La seguridad, la prosperidad y oportunidades para todos serán los temas del Discurso de la Reina del 18 de mayo, según informaciones provenientes del número 10 de Downing Street, mientras se prevé que David Cameron revele leyes nuevas y más severas para poner freno a los extremistas.
Esta es una continuación de los planes anunciados el año pasado. En su discurso pronunciado en julio, el primer ministro describió los planes del gobierno para combatir el extremismo, y posteriormente anunció una estrategia anti extremista que correrá en paralelo con el programa Prevent (Prevenir) que fue puesto en marcha después de los bombardeos en Londres el 7 de julio de 2005.
Desde el punto de vista de la prevención primaria, este enfoque de dos vías para combatir el extremismo es algo que hemos necesitado durante años. Fue recomendado en la revisión de 2010/2011 del programa Prevent. No se produjo durante cinco años, bajo el gobierno de coalición. Pero finalmente, los extremos duro y suave para prevenir la radicalización islamista serán manejados en forma separada.
Entre otras cosas, las propuestas en las nuevas medidas denominadas Proyecto de ley anti extremismo incluirán “Órdenes de prohibición/disrupción del extremismo”. Dichas medidas no criminalizarán los discursos de odio o la promoción del terrorismo, ya que ambos elementos ya son ilegales de acuerdo con la Ley contra el terrorismo de 2006, sino que criminalizar a la intención de participar en tales delitos, si los ministros piensan razonablemente que es así, lo que podría conducir a posibles órdenes de prohibición.
En esencia, estas medidas están dirigidas hacia aquellas personas que operan en lo que la policía ha denominado “el espacio pre-criminal” y, por consiguiente, expanden la definición de las personas que podrían ser encarceladas para abarcar no sólo a aquellas que hagan cosas malas, sino también a aquellas que piensen cosas malas.
Esto resulta problemático.
Filosóficamente, esto va en contra de los valores que tenemos en una democracia liberal y secular. Aunque la radicalización y el extremismo han sido identificados correctamente como problemáticos, el fanatismo no puede prohibirse. En lugar de ello, debería ser sujetado a un profundo cambio.
Las organizaciones extremistas que no son proscritas como organizaciones terroristas no alcanzan el umbral de la ilegalidad de acuerdo con la legislación antiterrorista. El hecho de ampliar esto para incluir a más grupos no relacionados con hechos violentos por una causa distinta al hecho de que la ideología que profesan también es apoyada por aquellos que cometen actos violentos, resulta problemático en una democracia liberal. No podemos darnos el lujo de convertirnos en un país totalitario mientras tratamos de protegernos precisamente de esta misma ideología.
Esto resulta estratégicamente contraproducente debido a que, aunque debemos oponernos a todo tipo de extremismo, y existen muchos grupos que perjudican la cohesión comunitaria e incluso componen la música con la que bailan los extremistas violentos, resulta claro que la línea establecida en la muy amplia legislación antiterrorista del Reino Unido se encuentra en el punto donde la violencia se presenta, resulta una amenaza o es planificada.
Las organizaciones extremistas no violentas podrían obtener apoyo residual hacia ideas que posteriormente son asumidas violentamente en un pequeño porcentaje de casos. Sin embargo, con mayor frecuencia, dan a los miembros que tradicionalmente carecen de derechos la oportunidad de ventilar su oposición al gobierno. El hecho de prohibir a estos grupos hará que pasen a la clandestinidad y hará que resulte más difícil para los liberales ganar la batalla de las ideas.
Mientras que prohibir a las organizaciones terroristas es una decisión antiterrorista válida debido a que es un fuerte factor disuasivo contra la afiliación a dichos grupos y muestra una firme postura contra la violencia, también permite la persecución de aquellos que buscan poner en riesgo nuestra seguridad nacional.
No podemos afirmar que esto protege nuestra seguridad nacional debido a que, por definición, se trata de organizaciones que no cruzan nuestro umbral de terrorismo debido a que no son violentas. Se trata de una bandita adhesiva para tratar de curar un agujero de bala, y su objetivo es atacar el síntoma en lugar de la causa del extremismo.
Lo que deberíamos estar haciendo es crear coaliciones en la sociedad civil que trabajen juntas para contrarrestar las ideas totalitarias que promueve el islamismo.
Iniciativas como FATE (Families Against Terrorism and Extremism, Familias Contra el Terrorismo y el Extremismo), que llevó a cabo su reunión inaugural en París, pueden desempeñar una importante función para lograr que las familias participen en la interrupción de los mensajes terroristas a los más jóvenes. Las iniciativas que mueven los valores liberales ayudan a crear entornos en las universidades en los que garantizar una mayor libertad de expresión y poner en tela de juicio a las voces extremistas puede ser más productivo que el hecho de que el gobierno dicte órdenes de prohibición.
Y necesitamos más iniciativas que fomenten los desafíos de la sociedad civil ante el extremismo.
Estos esfuerzos serán más eficaces que las medidas duras, pero no tendrán muchas de sus consecuencias.
Podemos mantener la libertad de expresión y de investigación en lugares en los que sean importantes. No tenemos que ir en contra de nuestros valores británicos o de nuestras libertades civiles, que nos mantienen en la cima de la virtud moral. No criminalizamos el extremismo ni contribuimos a la percepción de que el gobierno odia a los musulmanes. Tampoco empujamos al extremismo hacia la clandestinidad, hacia un espacio no gobernado con el que es más difícil lidiar.
En lugar de prohibir que los extremistas utilicen la Internet, por ejemplo, pongamos en tela de juicio lo que están diciendo y ganemos la batalla de las ideas. De esta manera, no haremos que el contenido extremista resulte más atractivo para los adolescentes rebeldes, no tendremos que desperdiciar constantemente recursos dando palos de ciego, y no enviaremos a los extremistas a las oscuras profundidades de la Internet en las que los partidarios de las libertades civiles adquieren impulso y los criminales realizan sus actividades lejos de la supervisión del Estado.