Con tan sólo 22 años y 36 meses de trabajo en la comunidad indígena El Tigre, Municipio de Balleza, Adilene
Silva Bustillos, Líder Educativo de Conafe, ha logrado gestionar un comedor comunitario, carpintería, llevar
acciones de salud, higiene personal y prevención de enfermedades, rescatar tradiciones y costumbres de
rarámuris; además de que la población femenina acepte pláticas de mejoramiento ambiental y enviar a sus
hijos, diariamente, acciones por las que fue reconocida por autoridades educativas.
Un Brillo de Esperanza, es el trabajo presentado por Silva Bustillos, mujer tarahumara de 22 años,
desarrollado a partir del ciclo escolar 2013 hasta la fecha, tiempo que tiene como Líder Educativa
Comunitaria en dicha región y que permite mejorar la calidad de vida de, “los habitantes más vulnerables de
mi región, los tarahumaras”, expresa Adilene Silva y agrega que la gestión y actividades realizadas son
favorables porque mejoró la calidad de vida de las personas involucradas, “ al rescatar costumbres y
tradiciones poco practicadas como el baile con matachines, elaboración de artesanías, llevar pláticas de
prevención, orientación, higiene personal y preventivas”.
Por ello, el Poder Ejecutivo, Legislativo y la Secretaría de Educación, Cultura y Deporte del Estado de
Chihuahua, entregaron reconocimiento en la convocatoria Medalla Chihuahua al Mérito Educativo2016, a la
Líder Educativa, en ceremonia protocolaria encabezada por el presidente de la Comisión de Educación del
Congreso, diputado Gustavo Martínez Aguirre.
“Pertenezco orgullosamente al grupo rarámuri, así que conozco perfectamente las carencias que dentro de
nuestra contexto existen, esta razón es la que me ha motivado para gestionar que mi pueblo tenga una mejor
calidad de vida, que existan más oportunidades para nosotros los indígenas, y poder aspirar a una igualdad de
oportunidades entre Indígenas y mestizos”, resaltó Adilene.
Este merecido reconocimiento le costó años de esfuerzo ya que, recordó como cuando estaba como maestra
en El Molino, tenía que caminar hasta tres horas para llegar a la escuela, donde por un año impartió clases a
22 niños y niñas. Debía levantarse muy temprano, para acompañada de su padre, llegar temprano al aula
recorrido que realizó durante todo el ciclo escolar 2013-2014.
“Ahí inicié con Un brillo de esperanza, nos organizamos para mejorar el nivel nutricional y de salud de mis
estudiantes y la comunidad para el siguiente ciclo escolar, me cambiaron a mi lugar de origen”, recuerda;
donde inicia su plan de trabajo social comunitario.