El ataque de Putin contra la prensa libre de Rusia se acelera

El tiempo político en Rusia avanza a un ritmo
cuidadosamente medido. Se arrastra, en lugar de transcurrir. Las nuevas
legislaciones, las nuevas reglas, los nuevos precios, los nuevos problemas para
los negocios, para los medios de comunicación o para las ONG surgen paso a
paso, nunca demasiados al mismo tiempo.

La semana pasada, los principales editores
del grupo de medios de comunicación RBC, propiedad del magnate Mikhail
Prokhorov, tuvieron que dejar sus puestos, aparentemente por razones políticas.

Hace unos dos años, un grupo de periodistas
profesionales e inspirados encabezados por Elizaveta Osetinskaya (antigua jefa
de redacción de Forbes Russia y, anteriormente, de Vedomosti), fueron invitados
a dirigir el sitio web de RBC, así como el diario y el canal de televisión de
la empresa. Después de varios meses de realizar ajustes de manera intensiva, el
sitio web y el diario se convirtieron en una lectura diaria indispensable para
cualquier persona que siguiera las noticias y la opinión de Rusia.

RBC fue la única empresa de medios, además de
Vedomosti y unas cuantas agencias menores, en seguir las noticias como
sucedían, sin ceder a la presión del Kremlin o de intereses privados.

La rama de publicaciones de RBC también creó
un programa de trabajo propio al dar seguimiento a temas que, con toda seguridad,
tocarían puntos sensibles de la elite de Rusia. Entre los distintos reportajes
de investigación, sobre los cuales existen fuertes rumores de que provocaron la
ira personal de Putin se encuentra un informe acerca de que la hija del
presidente dirige proyectos con financiación pública en la Universidad Estatal
de Moscú, una investigación sobre las propiedades del yerno del presidente, un
artículo sobre la financiación del Frente Popular Ruso, que es el cuasi partido
político y cuasi guardián de Putin, así como las revelaciones de los Papeles de
Panamá. Ningún trabajo periodístico de este tipo aparecerá más en las páginas
de RBC.

Los rumores de que el Kremlin había acosado al
propietario y lo había presionado para vender la empresa de medios (e incluso
otros bienes) han persistido durante bastante tiempo. Sin embargo, la caída de
la independencia editorial surgió como una desagradable sorpresa. La dirección
de RBC le pidió su renuncia a Maxim Solyus, jefe de redacción de RBC Daily.
Osetinskaya y Roman Badanin, otro editor de alto nivel responsable del sitio
web, renunciaron como un acto de solidaridad.

Las autoridades rusas han venido repitiendo
este acto tan conocido con metódica periodicidad. Presionan para que la empresa
sea vendida, para cambiar a los principales editores, o con mayor frecuencia,
para lograr ambas cosas. Por ahora, casi todos los periodistas rusos que
trabajan en el área cada vez más reducida de los medios independientes del país
tienen recuerdos de primera mano de al menos una revista, diario o sitio web
que cambia de manos y cuyo equipo de redacción renuncia en masa.

El Kremlin nunca admite que la política esté
detrás de los cambios. Éstos se presentan siempre como una transacción
voluntaria entre dos empresas privadas o que son propiedad del Estado.

Los funcionarios, entre ellos Putin mismo,
siempre dirán que existen miles de empresas informativas en Rusia, entre ellas,
al menos 2,000 que reciben subsidios del gobierno. Hace 10 años, en un extraño
gesto, el Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergey Lavrov entregó a la
entonces Secretaria de Estado de Estados Unidos Condoleezza Rice discos
compactos que tenían grabaciones de algunos programas de televisión rusos. La
intención es que sirviera como prueba de que existía un periodismo
independiente en Rusia.

A pesar de estos tibios intentos de ocultar
este proceso, el violento ataque contra los medios en Rusia ha sido constante
durante al menos 15 años.

Los principales canales de televisión fueron
controlados ya desde el primer período en el poder de Putin, pero la
destrucción y la degradación paulatina de los medios persiste hasta el día de
hoy. Lo que queda de un entorno que antiguamente era vibrante, es una serie de medios,
cuyos nombres no recuerdo, debido a que los límites de la libertad con
frecuencia atraviesan las salas de redacción.

Existe periodistas independientes que
trabajan en un espacio de medios parcialmente libre, y existen expertos de
primera línea capaces de publicar su trabajo en medios que son propiedad del
Estado, dirigidos por el Estado o influidos por el Estado (99 por ciento de los
medios del país entra por lo menos en una de estas categorías).

Aun cuando todas las plataformas
independientes han desaparecido, la conversación pública continúa en las redes
sociales, en cafés, parques, salas y cocinas.

No escribo esto para quejarme acerca del
estado de los medios independientes en Rusia. Es demasiado tarde para hacerlo, y
también es demasiado aburrido, dado que la tendencia general resultó evidente
desde hace varios años. Escribo para señalar que los políticos del Kremlin
saben cómo administrar su tiempo y seguir una estrategia a largo plazo, al
tiempo que mandan señales distractoras o engañosas al público de Rusia y de los
países extranjeros. Esto también es muy importante para la política exterior de
Putin.

El Kremlin siempre corta una rebanada que es
demasiado pequeña como para hacer demasiado ruido, pero lo suficientemente
grande como para confirmar que existe una tendencia general y observable. Quienes
enfrentan la toma de su medios de comunicación, ONG, negocio o país, siempre
son demasiado débiles como para llamar la atención; las personas afectadas son
demasiado pocas como para ayudarse a ellas mismas o para evitar que el día de
mañana se corte otra rebanada.

Probablemente, la psicología del avance
resulte bien conocida para los estudiosos y para los historiadores, pero
vivirla no es una experiencia placentera. Aun los más estoicos terminan
pensando en cómo evitar convertirse en la próxima rebanada de salami.

Por ahora, el Kremlin ha alcanzado muchas de
sus verdaderas metas (no las que ha declarado): ha consolidado a las empresas responsables
de todos los recursos naturales y de sus exportaciones; ha reunido a todos los
principales activos industriales en enormes sociedades dirigidas por el Estado,
ha puesto a la banca bajo el control estatal; se ha librado de los medios de
comunicación independientes; ha minado toda acción independiente por parte de
la sociedad civil; ha convertido a toda la política interna en un teatro
manejable; ha convertido a la Iglesia Ortodoxa en un poderoso aliado.

La consolidación de recursos y la centralización
del poder bajo Putin es una obra maestra del arte de gobernar. La creación de
la frase “táctica del salami” se atribuye al líder comunista húngaro Matyas
Rakosi. Él afirmaba que había destruido a todos los partidos no comunistas “al
cortarlos como rebanada de salami”. El Kremlin cuenta con virtuosos usuarios de
esta técnica.

Pienso que uno de los más importantes
secretos del éxito de Putin es su autocontrol y un excelente sentido de la
oportunidad que le permite saber dónde, cuándo y cuánto cortar.

No hay ningún límite de tiempo conocido para Putin.
La cantidad exacta de tiempo que está dispuesto a permanecer en la cima de la
política rusa es el secreto mejor guardado del país.

Desde luego, el salami seguirá haciéndose más
pequeño. Su única oportunidad consiste en aprender a regenerarse y a crecer más
rápidamente de lo que el cuchillo puede cortar.

Este artículo apareció por primera vez en el sitio web del Instituto Kennan.

Maxim Trudolyubov es miembro de alto
nivel del Instituto Kennan, perteneciente al Centro Wilson Center, y editor general deVedomosti, un diario ruso independiente. Las opiniones
expresadas en este artículo son responsabilidad del autor.

Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek