A pesar de que es un concepto esencialmente controvertido, el terrorismo suele definirse como ataques violentos contra civiles con fines políticos, y con el objetivo explícito de obtener publicidad y cobertura. Así mismo, podemos definir un proceso de tres etapas por el cual los individuos se unen a organizaciones terroristas y cometen actos de violencia. En la primera etapa, los individuos se unen a una organización debido al aislamiento social y a la búsqueda explícita de solidaridad grupal. Una vez dentro del grupo, pasan por un proceso de adoctrinamiento y creación de normas que sirven a los objetivos de la organización, como pueden ser formar parte de una causa superior o el martirio. En la etapa final, estos individuos cometen actos de violencia tras una división de la moralidad que distingue entre los miembros del propio grupo y los individuos ajenos al grupo (es aquí cuando se legitima la violencia contra individuos ajenos al grupo)
Las explicaciones políticas y económicas del terrorismo enfocadas en la pobreza y el subdesarrollo son en extremo populares en la literatura académica: la pobreza excesiva en ausencia de seguridad social puede incentivar a los individuos a unirse a organizaciones terroristas. En cambio, una vida digna con beneficios de bienestar social pueden crear vínculos solidarios con la sociedad y desalentar el terrorismo. No obstante, aunque estas dos macro estructuras pueden predecir la probabilidad de aparición de grupos terroristas, no representan plenamente los procesos en el nivel individual.
La necesidad de contacto social
De hecho, estudios previos han determinado que las organizaciones terroristas proporcionan grupos estrechos, leales e íntimos a las personas con necesidad de conexión social. Martha Crenshaw argumentó que los terroristas suelen estar aislados, y tienen una necesidad desesperada de contacto social. Los terroristas pueden formar pequeñas células dentro de la organización para hacerse confidencias y confiar unos en otros. Max Abrahms halló evidencias de que la razón principal para unirse a organizaciones terroristas es buscar relaciones sociales y solidaridad. Sugirió que los individuos que conocen a alguien que ya forma parte de la organización, son más propensos a unirse; y además, que los nuevos reclutas demostraban niveles muy altos de aislamiento social antes del reclutamiento.
Tendencias psicopáticas
Pero, ¿por qué los terroristas están excepcionalmente aislados de la sociedad? ¿Por qué no tienen las relaciones sociales reproductivas que los vinculen con sus grupos sociales? Jeff Victoroff señaló dos explicaciones psicológicas posibles para unirse a organizaciones terroristas. La primera deriva de las tendencias psicopáticas: en una infancia o adolescencia problemática puede ocurrir una lesión narcisista (una amenaza percibida a la autopercepción de grandiosidad del narcisista), y la ausencia o debilidad de la figura parental, o su rechazo del niño, puede causar un daño narcisista. Esa lesión lleva al terrorista potencial a buscar, deliberadamente, fantasías o propósitos grandiosos en su vida, los cuales podría expresar alistándose en una organización terrorista. Como alternativa, los traumas de la infancia temprana podrían derivar en una paranoia excesiva o pensamientos absolutistas, los cuales llevarían al terrorista a actuar o a reaccionar según sus procesos psicoanalíticos internos.
En segundo lugar, Victoroff explicó que las personas pueden desarrollar reacciones diversas, y a veces problemáticas, hacia el mundo exterior. Esas reacciones son más probables en casos de rigidez cognitiva-necesidad de certeza y claridad; o bien en intolerancia a la ambigüedad-búsqueda de novedad; y finalmente en percepciones de humillación y deseo de venganza. En el segundo grupo de teorías, los individuos tienen dificultades para adaptar su conducta a condiciones externas, como incertidumbre y mundanidad de la vida. Y luego, en la teoría de humillación-venganza, reaccionan contra una fuerza externa que perciben como injusta.
Percepción perversa de “justedad”
Sin embargo, la percepción de injusticia y la división de la moralidad son, de hecho, dos factores fundamentales que podrían movilizar a grupos de personas desconectadas mucho más numerosos, unificándolos en torno de una causa grandiosa. John Horgan ha señalado que la identificación con las víctimas y la división de la moralidad respecto de los miembros del propio grupo y los individuos ajenos al grupo, llevan a la persona a unirse a organizaciones terroristas. En el división de la moralidad, lo que es justificado y justo para el propio grupo no es aplicable a los ajenos. Y por ello, en la mente del terrorista, la agresión contra el grupo externo está “justificada” y es “justa”. Además, según la teoría de humillación y venganza, los terroristas muchas veces se convencen de que “reaccionan” contra una situación injusta en vez de verse como los agresores. La percepción de un tratamiento injusto es uno de los detonadores más importantes de la actividad terrorista. Hace que el terrorista sea parte de una causa superior y moral, percibida como un medio para corregir una situación injusta.
Diversos estudios sugieren que, una vez que la persona se une a la organización terrorista, su socialización queda garantizada mediante el adoctrinamiento constante. Al hablar de la decisión de yihadistas occidentales que han ido a bases extranjeras como Palestina, Siria, Cachemira o Chechenia, Thomas Hegghammer hizo hincapié en la difusión de las normas y el adoctrinamiento. Su estudio analizó el adoctrinamiento dentro del grupo, y de la prevalencia del clero en el control y la dirección de la conducta de los miembros del grupo. En ese punto, el individuo queda subordinado a las metas y los objetivos de los líderes.
La promesa del martirio
Los líderes suelen sentirse motivados cuando intimidan y desmoralizan a los gobiernos, y con [la fantasía/idea de] obligarlos, finalmente, a ceder a sus demandas políticas. Sin embargo, el terrorista individual no comparte esas metas, necesariamente. Su apego a la organización está asegurado mediante la creación de valores y normas. Por ejemplo, Assaf Moghadam argumentó que los grupos yihadistas islámicos crean un culto de martirio y glorifican la muerte. Semejante glorificación sirve a dos propósitos interrelacionados. En primer lugar, convence a la persona de que su muerte beneficia a una causa superior, y que al morir contribuirá a una continuidad que inició antes que él o ella. Y en segundo lugar, el martirio promete más beneficios en la vida posterior que en el contexto actual.
Conocer a alguien dentro de la organización o tal vez la propaganda de la organización, facilita el reclutamiento de estos individuos. Una vez dentro de la organización, el terrorista descubre una forma de apego a un grupo más extenso, donde él/ella divide sus juicios morales a favor del grupo de apego. Cuando la agresión al grupo externo se justifica mediante esta división, se vuelven posibles los actos de violencia más horripilantes. Tal vez si trasladamos el debate al individuo y a las formas por las cuales podemos asegurar la solidaridad y la conexión en la sociedad, habría mejores condiciones para prevenir el terrorismo.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek