La contaminación del aire es algo muy
insidioso. Las partículas que salen de los escapes y de las plantas generadoras
de electricidad contienen una amplia lista de contaminantes que van desde
carcinógenos hasta compuestos que dañan las glándulas endocrinas, además de las
pequeñas motas de hollín que hemos llegado a asociar con los altos índices de
asma y otras enfermedades respiratorias que se observan en poblaciones que
viven cerca de las principales autopistas o instalaciones industriales. Básicamente,
cada una de las partes de esta contaminación es mala para ti, y los
investigadores acaban de descubrir dos toxinas más para añadirlas a la lista:
el níquel y el vanadio.
De acuerdo con una investigación aún no
publicada que se presentará este martes en la Conferencia de la Sociedad
Torácica Estadounidense de 2016, el níquel y el vanadio que se encuentran en el
tipo extremadamente fino de contaminación atmosférica conocido como PM2.5 y que
perjudica los pulmones en desarrollo de los niños. Y en el sur de California,
donde se llevó a cabo la investigación, las toxinas aparecen principalmente en
la continuación atmosférica que proviene de los barcos de carga.
Dado que su diámetro es tan pequeño (10
microns, o 1/30 del grosor de un cabello humano), se sabe que las partículas
PM2.5 logran llegar a los lugares más lejanos de los pulmones e incluso
penetrar en la corriente sanguínea. En investigaciones anteriores se ha
mostrado que cuando una mujer se expone a las partículas PM2.5 durante el
embarazo, éstas pueden llegar al feto, cuyos pulmones podrían generar menos
alveolos, que son los racimos parecidos a las uvas en los que se absorbe el
aire y el oxígeno se separa y se envía a la sangre. Por ello, el bebé podría
nacer con una menor capacidad pulmonar o con una mayor propensión a sufrir
asma. (Asimismo, dado que las pruebas sugieren que los pulmones siguen
desarrollándose hasta que tenemos alrededor de 25 años, es posible que la
contaminación del aire impida el desarrollo de los alveolos durante todo ese tiempo.)
Para esta última investigación, Robert
Urman, investigador de la Universidad del Sur de California y sus coautores
evaluaron registros de salud de 1,911 niños de primaria de varias comunidades
del sur de California. Entre ellos, las mayores concentraciones de níquel y
vanadio en el aire se encontraron en Long Beach, California, donde los barcos
de carga y otras embarcaciones queman combustible al salir y al llegar a los
puertos de Long Beach y Los Ángeles que, combinados, constituyen el mayor
puerto marítimo de Estados Unidos.
“Cuando analizamos los datos, encontramos
que los adolescentes de las comunidades más contaminadas tenían una disminución
que se calcula en aproximadamente cuatro por ciento en su función pulmonar en
comparación con niños similares de las comunidades menos contaminadas,”
dijo Urman en una declaración.
En un estudio a gran escala realizado el
año pasado se encontró que cuando se reduce la contaminación del aire, la
función pulmonar de los niños mejora de manera importante en la comunidad
circundante. “Los Estándares Nacionales de Calidad del Aire Atmosférico regulan
actualmente la masa de PM2.5 en conjunto,” señala Urman, pero añade que se
requieren más investigaciones para comprender cuáles son los componentes de la
contaminación del aire que resultan particularmente perjudiciales para los
pulmones de los niños, de manera que las valoraciones de riesgos y las
regulaciones se ajusten para hacerles frente. “Si pudiéramos establecer una
relación entre estos componentes y los resultados
relacionados con la salud, entonces podrían promulgarse reglas más enfocadas
para proteger mejor la salud de la población en general.”
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Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek