¿Por qué EE. UU. debe permitir que Irán combata el Estado Islámico?

La infiltración del territorio palestino por parte del grupo
militante Estado Islámico (EI) podría atraer al ejército en tierra de Estados
Unidos hacia su próximo e inútil conflicto en el Medio Oriente. La manera de eliminar
al grupo suní del EI es permitir que Irán, un país chiíta, combata en la guerra
sectaria del Medio Oriente, usando fuerzas casi igual de crueles, como
Hezbollah y las Guardias Revolucionarias. Asimismo, se deberá apoyar a los
movimientos chiítas que combaten a los radicales suníes, como ya lo hace Irán
en Yemen.

Aunque el alcance de EI se ha centrado en Siria e Irak, la
penetración del grupo en Egipto fue su logro más resonante del año anterior. El
derrocamiento del líder libio Muammar el-Qaddafi permitió que las armas libias
llegaran al Estado Islámico y a varios países africanos. Durante el sangriento golpe de
estado que derrocó al gobierno electo, aunque incompetente, de la Hermandad
Musulmana de Mohammed Morsi, manifestantes pacíficos fueron encarcelados y
liberales y periodistas fueron torturados, junto con decenas de miles de
activistas y presuntos simpatizantes de la Hermandad. Un joven perteneciente a
la Hermandad Musulmana declaró a
Al-Monitor que sus compañeros presos, anteriormente pacíficos, habían
contraído la “fiebre de EI.”

Después de que Egipto atacó varios campamentos del EI en
Libia, el Estado Islámico respondió en el vecino desierto egipcio, derribando un avión ruso;
Rusia apoya al régimen chiíta de Siria. El derribamiento fue reivindicado por
una rama del EI en la región egipcia del Sinaí. Actualmente, el Estado Islámico compite con
un Hamas mucho más débil en Gaza, y está infiltrando la Franja de Gaza; en
2015, el diario Jerusalem Post
informó que las campañas de reclutamiento del EI se dirigían cada vez más a
los combatientes palestinos, mientras que la Brigada del Jeque Omar Hadid,
afiliada a ISIS, ha realizado ataques contra objetivos militares israelíes,
según informes del International Business
Times. Las atribuladas fuerzas de defensa israelíes permitieron que Egipto
refuerce su despliegue en Siria, más allá de la autorización de Camp David.

En junio de 2015, militantes del Estado Islámico declararon en video:
“Erradicaremos al Estado de los judíos y ustedes [Hamas] y Fatah [la OLP]…
serán destruidos por multitudes que avanzan lentamente.” En 2014, según informes, a varios funcionarios
del gobierno de Obama les preocupaba que Israel fuera arrastrado hacia el
conflicto, y a principios de este año, el principal asesor de Obama sobre ISIS
dijo a funcionarios de seguridad israelíes e internacionales en una conferencia
en Tel Aviv que aunque ISIS se encuentra bajo presión en Irak y Siria, todavía
constituye una gran amenaza en otros lugares. Si el EI trata de atacar a Israel,
¿acaso el ejército en tierra de Estados Unidos será atraído hacia la guerra del
Medio Oriente?

Ese es el
principal desafío que ISIS plantea para Estados Unidos, no ataques terroristas
ocasionales, sin importar lo terribles que sean. Después del 9/11, los
activistas neoconservadores insistían: “El camino hacia Jerusalén pasa a través
de Bagdad.” Ahora, podría pasar a través del Sinaí.

Pero el primer
Ministro israelí Benjamin Netanyahu insiste en que el peligro viene del norte, es
decir, de Irán, y no del sur. Imaginamos quijotescamente que podemos reclutar
como aliados a príncipes suníes del Golfo, a pesar de que ISIS está siendo
financiado parcialmente por adinerados “inversionistas ángeles” en el Golfo.
Sin embargo, el Irán chiíta es la potencia más claramente interesada en
oponerse a ISIS, que es un grupo suní. Si se hubiera entendido que el “choque
de civilizaciones” entre chiítas y suníes estructuró el teatro de la acción y
no el totalitarismo, podríamos haber evitado la actual debacle de 15 años de
duración. La intervención de Occidente no ha dado por terminada esta guerra, ni
lo hará, sino que habrá de prolongarla.

La principal
amenaza de ISIS contra Estados Unidos no es el extremismo, sino otra
intervención en una guerra sectaria/dinástica que podría mantener empantanados a
los soldados estadounidenses durante décadas. Además, Estados Unidos podría
enfrentar un avance maratónico hacia la economía global por parte de China. ¿Podemos
darnos el lujo de librar dos conflictos que se prolongarán por lo que resta del
siglo?

Existe otra
opción.Se trata del “equilibrio
exterior” que Gran Bretaña practicó durante una guerra sectaria en los siglos
XVI y XVII, la cual se asemeja en muchas formas al conflicto entre chiítas y
suníes que se desarrolla actualmente en el Medio Oriente. El conflicto entre
católicos y protestantes (que terminó en la Guerra de los Treinta Años) comenzó
con la Reforma protestante en la década de 1520 y se prolongó hasta la Paz de Westfalia
en 1648. Sabiamente, Gran Bretaña se abstuvo de enviar soldados hacia la
carnicería en el continente, y en cambio, usó medios diplomáticos e indirectos
para evitar que cualquier potencia (católica o protestante, Habsburgo o Borbón,
Francia o España) dominara el territorio europeo.

Gran Bretaña
mantuvo esta postura y siguió haciéndolo durante siglos. La Guerra de los
Treinta Años y el siglo de guerra sectaria que la precedió concluyeron con una
etapa de agotamiento y dieron pie al inicio del llamado Siglo de las Luces.
Hoy, el resultado ideal para Estados Unidos, Israel y el Medio Oriente es un
punto muerto análogo y una Paz de Westfalia musulmana. Estados Unidos debería
seguir una estrategia similar, permitiendo que los oponentes regionales del EI,
como Irán, libren la batalla.

La paciencia
permitió que Gran Bretaña se centrara en construir una fuerza científica,
tecnológica, financiera y militar sin paralelo. Cuando terminó la larga guerra
europea, la época de la Ilustración produjo avances comerciales, científicos,
tecnológicos, filosóficos y políticos, entre ellos, la constitución de Estados
Unidos.

Mientras que el
objetivo de Al-Qaeda es Occidente, el “enemigo lejano”, el objetivo del
supuesto califato de ISIS es el “enemigo cercano” (es decir, Irak, Siria,
Jordania, Líbano, el norte de África, el centro de Asia, Egipto e Israel). A
diferencia de Al-Qaeda, el grupo milenarista ISIS está viviendo el apocalipsis,
observando 1 500 años de doctrinas islámicas con la literalidad de aquellos que
imaginan que el mundo fue creado en seis días. El EI explicó las atrocidades que
cometió en París como una venganza por los ataques por tierra y aire
emprendidos por Francia en Siria, la intervención occidental más amplia en la
región. A pesar de los gritos proferidos por políticos y expertos de Washington
de que los ataques ocurridos en París y Bruselas significan “una amenaza
terrorista mundial”, el objetivo del Estado Islámico sigue siendo “el enemigo cercano”

El “califato de
marca” ofrece a los jihadistas europeos (que constituyen una proporción muy
pequeña de los musulmanes en ese continente) no sólo la jihad como Al-Qaeda,
sino un ejército y un estado islámicos. El atractivo utópico del EI es tan
poderoso hoy en día como lo fue la Unión Soviética de Stalin, la China de Mao,
la Cuba de Fidel y otras distopías.

¿Preocupado por los
jihadistas y los califatos mundiales? Sanciona a las entidades que financian a
los jihadiststas, busca un acuerdo internacional que pague un rescate a los secuestradores,
forma una presencia antiterrorista limitada en el extranjero que pueda atacar
los campos de entrenamiento en todo el mundo. Reconstruye la infraestructura de Estados
Unidos. Dirige tu mirada a
Asia. Manténte fuerte,
pero compórtate sabiamente.

Robert S. Leiken
es analista y comentarista que ha escrito acerca de América Latina, el
terrorismo, el comunismo y la inmigración. Su libro “Europe’s Angry
Muslims” (Los musulmanes furiosos de Europa, Oxford University Press) está
disponible ahora en rústica en una segunda edición revisada.

Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek