Carmen Fierro y Angélica Santana Fierro, madre e hija de 65 y 33 años
respectivamente, comparten el amor por la docencia. Mientras que Carmen tiene
38 años de experiencia y han pasado por su vida más de 10 mil alumnos y su hija
con ocho años de profesora ha diseñado una herramienta para internacionalizar la
educación.
Ambas se han enseñado una a la otra las diversas estrategias educativas que
dominan de acuerdo a sus áreas de especialización y sus diferencias
generacionales.
Angélica desde hace cinco años diseñó una herramienta para el aprendizaje
multicultural. Gracias al internet, puede conectar a estudiantes y maestros con
profesores y alumnos que llevan la misma materia en cualquier parte del mundo, a
fin de compartir experiencias y que tanto los jóvenes como los docentes tengan
otra perspectiva de la disciplina que enseñan o aprenden.
Esta idea le dio a Angélica el premio nacional a la innovación educativa en el
Tecnológico de Monterrey, institución que implementó la herramienta y la convirtió
en un programa para todas sus preparatorias y tecnológicos del país, denominado
“Suny de Colaboración en línea internacional de aprendizaje” del que Angélica es
la responsable.
La idea de la maestra Angélica, hasta el momento ha hecho posible que tanto
estudiantes como docentes, hayan interactuado con alumnos y profesores de
instituciones de Brasil, Corea del Sur, España, Francia, Alemania, Italia, India,
Estados Unidos y Canadá, entre otras.
Mientras que Angélica ha enseñado a su madre a conectarse con el mundo,
Carmen le ha enseñado a su hija la docencia con sentido humano, a trasmitir a los
jóvenes valores, “siempre en cualquier tema, hay un área de oportunidad para
enseñar a los estudiantes otras cosas no técnicas, yo creo que todavía los
maestros podemos aportar mucho en la formación personal de los estudiantes, en
trasmitir valores”, comenta Angélica, quien sostiene que su madre le ha trasmitido
la importancia de esto.
Para Carmen la satisfacción más importante ha sido ver realizados en los diversos
ámbitos de su vida a sus alumnos, como profesionistas y en su vida familiar, “he
tenido alumnos que ahora me los encuentro de profesores y tengo estudiantes que
son hijos de quienes también fueron mis alumnos” comenta con nostalgia.
Carmen Fierro es licenciada en Letras Españolas y master en Estudios
Hispánicos, le tocó atender a su hija Angélica en las aulas cuando estudiaba la
Licenciatura en Relaciones internacionales, quien posteriormente también se
convirtió en docente tras estudiar la maestría en Gestión Pública Aplicada.
Carmen inició impartiendo clase en primaria a sus cortos 18 años en la ciudad de
Delicias, posteriormente en preparatoria para costear sus gastos mientras era
estudiante en la universidad, finalmente se colocó de maestra en nivel profesional
donde lleva 28 de sus 38 años de carrera docente.
Esta mujer, maestra, madre, abuela y esposa, a sus 65 años, está en el último
semestre de su carrera de profesora que ya dejará por razones de salud, pues ha
tramitado su jubilación. De ser por decisión propia, continuaría impartiendo clase,
dice.
La docencia es una hermosa carrera que no se paga con sueldo, sino con la
satisfacción de relacionarse con tantos jóvenes que le dan la oportunidad de dejar
un “pedacito” de su vida en ellos, ser parte de su formación tanto académica como
personal, dice Carmen.
Para ella, la enseñanza académica que ha dejado en sus estudiantes ha sido
secundaria, considera que lo más importante ha sido el trato lo más personal
posible que ha tenido con sus alumnos, trasmitirles valores, hacerlos sentir
importantes, que el respeto, la honestidad, la disciplina y la fe sean tesoros en sus
vidas.
Finalmente dijo sentiré profundamente agradecida con la vida y con las
instituciones que le brindaron trabajo, con el Tecnológico de Monterrey campus
Chihuahua donde no solo le abrió las puertas a ella, sino también a su hija
Angélica, primero como alumna y después como maestra.
Hace apenas unos días, juntas estuvieron compartiendo sus experiencias en el
Congreso Internacional de Aprendizaje Colaborativo en la ciudad de Nueva York,
organizado por la Universidad Estatal de esa misma ciudad, luego de que junto
con la maestra Magali Henric implementaran en su clase la herramienta diseñada
por Angélica.