estarían mucho mejor si sacrificaran su búsqueda de victorias personales por victorias para el equipo.

“En 1986, Chuck Tanner trató de establecer una rotación sin abridores cuando era mánager de los Bravos de Atlanta”, informa Rory Costello, miembro de la Sociedad Estadounidense para la Investigación del Béisbol. “Pero fracasó, porque sus abridores se quejaron de que afectaba negativamente sus récords de victorias-derrotas”. A veces, como descubrió Tanner, los lanzadores se oponen incluso antes de subir al montículo. Además, los aficionados y lanzadores rápidos siempre han entendido con más facilidad la estadística de victorias-derrotas de Chadwick que la puntuación ERA. Y como un abridor debe lanzar cinco entradas para reclamar la victoria, esto ha afectado inadvertidamente la estrategia de gestión, aunque la mayoría de los mánager se nieguen a reconocerlo.

Como aceptaría, a regañadientes, cualquiera que haya vitoreado a Paul Bunyan en una competencia contra una motosierra, las innovaciones rara vez se adoptan simplemente porque son mejores ideas. Se adoptan porque son rentables. “¿Qué pasa cuando un propietario pregunta a su gerente general cómo es posible que su lanzador de 100 millones de dólares se pase la temporada en la lista de lesionados?”, cuestiona House (los Yankees gastaron 40 millones de dólares en Carl Pavano entre 2005 y 2008, y sólo consiguieron que abriera 26 veces en cuatro temporadas, al extremo de que los aficionados lo apodaron “American Idle”; juego de palabras que ser refiere al programa “American Idol”, que en el caso de Pavano se traduce como “Ocioso Estadounidense”). “Entre tanto, tienes algunos de los mejores lanzadores jóvenes y talentosos del béisbol [por ejemplo, Matt Harvey, de los Mets de Nueva York, Stephen Strasburg de los Nacionales de Washington] que van a parar a la lista de lesionados toda la temporada”.

Aquí cabe señalar que la mente más innovadora que ocupa actualmente una cueva de las Grandes Ligas es Joe Maddon, mánager de los Cachorros de Chicago. Maddon fue el primero que adoptó el cambio defensivo como estrategia cotidiana en el juego, y es Maddon quien administra al club con el mejor récord en el béisbol. Y si Maddon es capaz de guiar a los Cachorros hacia su primer título de Serie Mundial desde 1908 (el año en que Ed Walsh, de los Medias Blancas de South Side, lanzó 464 entradas), eso sería otro triunfo para la innovación.

“Para lograr esto, necesitas un mánager como Maddon y un gerente general como Theo Epstein [de los Cachorros]”, dice House, quien tiene un doctorado en psicología del deporte. “Lo que me han rebatido es que tendrías dificultades para conseguir que los ases lanzadores se adapten a este concepto. Pero no sería así si el equipo gana con esta fórmula. Se llama homeostasis. Igual que el cambio de Maddon. Conforme el equipo prospera haciendo algo innovador, la innovación se convierte en el medio de mantener el equilibrio”.

Para los tradicionalistas, tal vez parezca una bola curva, mas el fin de los abridores tiene sentido económico y estratégico, y podría crear un montículo de problemas para los bateadores.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek