Los enemigos de Rousseff

Al
siguiente día de haber sufrido una histórica derrota en el Congreso de Brasil,
que aprobó el inicio del proceso de destitución en su contra, la presidenta
Dilma Rousseff se paró frente a los reporteros: “No vi en lo que se votó ningún
crimen de responsabilidad contra mí”.

Rousseff indicó que la
Constitución “ampara el impeachment,
claro, pero con ciertas causas determinadas. Tiene que existir lo que se
denomina crimen de responsabilidad. Y aquí no hay. ¿Entonces qué es? Es golpe”.

Dilma tiene poderosos
adversarios políticos, los ha tenido desde que comenzó a gobernar y, de acuerdo
con el expertos consultados por Newsweek
en Español
, son ellos quienes fabricaron el juicio político que busca
destituirla.

“Las causales que dan
origen a este juicio no se sostienen en la propia legislación brasileña”, expone
Gregorio Vidal, doctor en Estudios Latinoamericanos. A Rousseff se le acusa de
haber recurrido a préstamos de bancos públicos para cubrir programas de
responsabilidad del gobierno. Vidal, coordinador de Investigación y Posgrado en
la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAM Iztapalapa, explica:

“Se le juzga por una
falla administrativa. El método de los programas de apoyo que se ejecutan en
Brasil, el proyecto Hambre Cero, por ejemplo, es que el gobierno deposita en
los bancos los recursos que la población recibe, vía modalidad de tarjeta.

“¿Qué sucedió? -continúa-
En una de esas ocasiones el gobierno se atrasó, no depositó a tiempo. Los
bancos sí pagaron. Entonces, la acusan de contratar deuda sin autorización del
Congreso. Esa es la imputación más fuerte”. Esta práctica, según dijo la misma
Rousseff, la “han llevado a cabo otros presidentes brasileños sin que les haya
ocurrido nada nunca. En todo caso, no estaba destinada a que me enriqueciera
ilegalmente”.

Vidal, especialista en
economía internacional, Estado y política económica, indica: “Cualquier autoridad
que se atrase en pagar, contrata deuda no autorizada por el Congreso. En
México, por ejemplo, nos acabamos de enterar que Pemex tiene no sé cuántos
meses sin pagar a sus proveedores, tiene una deuda en los hechos y ésta no estuvo
autorizada. Aquí también podemos aplicar el mismo criterio, de acuerdo con los
diputados brasileños. Y, en ese caso, deberíamos de estar destituyendo en el
mundo a no sé cuántos presidentes por la misma situación”.

La Cámara de Diputados
de Brasil autorizó la solicitud para proceder al juicio político que implicaría
la destitución de Dilma. Ahora, corresponde votar al Senado. “Con la mayoría
simple es suficiente para que se separara del cargo”, dice Vidal.

Quien asumiría la
presidencia durante el proceso es el hoy vicepresidente Michel Temer, el peor
enemigo de Dilma en estos momentos, dirigente del Partido del Movimiento
Democrático Brasileño.

Regina Crespo,
investigadora del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de
la UNAM, afirma que “si Temer, que a mi modo de ver es un golpista, asume la
presidencia, todas las conquistas en el ámbito de las relaciones laborales, que
no vienen de ahora sino de los años 50, van a desaparecer. Esto es muy bueno
para los empresarios, sí, pero no para los trabajadores”.

Sí al juicio político

Tras
casi seis horas de debate, 367 diputados votaron a favor, 137 en contra, hubo
siete abstenciones y dos ausencias. Dilma, exguerrillera izquierdista de 68
años, presidenta de Brasil desde 2011, dijo a los medios sentirse “indignada,
víctima de una gran injusticia”.

“Lo que sucedió es
histórico en el peor sentido del término. En Brasil la democracia tiene vida
relativamente corta. Volvimos a ella a partir de 1985, cuando acabaron los 21
años de dictadura militar, pero en este momento se ponen en tela de juicio y en
riesgo todas las conquistas dentro de lo que es la democracia representativa”,
indica Crespo, doctora en Historia Social por la Universidad de Sao Paulo.

El investigador Gregorio
Vidal señala que el “fondo de la cuestión comienza a aparecer ahora que llega
información sobre que el vicepresidente Temer ya arma su equipo de gobierno y plantea
las líneas de una política económica. Lo que está trazando es radicalmente
diferente a lo ejecutado por el gobierno de Dilma. Se revela una intención de
modificación a fondo”.

Desde el momento en que
Rousseff resultó vencedora en la segunda ronda de votaciones en 2010, cuando obtuvo
el 56 por ciento del resultado, 13 puntos más que su contrincante, “diversos
partidos de oposición comenzaron una política en contra de su gobierno”, expone
Vidal.

“Numerosas iniciativas a
nivel del Congreso se han paralizado, sin embargo -continúa-. Es un sistema
político con una complejidad extraordinaria: más de 30 partidos, muchos de
ellos pequeñitos. Hay que estar negociando con todos. Ninguno tiene capacidad
por sí mismo de gobernar en ninguna de las cámaras.

“Hay dificultades en el
diseño del régimen político brasileño que facilitan que iniciativas de esta
naturaleza prosperen”. Dilma se había comprometido a presentar una propuesta de
reforma política. Vidal recuerda que, además de modificar estos errores, la
presidenta había “planteado un régimen que acepte una pluralidad que se exprese
de manera significativa y no en este atomización que caracteriza a Brasil”.

Este sería otro motivo
para destituirla. “Muchos partidos pequeños serían afectados. Tenemos
experiencia en México: se puede vivir de los beneficios que implica tener un
partido político con recursos disponibles. Ese elemento está presente en el
proceso brasileño”.

-Algunos dicen que es una “victoria dentro de la democracia”.

-¿Victoria? No puede
serlo si está fundada en elementos ilegales. Simplemente, quien conduce el
proceso, el presidente de la cámara, Eduardo Cunha, sigue como diputado pese a
tener diversos procedimientos, algunos graves, cuentas en Suiza. Se le vincula
al tema de Petrobras en términos de corrupción. Es quien sigue en la línea
sucesoria si el vicepresidente Michel Temer no ocupa el cargo de presidente.

Ayer martes, Dilma acusó
de nuevo de “golpista” al vicepresidente Temer y sostuvo que Cunha decidió en
diciembre el proceso de juicio político “por venganza”, pues el Partido de los
Trabajadores (PT) gobernante “se negó a protegerlo en la comisión de ética
sobre las cuentas secretas que posee en Suiza, en las que habría cobrado
sobornos de empresas vinculadas a contratos” con la petrolera estatal
Petrobras.

Al dirigir el proceso, Cunha,
dice Vidal, “defiende sus intereses. Es un mecanismo para mantenerse en
salvaguardia de juicios. Son 300 diputados brasileños los que tienen causas
iniciadas por conductas irregulares. Si se concluyera que algunas son incluso delictivas,
la lectura es que se pusieron de acuerdo para evitar ser procesados. Así es muy
difícil hablar de victoria democrática”.

El proceso de juicio
político, añade, se entiende “por los intereses personales de los diputados y de
sus pequeños partidos. El fondo es producirle una derrota política
significativa a Dilma y, en el camino, a Luiz Inácio Lula da Silva. Ya había
tomado fuerza el hecho de que él buscaría de nuevo la Presidencia en el 2018.
Las encuestas brasileñas reportaban que sigue siendo una figura apreciada”.

Que Lula regrese a
ocupar la presidencia de Brasil implica continuidad en la política social que
el PT ha desarrollado. “Eso no lo comparten los políticos opositores en Brasil
y grandes corporaciones brasileñas que están involucradas pero no han sido
mencionadas en la corrupción en Petrobras. Aquí hay poderosos bancos, grandes
medios de comunicación con un peso significativo. Muchos intereses. Todo está
juega en este contexto”.

***

Un
Congreso brasileño con treinta partidos diferentes. En este escenario, formar
una coalición de gobierno no es cosa fácil. El predecesor de Rousseff, quien la
eligió para que ocupara su lugar, Lula da Silva, negoció mejor, opinan los
expertos.

A finales de marzo, el
PMDB, liderado por Temer, tomó la decisión de salir de la coalición gobernante
presidida por Dilma. Un duro golpe a la presidencia. El primero. El segundo
llegaría cuando la mayoría de los diputados votaron a favor del impeachment y para defender su decisión
dieron razones diversas, absurdas casi en todos los casos: lo hicieron “por Dios”,
“por los evangélicos”, “por mi esposa”, “por mi hijo”.

“Es un Congreso
absolutamente clientelar. Mencionaron a Dios o su familia, pero no discutieron
lo que hacían: incriminar a una presidenta que no es corrupta, absolutamente.
Tratan de quitarla con el pretexto de un manejo fiscal que ni siquiera ha sido
juzgado en el ejercicio interior. Esto da cuenta de que no es un juicio técnico,
sino absolutamente político”, afirma la doctora Regina Crespo.

La profesora del
posgrado de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, oriunda del país del sur, advierte:
“Hay muchísimos intereses de parte de los sectores conservadores de Brasil e
internacionales también. Es una cuestión incluso de geopolítica regional. Uno
observa que en América Latina, muchos de los gobiernos progresistas están
cayendo. Hay un regreso de la centro derecha. Lo que pasa en Brasil es un
evento significativo importante dentro de este proceso mayor”.

Cuando Brasil comenzó a
ser gobernado por militantes del PT, primero Lula y ahora Dilma, “en el ámbito
de la política internacional hubo un protagonismo más claro del país en las
discusiones y el establecimiento del diálogo de la cooperación Sur-Sur, por
ejemplo, y en términos internos con el inicio de un gran programa nacional de
políticas de inclusión social. En este periodo se sacaron del hambre y la
miseria a 40 millones de personas. Eso no es nada pequeño”.

-¿Alguien se molestó por esta situación?

-Implicó un cambio en las
relaciones en el país, lo cual no agrada a estos sectores conservadores. De parte
del empresariado hay propuestas, y por eso afirmo que si Temer es presidente
las conquistas laborales van a desaparecer. Decir que los programas sociales
van a seguir está entre comillas, no creo que sea así.

Un sector no visible e
involucrado en el conflicto es el financiero, dice Crespo. “Los grandes bancos
que ganaron mucho durante el periodo de Lula da Silva fueron puestos un poco
aparte en el primer periodo de Dilma. Eso no les gustó. Entonces, la banca
pública en Brasil, que siempre fue muy importante para el desarrollo social y
económico, también está en riesgo porque no va a poder competir, no es su
papel”.

El otro factor a tomar
en cuenta es el presal: “Lo que estos grupos de políticos asociados a los
sectores golpistas quiere es, simplemente, quitar de Petrobras la prerrogativa
de tener siempre la posibilidad de estar explotando por lo menos 30 por ciento
de cada descubrimiento. Eso obviamente les interesa a las grande petroleras del
mundo. En lo particular, me llama mucho la atención el silencio de Washington.

“La gran mayoría de los
diputados está mancomunada con todos estos sectores, sin contar a los medios,
la TV Globo en primer lugar, que por supuesto está orquestando y fomentando esta
polarización social y animadversión en contra de Lula, Dilma, el Partido de los
Trabajadores y las fuerzas de la izquierda, para camuflar esos intereses políticos
y sobre todo económicos de por medio”.

Precipicio sin fin

La
crisis política en Brasil se agravó desde finales de diciembre pasado, cuando
el titular de Economía, Joaquín Levy, tras alejarse progresivamente de Dilma,
renunció al cargo. Los desencuentros eran ya una constante. Los medios
internacionales decían que el país atravesaba por la peor crisis económica de
su historia moderna.

“Tengo la fuerza, el
espíritu y el valor. No seré derrotada, no me paralizarán. Seguiré peleando y
pelearé como he hecho toda mi vida”, dijo Dilma el pasado lunes.

Pero la situación
brasileña, con el proceso de juicio político en contra de Rousseff, podría
complicarse. “Los brasileños -indica Crespo-, al enojarse con Dilma o Lula por
cuestiones menores, y me refiero al descuido fiscal por el cual se justificó el
impeachment,no se da cuenta de que el país va a entrar en un proceso de
inestabilidad política y económica del cual será muy difícil que salga. Descalificación
internacional y pérdida de espacios importantes en la política mundial.

“Vimos el círculo de
horrores que fue la votación, con un nivel absolutamente primitivo de los
diputados presentes. Incluso un señor exmilitar que es la voz del mayor
fascismo en el país y peligrosísimo, de nombre Jair Bolsonaro, dedicó su voto a
favor al coronel Ustra, reconocido como un torturador durante la dictadura
brasileña. El país está de cabeza, no se discute lo que se tiene que discutir.
Todo es un juego, un circo, para que caigamos al abismo. Esto será fatal para
la mayoría de la población”.

-¿El principal beneficiado en Temer?

-En el caso remoto de
que no hay proceso, borrón y cuenta, Dilma podría empezar a gobernar porque no
ha podido hacerlo desde 2014. El PSDB, que fue su contrincante en 2010, nunca
aceptó el resultado de las urnas y se movilizó para impedirlo. La presidenta ni
siquiera pudo establecer su decisión de tener a Lula como ministro.

“Percibo que el Senado
va a aceptar -agrega-. La cosa se pondría compleja. Quien asumiría sería Temer,
cuyo partido viene de la dictadura y es el más oportunista en la política
brasileña. Este hombre viene de las sombras, articula tras bambalinas y cree
tener legitimidad para ser el presidente.

“¡No le va a ser fácil!
Pero creo que todas estas fuerzas conservadoras, clientelares, oportunistas y
con intereses económicos lo van a apoyar para crear una agenda mucho más
neoliberal que la que hemos tenido en estos últimos 14 años, con total apoyo a
lo que plantee Estados Unidos y que hasta ahorita Lula y luego Dilma habían
podido torear. Las entrada de Chica e incluso Rusia quién sabe si pasarán, con
este gobierno tendremos una política totalmente progringa”.

-Usted da por hecho que el Senado aprobará.

-No quisiera pero es lo
más probable. No sé si viste las movilizaciones que hubo, un mar de camisas rojas,
y no por el PT. Lo importante ahora no es defender a este partido, pues también
tiene sus peros. Está involucrado en procesos de corrupción, no es ninguna
blanca paloma. Es mucho más grave el tema. Es una cuestión de defensa del
orden, del estado democrático de derecho que está siendo atropellado por
sectores que no piensan en el país. No quiero decir que la guerra está perdida
pero lo veo muy difícil.