Es
bien sabido que la genética está vinculada con el comienzo de la edad de la
pubertad, pero un estudio nuevo halla que los genes también podrían influenciar
en qué momento de la vida una persona se vuelve sexualmente activa y tiene hijos.
Más interesante aún, estos marcadores genéticos están asociados con diferentes
rasgos de la personalidad.
Para
el estudio, publicado el 18 de abril en Nature
Genetics, los investigadores analizaron datos de más de 125,000 personas
del Biobanco del Reino Unido, con edades de 40 a 69 años. Los datos incluían
información sobre la genética de cada paciente y la historia de salud personal,
como la edad de la primera menstruación de una niña, el nivel de educación, la
cantidad de hijos y cuándo la persona tuvo sexo por primera vez. Ellos
identificaron 38 variantes de genes que parecen influir en la edad en que una
persona pierde la virginidad.
Los
investigadores estaban sorprendidos de hallar que no todos estos genes estaban
vinculados también con la pubertad. Uno de los genes, CADM2, está asociado con
el comportamiento de toma de riesgos, mientras que otro, MSRA, está vinculado
con la irritabilidad, según los investigadores. Estos hallazgos sugieren que
las variantes de genes no provocan directamente que una persona tenga sexo más
temprano en su vida. Más bien, estos rasgos genéticos podrían predisponer a la
persona a ciertos comportamientos que llevarían a una actividad sexual a una
edad más joven.
A
través de un análisis estadístico más amplio, los investigadores también
determinaron que estas variantes genéticas eran más comunes en personas que
tenían hijos a una edad más temprana. Algunos de los mismos genes también
parecían estar vinculados con menores logros educativos, lo cual tiene sentido,
según el Dr. John Perry, un genetista de la Universidad de Cambridge y autor
principal del estudio. “Si uno madura sexualmente antes que sus pares, va a
pasar más tiempo persiguiendo a las chicas o los chicos que en trabajar, y sus
prioridades cambian y sus comportamientos cambian”, dijo Perry a Scientific American.
Esto
no quiere decir que el ambiente y el estilo de vida no figuren en la ecuación.
La presión de los compañeros, la crianza familiar, la religión y la cultura
popular tienen un papel en el desarrollo sexual de una persona. Además, se sabe
que algunos detonadores ambientales provocan una pubertad precoz, una tendencia
alarmante en la cual la pubertad comienza antes de los 8 años de edad en las
niñas y antes de los 9 en niños. Por ejemplo, los expertos creen que los
contaminantes ambientales como el bisfenol A pueden perturbar las funciones
endócrinas de un menor. Problemas médicos como la diabetes y la obesidad
también pueden acelerar el desarrollo sexual.
A
principios del siglo XX, la muchacha promedio en EE UU tenía su primera
menstruación a los 16 o 17 años, pero el promedio ahora es a los 13 o más
joven, según datos de los Institutos Nacionales de Salud.