Que no duela tanto, por favor

El dolor está ahí,
ineludible cuando toca; es parte importante del sistema de defensa del
organismo,nos obliga a retirarnos del peligro y nos impulsa a protegernos de
ser lastimados. Estudios recientes en neurobiología revelan que las creencias y
emociones intervienen en la percepción del dolor, lo que la psicología ya aprovecha
para ayudar a los que sufren de dolor crónico (que dura más de tres meses aún bajo
tratamiento médico).

El dolor físico, en voz de los expertos, es una
experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada con una lesión de los
tejidos, real o potencial. Cuando el dolor no mengua por lapsos prolongados,
afecta el funcionamiento emocional, cognoscitivo, social y laboral de las
personas, además del funcionamiento físico, señala el doctor en psicología
experimental Benjamín Domínguez Trejo, investigador de la Facultad de
Psicología de la UNAM. Dice que, en general, 70% de las enfermedades crónicas se
acompañan de dolor; estima que 27% de los mexicanos sufren dolor constante.

Los factores psicológicos que intervienen en la
percepción del dolor pueden ser cognitivos y emocionales. Entre los primeros
figuran las creencias, llevadas al cerebro con o sin información, y que son de
ayuda –o no– para cancelar la posibilidad de alivio, como creer que un
medicamento mágico llegue y acabe con el malestar, o que ‘el tiempo todo lo
cura’.

Los fármacos alivian como máximo 40% del dolor crónico,
el resto depende de factores contextuales; si un individuo está solo, va a
sufrir más que si está acompañado, y si está acompañado por personas que lo
quieren, sufrirá todavía menos.

Con el dolor crónico, se registra un cambio importante
en el organismo al incrementarse procesos inflamatorios; moléculas que se
producen en cierta proporción por el nivel de agresión al que está sometido el
cuerpo, cifra que puede triplicarse si la persona sufre estrés; es decir,
pacientes que carecen de apoyo afectivo o los que acostumbran posponer las
soluciones.

Este aspecto se relaciona con las emociones que, a
diferencia de los factores cognitivos, resultan difíciles de cambiar. Son tan
importantes que, sumados al 40% de alivio que produce el tratamiento
farmacológico, pueden elevar el efecto hasta 70 u 80%, señala el doctor
Domínguez.

Hoy en día se tratan de eliminar las emociones
negativas –tristeza, rabia, celos, o dolor–, Domínguez enfatiza que desde el
punto de vista evolutivo estas emociones representan una función útil (si no,
hace mucho que la evolución las habría eliminado); se sigue sintiendo dolor,
tristeza, ira, porque cumplen importantes funciones adaptativas, algunas sólo
se notan cuando se viven situaciones complicadas, como una enfermedad. Por eso,
el dolor crónico no puede eliminarse, sí controlarse.