”Le doy al lector unos días de montaña rusa”

La primera pregunta al escritor español Manel Loureiro versa sobre la novela de terror y suspenso que se escribe en la actualidad.

“Se están haciendo cosas auténticamente fascinantes —considera—. Todo esto arranca en la década de 1970; en Estados Unidos estaba sucediendo algo absolutamente espantoso, se estaba produciendo una brecha, una fractura, entre la literatura culta, por decirlo de alguna manera, y la literatura pulp, una literatura más barata. Y de repente aparece una hornada de autores norteamericanos encabezados por un tipo llamado Stephen King y se sacaron de la manga una manera de contar historias que era lo que ellos llamaban easy reading, lectura fácil, la cual aunaba historias complejas con matices y con capas de la literatura culta, al estilo de Truman Capote, con una manera de contar historias más ágil, más dinámica, más televisiva, más audiovisual, de la literatura pulp”.

—¿En qué medida esa corriente influyó en tu carrera, Manel?

—Yo bebo muchísimo de esta manera de contar historias. Y es ahora mismo lo que se está haciendo, si tú compruebas la lista de best sellers de todo el mundo te darás cuenta de que básicamente lo que quieren y les gusta a los lectores es mucho de ese estilo porque es una manera de contar historias que conectan mucho con su manera de entender el mundo.


FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS

El escritor español Manel Loureiro estuvo de visita en México presentando su más reciente obra, la novela de suspenso Fulgor, publicada por el sello editorial Planeta. Esta cuenta la historia de Casandra, cuya vida perfecta gira radicalmente el día en que sufre un extraño accidente de tránsito que la deja en coma, pues a las pocas semanas, y tras una recuperación milagrosa, descubre que todo su mundo ha cambiado por completo: alguien ha empezado a acechar su casa y su familia, además de que pronto se ve envuelta en una espiral de violencia y asesinatos que está por cobrarle con su cordura.

Además de escritor, Loureiro es abogado y también ha sido presentador en la Televisión de Galicia y guionista de diversos proyectos. Actualmente escribe en los periódicos ABC y El Mundo.

—A los autores de best sellers se les considera lejanos de la literatura culta…

—¿Qué es la literatura culta? Hace algunos años en un periódico decían que yo lo que hacía era literatura de best seller o literatura de aeropuerto, y lo decían con una especie de tono peyorativo; a mí no me molesta en absoluto que se catalogue lo que hago como literatura de best seller o literatura de entretenimiento, es lo que quiero hacer, yo quiero hacer literatura de entretenimiento, yo no quiero demostrarle al mundo lo listo que soy o lo bien que cuento las cosas.

—¿Y el lector no te pone ningún pero?

—Yo lo que quiero para un lector es que… Un lector invierte dos cosas muy importantes cuando compra un libro: su dinero y su tiempo. A cambio le tengo que dar algo, a cambio le tengo que dar una experiencia, un momento, unas horas, unos días, unas semanas de montaña rusa, se tiene que subir en ese libro y no tiene que querer bajarse. Si logras eso, estás haciendo magia. Sí, hay literatura culta, hay literatura que remueve conciencias, literatura que es capaz de transformar, claro que la hay, pero no es lo que yo pretendo hacer, yo lo que pretendo hacer es literatura que emocione.

—¿Qué respondes a quienes te comparan con Stephen King?

—Que por una parte es maravilloso que me estén comparando con un tipo que es uno de los mejores escritores vivos de la actualidad, pero por otra parte es una comparación que me queda muy grande. Cuando yo tenía dos años y estaba dando vueltas alrededor de las faldas de mi madre, Stephen King ya había publicado El misterio de Salem’s Lot, ya había vendido tres millones de ejemplares, ya era un tipo que estaba lanzando su carrera. Imagínate la distancia y la ventaja que me lleva este hombre. Agradezco la comparación, me gusta, pero todavía tengo que crecer mucho para que esa comparación empiece a sentarme bien en los hombros.


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Nacido en 1975, a Loureiro se le reconoce un talento especial en el manejo del terror psicológico. De acuerdo con su parecer, para un escritor es sumamente arduo conseguir generar terror, angustia y agobio a los lectores: “Es terriblemente complicado porque el terror psicológico [es una línea literaria que] te exige una labor de estar cosiendo pacientemente alrededor del lector sin que él se dé cuenta de lo que estás haciendo, hasta que de repente, cuando se da cuenta, está atrapado, y tiene que estar atrapado. Es todo un desafío”.

—¿Qué requiere un escritor para dominar el terror psicológico?

—No hay un proceso. Lo único imprescindible para poder ser escritor es leer mucho, y cuando digo mucho es ¡MUCHO!, con mayúsculas, en negritas, subrayado y con exclamaciones. Hay que leer muchísimo, es fundamental porque la lectura, al final, es lo que te va a dar todos los matices, todos los colores en tu paleta para que cuentes la historia. Y después, evidentemente, si eres lector siempre tienes una historia dentro que quieres contar, y al final también se trata de que tienes que querer contar esa historia, tener la voluntad, y encontrar la necesidad de contarla.

—Un escritor que vende miles de libros ¿tiene responsabilidad frente al lector?

—No puedes pretender escribir igual cuando escribes para diez mil, veinte mil, cincuenta mil o cien mil personas que cuando escribes para medio millón o un millón de personas. No puedes dejar que esa responsabilidad te atenace, que te impida hacer bien tu trabajo, porque si te pasa eso no lo vas a disfrutar y no lo vas a hacer bien. Si eres consciente de que tienes un público amplio, el compromiso se transforma en un pensamiento mucho más profundo, no lo puedes decepcionar, y es lo que hago. Pero al final, escúchame, yo lo agradezco todo, soy un tipo tremendamente afortunado porque mi trabajo consiste en contar historias, en levantarme por la mañana y transcribir las cosas que sueño. ¿Se te ocurre un trabajo mejor en el mundo? Es el mejor. Pero también es el peor trabajo del mundo porque no me puede ayudar absolutamente nadie, no me pueden echar una mano si estoy atascado, hay cosas que tienes que hacer tú solo.


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