El futbol se juega con los pies pero trastorna la cabeza

Se supone que el futbol se juega,
principalmente, con los pies. Es un deporte de estrategia, pericia, técnica y
probada condición física. A diferencia del futbol americano, rudo y de mucho golpe
entre jugadores, el soccer es elegante, y hasta grácil en el manejo del balón.

En el futbol también se controla el
balón con la cabeza, lo que somete al cerebro a fuerzas y torsiones que no
tolera si se repiten con frecuencia, lo que sucede constantemente en cada
cascarita callejera o partido profesional.

El riesgo es que los cabezazos le den una sacudida al cráneo suficiente como para producir conmoción –término
que significa ‘sacudida violenta’– y traumatismo craneoencefálico, con
consecuencias que van desde pérdida del conocimiento y confusión mental hasta
lesiones a largo plazo.

El más
leve golpe en la testa, el que sólo deja al jugador fuera de combate unos
instantes, infringe daños cognitivos progresivos si ocurre con frecuencia. Este trastorno degenerativo, conocido como
encefalopatía traumática crónica (ETC), es parecido al Alzheimer, con
síntomas como depresión, pérdida de memoria e inestabilidad emocional, incurable
y que sólo se manifiesta al cabo de años, lo que dificulta el diagnóstico.

En el Mundial de Brasil, en 2014, hubo tres casos de pérdida del
conocimiento por golpes en la cabeza, y los tres jugadores insistieron en
volver al juego en total negativa a las recomendaciones médicas. Uno de ellos,
Christoph Kramer, de Alemania, sufrió la desorientación mental típica de la
conmoción cerebral y tuvo que abandonar la cancha con ayuda.

El futbol es un
deporte peligroso, sin protecciones. Va un ejemplo que ilustra: en
2002 murió Jeff Astle, jugador inglés del West Bromwich Albions, famoso por su
habilidad en las jugadas de cabeza; tenía 59 años y parecía de 90, por su grave
deterioro por la ETC.