De
pie en un vacío lote de grava detrás de algunas bodegas cerca de la periferia
de Pueblo, Colorado, Devin Butts dio una honda chupada al carrujo que acababa
de liar, con el sol del mediodía sobre él. El joven de 25 años se había apeado
de un autobús en esta ciudad sureña de Colorado dos días antes, ansioso de
escapar del mundo de las drogas duras, penurias y estar sin hogar que había
conocido en el centro norte de Texas. Él decidió que participar del cannabis
legalizado de Colorado sería una manera segura de desengancharse de los varios
hábitos peligrosos que había adquirido, además de que huía de un cargo por
posesión de marihuana que se abría paso por las cortes tejanas, un caso que
podría significarle más tiempo tras las rejas.
Mientras
dormía en la misión de rescate de Pueblo, Butts trabajaba para echar raíces en
su nuevo hogar. Había pasado la mañana en la plaza comercial local, buscando
empleo. Ahora, para recompensarse a sí mismo, se encaminaba al Spot, el
dispensario de yerba recreativa más grande de Pueblo. De camino a la tienda,
ubicada en una parte industrial de la ciudad, se detuvo en este lote, rodeado
de pilas de llantas usadas y vehículos abandonados, para probar de un
recipiente de pastillas de cannabis, lleno con algunas pepitas pequeñas de
Chemdawg que había comprado por $2 dólares a un tipo en el comedor de
indigentes del centro de la ciudad. Butts no tenía dinero suficiente para
comprar algo en el Spot, así que quería ponerse lo bastante en onda de antemano
como para no verse frustrantemente tentado por la selección.
“Voy
a darme el mayor pasón desde que estoy aquí”, dijo él entre tosidos por el
humo, mirando más allá de los prados ondulados que se extendían hacia los
difusos pies de las Rocallosas lejos en el oeste. “Este lugar es estupendo. No
hay nada como esto en Texas”.
Butts
es uno entre los cientos de individuos y familias desposeídos que los refugios
reportan que llegan a Colorado cada mes a causa de la marihuana legalizada.
Pero si la experiencia de él es parecida a las de muchos de estos recién
llegados, aun cuando Butts pueda hallar vistas impresionantes en su nuevo
hogar, posiblemente no halle las condiciones propicias para empezar una vida
nueva. En Colorado, los programas para desamparados están severamente
desbordados, los costos de la vivienda se están disparando y aun cuando la
marihuana pueda ser legal, su consumo en público no lo es, lo cual significa
que aquellos como Butts quienes no tienen residencias privadas todavía pueden
enfrentar consecuencias duras por usarla. No ayuda que los empleos de marihuana
son difíciles, si no imposibles, de conseguir por quienes batallan con el vivir
sin hogar. Entonces, aun cuando personas como Butts pueden gastar dinero en la
nueva industria de la marihuana en Colorado, no se pueden beneficiar fácilmente
de ella.
Hay
acciones en marcha para abordar el problema. Funcionarios de Colorado
prometieron recientemente estudiar la marihuana y la indigencia, y el mes
pasado, la ciudad de Aurora, al este de Denver, destinó $4.5 millones de
dólares de sus ingresos por el cannabis a programas de indigentes durante los
próximos tres años. Pero algunos gerentes de refugios, activistas de marihuana
y dueños de negocios de cannabis dicen que no es suficiente, que una mayor
proporción de las ganancias cuantiosas y los ingresos tributarios que se
generan por el nuevo mercado de la marihuana deberían destinarse a entender y
abordar las necesidades de la gente que ha llegado al estado con un interés en
la marihuana y no mucho más.
Butts
está entre aquellos quienes piensan que los ingresos del régimen estatal en
auge de la marihuana deberían destinarse a ayudar a aquellos como él quienes
han sido atraídos a la región a causa del cannabis. “¿Por qué no, hombre?”,
dijo él. “Ayudará a que este lugar crezca. Siempre y cuando la gente no venga
aquí nada más a fumar. Soy físicamente capaz, y voy a trabajar”.

Una planta de marihuana completamente germinada y lista para podarla en la tienda de marihuana Botanacare en Northglenn, Colorado.
Foto: REUTERS
Apuros de los “marihuaneros”
Para
conseguir un empleo en la industria de la marihuana en Colorado, se necesita
una licencia laboral en marihuana del estado, la cual requiere de una solicitud
notariada, una cuota de $150 dólares y una prueba de residencia en el estado.
Aquellos interesados también deben aprobar una revisión de antecedentes
penales.
Aun
cuando los trabajadores de refugios reportan que muchos de sus clientes dicen
que vinieron a Colorado para conseguir empleos en el mercado del cannabis en
auge, tales esperanzas a menudo son obstaculizadas por las estrictas
restricciones del historial penal ordenadas por la ley estatal sobre la
marihuana. Estudios han demostrado que la indigencia y el encarcelamiento son
factores de riesgo mutuos, con 25 a 50 por ciento de la población indigente
habiendo pasado tiempo tras las rejas.
Ello,
además del costo de una licencia, podría ser el porqué Susan Chicovsky, dueña
de Green Mountain Harvest, una compañía de cosecha y poda de marihuana en
Denver, dice que ella rara vez, si acaso, ha tenido a gente actual o
recientemente sin hogar contactándola en busca de empleo, aun cuando la poda es
un trabajo común para quienes quieren entrar en la industria. “Definitivamente
es un empleo de nivel básico”, dijo Chicovsky. “Me pregunto de qué otra manera
podemos ayudar a esta gente”.
Pero
incluso los recién llegados quienes no tienen historiales penales a menudo
descubren que no es fácil encontrar trabajo en la industria del cannabis. Ellos
incluyen a Aaron Springheart, de 24 años, quien se mudó de Florida a Colorado
con su hermano a principios de 2016 para encontrar trabajo en la industria de
la marihuana. “Era para empezar de nuevo en algún lugar”, dijo Springheart. Sin
embargo, hasta ahora eso no ha sucedido, por lo que ha dormido en la misión de
rescate en Pueblo y toma empleos por contrato cuando puede. “Me recuerda a la
Fiebre del Oro”, dijo él. “Todos fueron, pero no hubo oro suficiente para
todos”.
Aun
más, los empleos de marihuana que están disponibles podrían no ser suficientes
para sacar a la gente de la pobreza. Según Cathy Alderman, vicepresidenta de
comunicaciones y política pública de la Coalición de Colorado por los
Indigentes, los trabajadores necesitan ganar por lo menos $19 dólares la hora
para costearse una vivienda en el área de Denver. Pero los podadores de
marihuana usualmente empiezan en alrededor de $10 dólares la hora, y los despachadores
que trabajan en los dispensarios a menudo no ganan mucho más que eso.
Marty
Otañez, profesor de antropología en la Universidad de Colorado, campus Denver,
quien ha estudiado la industria estatal de la marihuana, dijo que ha conocido a
muchos trabajadores del cannabis que están en camino de volverse indigentes.
Esto lo ha convencido de que es hora de que las personas a cargo de la
industria aborden el problema. “El flujo de ‘marihuaneros’ y otros trabajadores
del cannabis hacia Colorado y la presión añadida a los refugios de indigentes y
los servicios sociales para trabajadores del cannabis desempleados o mal
pagados son un síntoma del problema más amplio del capitalismo del cannabis
errando el camino”, dijo Otañez. “Los esfuerzos mínimos para fundar esquemas
corporativos de responsabilidad social demuestran la falta de seriedad de parte
de la gente en el negocio del cannabis para abordar de una manera genuina los
males sociales asociados con el oro verde”.
Una industria para toda la gente
Con
casi mil millones de dólares en ganancias y más de $135 millones de dólares en
impuestos y cuotas estatales generados por las ventas de marihuana en Colorado
el año pasado, algunos gerentes de refugios quisieran ver que una porción de
los ingresos se dedique a los servicios para indigentes. “Si algunos de esos
dólares pudieran destinarse a atender a estas personas, en realidad podría
ayudar a la gente”, dijo Tom Luehrs, director ejecutivo del refugio St. Francis
Center en Denver. “No decimos que queramos hacernos ricos, sólo queremos ayudar
a estas personas porque Colorado está haciendo algo bien, y está trayendo a la
gente aquí”.
Hasta
ahora, nada de los ingresos tributarios por marihuana en Colorado se ha
destinado a programas para indigentes. Eso cambiará pronto. En Aurora, el
consejo municipal votó recientemente para destinar $1.5 millones de dólares de
los ingresos tributarios por marihuana a servicios para indigentes anualmente
por los próximos tres años. Según Nancy Sheffield, gerente de proyectos del
departamento de servicios a los vecindarios de Aurora, la decisión no se basó
en preocupaciones de que la marihuana estuviera aumentando la cantidad local de
indigentes; es simplemente una cuestión de asignar recursos a problemas de alta
prioridad.
Sea
cual sea la razón, los defensores de la gente sin hogar celebraron la medida.
“Es una medida brillante por parte de Aurora”, dijo James Gillespie,
intermediario de impacto comunitario y relaciones de gobierno para el Centro de
Crisis Comitis de la ciudad, un refugio. “No todos los días una municipalidad
recibe un nuevo flujo de financiamiento. Reinvertir eso para satisfacer las
necesidades de las familias en apuros es un buen imperativo moral”.
Pronto
podría haber más ingresos por marihuana que se destinen a ayudar a los pobres.
En respuesta a los reportes anecdóticos de la marihuana aumentando la población
de indigentes, el Departamento de Seguridad Pública de Colorado lanzará un
estudio de $75,000 dólares sobre personas sin hogar en cinco cárceles de
condados para determinar cuántas de ellas vinieron a Colorado a causa de la
marihuana. Los resultados podrían influenciar la adjudicación de ingresos
generados por un impuesto estatal de ventas del 10 por ciento a la marihuana
recreativa, ya que por ley los fondos deben destinarse a los costos de regular
y lidiar con los impactos del cannabis legalizado. “Si el estudio señala a un
impacto y podemos avanzar hacia una causalidad en lugar de una correlación,
debería haber razones amplias para enfocarnos en la indigencia”, dijo Andrew
Freedman, director de coordinación de marihuana en Colorado.
Algunos
empresarios de marihuana también abordan el asunto. Inspirado en parte por una
nueva norma en Denver de que los negocios de marihuana deben entregar un plan
de “buen vecino” para recibir o renovar sus licencias de operación, el
dispensario Denver Relief está desarrollando lo que espera que se convierta en
un “plan de integración comunitaria” a nivel de ciudad que involucra a los
negocios de marihuana apoyando los servicios existentes para indigentes, entre
otras acciones de bienestar social. “La gente no está sin hogar por una sola
razón”, dijo Kayvan Khalatbari, cofundador de Denver Relief. “Abarca problemas
de salud mental, problemas laborales y problemas de vivienda asequible. El
cannabis no creó estos problemas. Pero ¿qué podemos hacer para ayudar? Fuera de
construir enormes planes de viviendas, los cuales en realidad no nos son
posibles, es dar apoyo a organizaciones que ya hacen lo que pueden”.
Pero
algunos dicen que tales acciones no son suficientes, que la industria de la
marihuana necesita hacer más para ayudar a los más necesitados si pretende
mantenerse fiel a sus raíces activistas.
Por
ejemplo, Jose Santiago se mudó a Colorado en 2013 para trabajar en la industria
de la marihuana medicinal. El portorriqueño y ex miembro de la Guardia Nacional
pasó varias semanas viviendo en su Chevy Cavalier en el estacionamiento de un
Wal-Mart antes de conseguir un empleo como recamarero de hotel, ahorró para su
licencia laboral en marihuana y al final obtuvo un trabajo como podador. Desde
entonces, él trabajó en varias instalaciones de cultivo y procesamiento de
marihuana hasta el mes pasado, cuando a su decir su empleador lo despidió por,
entre otras cosas, sugerir que la compañía ayude a los indigentes. Ahora él
distribuye volantes de trabajo alrededor de los refugios de Denver, tanto para
subsistir como para ayudar a otros que lidian con las mismas penurias que él
sufrió. Él se pregunta por qué otros no hacen lo mismo, como abrir un
dispensario que contrate a los desamparados.
“Si
consumes cannabis, eres un paria”, dijo Santiago. “Me he encontrado con
tantísima gente aquí que ha huido de la opresión y persecución. La industria de
la marihuana debería dar dinero a lugares que pueden ayudar y debería proveer
un puerto seguro. Queremos que la industria del cannabis sea para toda la
gente, no sólo para ciertas personas”.
Este artículo apareció originalmente en el International Business Times.
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Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek