Poco tiempo después de que las patinetas salieran
a la venta en Noruega, las autoridades advirtieron que los patinadores estadounidenses
sufrían muchos accidentes de tránsito: en 1977 28 habían muerto y 100 000
habían quedado heridos, por lo que anunciaron una prohibición que entró en
vigor el 15 de setiembre de 1978.
La oficina de la United Press International de
Oslo declaró en aquella fecha que para el Ministerio del Ambiente era más
importante proteger a los niños que permitirle a los grandes negocios hacer
dinero, por lo que importar, vender o publicitar patinetas también fue
prohibido.
Como era de esperarse, un grupo de amantes al
deporte desafiaron la ley y patinaban en secreto gracias a una red de contrabando
que los proveía de patinetas.
“Recuerdo la tensión de llegar a Noruega con dos
tablas atadas a la espalda o escondidas en la maleta, esperando que los agentes
de aduanas no me revisaran. Tuve discusiones interminables con mi padre por
traer los materiales de contrabando”, dijo a la BBC Wang, uno de los rebeldes de aquella época.
Sin embargo, la prohibición admitía excepciones. Había
una pista en Oslo, a la que acudían los patinadores miembros de un club
oficial; aunque no los arrestaban, podían ser interrogados por la policía.
Ley se fue “relajando” y para 1989 dejó de
exitir. Entonces, los skateboards inundaron el mercado y las pistas de patinaje
proliferaron en todo el país. Incluso, un parte de los fondos reunidos por la
lotería de Noruega se destinó al apoyo de este deporte.