Al buscar la palabra feromona en internet aparecen 490 mil entradas para dar información al respecto. Estudios científicos señalan que sí hay feromonas en los humanos, pero la realidad es que siguen siendo sujetos a debate por su metodología y por sus conclusiones.
El término se acuña en 1959 y la definición más popular señala que las feromonas son sustancias químicas decretadas por seres vivos, con el fin de provocar determinados comportamientos en individuos de la misma especie.
Diversos animales y plantas emplean aromas o mensajes químicos como medio de comunicación; códigos para atraerse o rechazarse, sexualmente o para otros fines. Algunos machos de mariposa Saturna pyri son capaces de detectar el olor de la hembra a 20km de distancia, algo similar les sucede a los gatos, los perros.
En los humanos se han querido encontrar indicios, con bases científicas, que conduzcan al verdadero descubrimiento de las feromonas y la tarea que desempeñan. Las relacionan con la ‘química’ que se establece entre individuos, sin entender bien a bien las razones de semejante atracción.
Se menciona también que las personas buscan compañeros cuyos sistemas inmunológicos sean complementarios para así garantizar crías más fuertes, y se supone que la búsqueda se logra gracias a las señales químicas que se recogen por la vida.
Hay miles de productos que contienen feromonas que prometen resultados inmediatos para atraer al sexo opuesto. Buenos propósitos y mejores intenciones. Sólo eso.
De los cuantiosos estudios se puede llegar a la conclusión de que no tenemos feromonas, o que todavía no se han identificado las moléculas que darían la certeza. Lo que se esgrime con total seguridad es que los seres humanos huelen.