Necesitamos hablar sobre pornografía

Nancy Jo Salestiene un don especial: la capacidad de hablar —hablar realmente— con los adolescentes. Desde raperos hipsters de Nueva York hasta los infames rateros adolescentes obsesionados con la fama, a quienes Sales denomina “el Bling Ring”, esta autora y reportera veterana puede hacer que los jóvenes se abran y hablen de casi cualquier cosa.

Para su nuevo libro, American Girls: Social Media and the Secret Lives of Teenagers, Sales pasó dos años de viaje escuchando a más de 200 adolescentes que hablaron de sus problemas más álgidos. Sales, madre de una estudiante de primer año de bachillerato, nos presenta un compendio conmovedor de anécdotas sobre alcanzar la mayoría en una era de sexualización generalizada, el fingimiento de ramera, la pornografía en línea, y el ciberbullying. Habló con Newsweek de sus motivos para escribir el libro, y acerca de lo que aprendió sobre preparar a las adolescentes —incluida su hija— para crecer como mujeres en línea.

—¿En dónde creciste y cómo fue tu vida de adolescente?

—Crecí en Miami, en la década de 1970, con padres amorosos. Estudié en una buena escuela pública, y viví en un ambiente particularmente diverso, con todo tipo de orientaciones sexuales, colores; personas que seguían gurús, jipis. Fue muy bueno, aunque recuerdo que mi madre siempre tuvo un fuerte sentido de lo que era adecuado para la edad de los niños. Aprendí ese concepto de ella: ciertas cosas son adecuadas para ciertas épocas.

—¿Cuál es la diferencia principal entre la adolescencia de la década de 1970 y la actual?

—No niego que los chicos siempre han estado interesados en el sexo —todos lo estábamos—, pero la diferencia es que el acceso a la pornografía ha cambiado muchísimo la manera como los chicos perciben el sexo. Si hace dos años me hubieras preguntado: “¿Qué opinas de la pornografía”, te habría dicho: “Me da igual, vive y deja vivir”. Pero después de mirar a fondo, mi opinión ha cambiado. La pornografía “gonzo” es la versión más popular, y es muy degradante para las mujeres.

“Estudios han demostrado que la pornografía influye en la forma como las jóvenes se perciben a sí mismas y sus cuerpos. Esto es un cambio enorme, tremendo. Y está incidiendo en las redes sociales, donde está creando una cultura en línea determinada por la estética porno. Tumblr es casi un sitio pornográfico. Y también los iPhones. Mi libro trata del porno y el iPhone. Eso está cambiando la vida de la infancia y la adolescencia.

—¿Estás segura de que no es otra versión de la diferencia generacional, como la de los padres de la década de 1960 con sus hijos y el amor libre, o de sus abuelos y los chicos que se metían mano en los autos?

—Me lo han dicho a menudo. “Ah, siempre ha sido así, sólo es pánico moral”. Lo lamento, pero debiera existir una palabra para lo opuesto al pánico moral; tal vez haya una palabra alemana que lo exprese. Sí, el auto se consideró peligroso porque los chicos podían ir a cualquier parte y meterse mano. Pues bien, ahora puedes hacer algo parecido en clase de matemáticas. Puedes estar haciendo sexting (mensajes de contenido sexual), o mirar pornografía en la escuela. Eso solía reservarse al sábado por la noche; tal vez tuvieras una experiencia. Pero ahora ocurre todo el tiempo. Ocurre cuando abres los ojos y encuentras un sextext. Es tan constante, que me pregunto: ¿es sano?

—Tienes una hija. ¿Monitoreas su vida en redes sociales y en su teléfono?

—Me siento afortunada porque, cuando empecé a trabajar en este reportaje para Vanity Fair, mi hija sólo tenía 12 años y todavía no le daba un teléfono. Pude enterarme de todas estas cosas e iniciar una conversación ininterrumpida con ella. Hablamos del asunto todos los días. Ella me cuenta las cosas que están pasando en su grupo de amigos. Son cosas de las que necesitas hablar con tus hijos. ¿Qué pasó hoy en la escuela? ¿Qué ocurrió hoy en las redes sociales?

—¿Hablarás de la forma como las redes sociales afectan el consentimiento y la imagen corporal?

—Mucho de las redes sociales consiste en subir fotos provocativas. Muchas de esas niñas están ajustándose a una estética porno, y reciben comentarios sexuales. Todo se resume a los likes; a la validación. La única diferencia respecto a nuestra adolescencia es que tu popularidad ahora tiene un número, y todos lo conocen. Algo que recibe muchos likes es una foto en bikini. Y también las llamadas “slutpages”, que estaban en todas las escuelas que visité (durante el trabajo para el artículo), y los círculos de sexting de todas las escuelas. Sin embargo, todo eso se minimiza. “Sólo es en broma”. Pero deriva en un ciberbullying terrible, y a veces en suicidios. Para los muchachos, las fotos son como tarjetas Pokémon, y las usan para masturbarse o como trofeos.

“Es un fenómeno cultural. Comencé a notar cuán profundamente arraigado está en las vidas de las adolescentes. No me había dado cuenta, y me sentí muy mal por ellas, de que tuvieran que sobrellevar la situación. Y también por los chicos, porque esa cultura “bro” es una cultura masculina, y los muchachos están abrumados. Y además, es muy homofóbica. No es solamente sexista”.

—Entonces, ¿cuál es la lección de todo esto?

—Más de 200 niñas que entrevisté concuerdan en que hay mucho acoso. Las presionan para sexualizarse; y se vuelven más vulnerables al ciberbullying. El público tiene que saber que estas niñas están preocupadas. Más de la mitad del libro está expresado en sus voces; una cosa es oír hablar a un adulto, y otra muy distinta es escuchar la voz de un niño.

“Tenemos que cambiar esta cultura. No podemos permitir que una generación de muchachas crezca de esta manera. Necesitamos tener una conversación sobre pornografía, y los padres no deben tener miedo de decir: ‘No, no puedes hacer eso’. Las escuelas pueden instituir sesiones donde los chicos hablen entre ellos sobre el tema, de manera que ningún adulto les diga cómo pensar. Sería útil que las sesiones fueran dirigidas a un mismo género, y luego combinar los grupos. Algunas de las mejores conversaciones que escuché ocurrieron cuando las chicas que empezaron a hablar entre ellas dijeron: ‘Nunca hablamos de esto’. Las leyes no han dado alcance a la tecnología. Las adolescentes se vuelven muy vulnerables cuando circulan esas fotografías. Saben que esto está sucediendo, y tienen un sentimiento de amenaza terrible que necesitamos resolver. Sólo un pequeño porcentaje de muchachos cometerá una violación física, pero muchos más presionarán un botón y enviarán una foto. Eso es violación electrónica”.