Botas, zapatos, sandalias… 86 pares de
calzado son exhibidos en el Museo Casa de la Memoria Indómita, donados por sus
dueños con la intención de visibilizar las extenuantes búsquedas de sus seres
queridos desaparecidos en México y otros países de América Latina.
La idea de la exposición, del artista
mexicano Alfredo López Casanova, intenta “visibilizar una tragedia”
que viven México y la región desde hace décadas
El Museo Casa de la Memoria Indómita está
dedicado desde el lunes a los desaparecidos desde 1969 a 2016, la mayoría de
los cuales son mexicanos, pero también hay argentinos, hondureños, salvadoreños
y guatemaltecos.
Sólo en la última década en México más de
28 000 personas han desaparecido, muchas como consecuencia de la guerra contra
las drogas
Los zapatos que cuelgan en el techo del
museo situado en el corazón de la capital mexicana son de un padre, un hermano,
una hermana, o un hijo que han recorrido largos caminos. En cada suela hay
palabras de amor para la persona desaparecida.
“Los zapatos son parte de la
investigación y de lo que construyen (sus dueños) caminando, cuando caminan por
la ley por ejemplo”, es decir, cuando sus búsquedas físicas en sitios
inhóspitos o sus movilizaciones multitudinarias han provocado cambios
legislativos o intentan lograrlos, explicó el artista, que aún espera recibir
más calzados para la exposición.
A las suelas de los zapatos se les grabaron
en relieve mensajes de sus dueños que fueron calcados con tinta verde en hojas
blancas enmarcadas.
“JUAN CHÁVEZ HOYOS. HERMANO, TE AMO Y
SEGUIRÉ BUSCÁNDOTE HASTA ENCONTRARTE”, se lee en una.
Las suelas verdes aluden también al concepto
de un expediente judicial; tienen los nombres de los dueños del calzado así
como la última vez que fueron vistos sus desaparecidos.
Uno de los usuarios de esos calzados es un niño de
9 años que es hijo de uno de los 43 estudiantes de la escuela rural para
maestros de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala
(Guerrero, sur), un caso que ha conmocionado a la opinión pública mundial.
El hijo de Virginia Herrera fue secuestrado, de
acuerdo con sus propias investigaciones, junto con otras ocho personas por
narcotraficantes hace seis años en el estado de Tamaulipas, fronterizo con
Estados Unidos y donde 5.750 personas han sido reportadas como desaparecidas.
Para esta madre, la exposición puede servir
para “que la gente tome consciencia”, porque en Tamaulipas, dice,
nunca han contado con el apoyo de nadie.
Otro par de zapatos es de Socorro Arias. Su
hijo desapareció en 2012 mientras estaba de vacaciones en el violento estado de
Veracruz, con costas en el Golfo de México.
Su cuerpo fue encontrado unos días después,
pero tuvieron que pasar cuatro tormentosos años para que una prueba de ADN
confirmara su identidad.
Las autoridades “en lugar de comprender
a las familias, (las) criminalizan”, espetó Arias.
Sus zapatillas de deporte blancas cuelgan
del techo. “No quiero que mi otro hijo viva eso. […] Yo voy a
seguir”, dijo enfática en el museo.
La muestra titulada “Huellas de la
memoria” estará en este museo dos meses y luego será trasladada a otros
estados de México, e incluso se planea que llegue a Estados Unidos, porque
políticas de ese país también son “responsables” de algunas
desapariciones, sostuvo el artista.