A JACKIE DILL le es casi imposible hablar de su finca de la década de 1930 sin romper en llanto. “Nos sentimos tan indefensos y desesperados”, dice la mujer de 65 años, sollozando calladamente con su marido, Jim, a un lado. “Trato de ser una persona valiente, pero esto me arranca el corazón. El año pasado fue infame. Contenía el aliento todos los días”.
En Oklahoma, un hogar de piedra o ladrillo podría salvarle de un tornado. Pero podría matarle si hay un terremoto, y los Dill, quienes viven en la casa de hacienda de un piso y piedra y cemento con sus cinco perros, se han visto abrumados por los temblores. “Cada año ha empeorado”, dice Jackie. “Conté 34 terremotos en un solo día el año pasado. Sabes cuando uno viene porque hay un estruendo como un trueno en el suelo y los perros empiezan a aullar. Luego hay una gran explosión y una caída. La gran explosión es el suelo al quebrarse. Bajo nuestra casa, que está construida sobre arena, la tierra está cediendo”.
Los terremotos han resquebrajado los cimientos de su casa, las paredes, las ventanas, los alféizares y la tubería. Un terremoto de magnitud 4.4 en noviembre pasado rompió las vigas y separó el porche del frente de la casa, el cual ahora está hundido por debajo del suelo en una esquina, explica.
Cuando los Dill se mudaron por primera vez a Coyle, Oklahoma, un pueblo rural con sólo unos pocos cientos de personas a 60 kilómetros al noreste de la ciudad de Oklahoma, no notaron ningún terremoto. Eso fue en 2006. Cuando los precios de la energía alcanzaron niveles récord en 2008, perforadores de petróleo y gas acudieron en masa al condado de Logan. Los Dill se inquietaron por el ruido y la contaminación —una torre a kilómetro y medio de distancia mantiene a Jim despierto por la noche, dice Jackie—, pero no esperaban los terremotos.
Ella dice que un constructor local recientemente fue a ver la casa. “Él dijo: ‘Lo siento, Jackie’, y me tomó la mano. El daño era catastrófico, mayor que el valor de nuestra casa”. Ellos no tienen seguro contra terremotos y no pueden costear las reparaciones. “Incluso si tuviéramos los recursos, la casa podría verse afectada otra vez”, dice ella.
El condado Logan ha sido una de las áreas más afectadas. Empezó a sentir los tremores en 2012. Desde entonces, Jackie ha llevado un registro y ha contado más de 20 temblores en el área de Coyle registrados en 4.0 o más altos e incontables más pequeños, los cuales han aumentado en frecuencia e intensidad cada año.
Los perforadores en Oklahoma dependen de nuevos avances en la tecnología de fracturación hidráulica (o fracking), la cual implica inyectar cantidades enormes de agua muy hondo bajo tierra, lo cual puede disparar actividad sísmica. En abril de 2015, el Departamento Geológico de Oklahoma, de la Universidad de Oklahoma en Norman, publicó una declaración que pasmó a muchos oklahomeses: la tasa de terremotos registrados en 3.0 o más altos en el estado habían “aumentado de uno y medio al año antes de 2008 al promedio actual de 2 y medio por día”. Por primera vez, también le echó la culpa a la industria del petróleo y gas por “la mayoría de los terremotos recientes”, calculando que la tasa de terremotos había alcanzado su máximo de “aproximadamente 600 veces” el promedio histórico.
Incluso con esa advertencia seria, miembros de la legislatura estatal y la gobernadora republicana de Oklahoma, Mary Fallin, no han actuado con la suficiente rapidez, dice Cory Williams, un abogado y representante estatal demócrata por Stillwater, Oklahoma, que fue golpeado por un terremoto de magnitud 5.1 en febrero, el tercero más grande del estado (el más grande fue en 2011 en Prague, que registró 5.6.)
“Pienso que se requerirá de múltiples muertes o lesiones y una significativa pérdida de propiedades antes de que veamos realmente un cambio”, dice Williams, quien vive a 32 kilómetros de Coyle y calcula que un tercio de los oklahomeses es afectado por los terremotos. “Pedí una suspensión [al fracking] hace tres años, pero no vamos a aprobar ninguna legislación que pudiera ser en absoluto perjudicial para la industria del petróleo y gas”.
La Asociación Independiente del Petróleo de Oklahoma (OIPA, por sus siglas en inglés), el gremio más grande de la industria, todavía no ha reconocido un vínculo directo entre las prácticas de campo de sus miembros y los terremotos, y ha pedido más estudios sobre el asunto (la OIPA no contestó las peticiones de comentarios de Newsweek). Mientras tanto, el 28 de marzo el Departamento Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) publicó su pronóstico anual de riesgo sísmico, el cual, por primera vez, tomó en cuenta terremotos inducidos. “La eliminación de aguas residuales —escribió la agencia— fue la causa primaria de eventos recientes en muchas áreas [del centro y este de Estados Unidos]”.
Oklahoma tiene una historia de perforación petrolera y gasera que se remonta a más de un siglo. Hasta mediados de la década de 1930 fue uno de los principales productores de petróleo, y la perforación alcanzó un máximo en 25 años en 2014. “Crecimos juntos, todos nosotros y la industria del petróleo y gas”, dice Williams. “Así que toleramos mucho más riesgo del que jamás debimos… Odiamos a los abogados, pero si nuestros líderes no hacen lo suficiente para reducir los eventos sísmicos, los ciudadanos no tendrán otro recurso que las cortes en este punto”.
El año pasado, la Suprema Corte de Oklahoma dictaminó que la gente podía demandar a las compañías energéticas por daños derivados de pérdida de propiedad y lesiones personales (ha habido muchas, pero todavía ninguna muerte).

Sólo hay una pega: cualquier ciudadano que demande a compañías de petróleo y gas por daños en Oklahoma puede ser obligado a pagar los costos legales de la industria si la persona pierde el caso. Ello significa que una demanda no es una opción para gente como los Dill. “Nuestra propiedad ha perdido mucho de su valor, pero no podemos darnos el lujo de demandar porque podríamos perderlo todo”, dice Jackie. De esta manera, las demandas afectan a los más pobres de Oklahoma.
Ahora una demanda presentada por el Sierra Club en la ciudad de Oklahoma toma un rumbo diferente. En vez de buscar daños bajo la ley estatal, está demandando medidas cautelares de un juez bajo la ley federal para que detenga los terremotos, acusando que cuatro grandes compañías de petróleo y gas —Chesapeake Energy, New Dominion, Devon Energy y SandRidge Exploration and Production— están violando una ley federal de manejo de desperdicios, poniendo en peligro tanto a los oklahomeses como al medioambiente (las compañías se negaron a comentar).
“Las demandas por daños miran hacia atrás. Esto es inusual en el sentido de que nuestra intención es evitar eventos futuros como un terremoto en verdad grande”, dice Richard Webster, abogado principal de la demanda y un alto litigante de Public Justice, una firma legal sin fines de lucro con oficinas en Washington. Hidrogeólogo de formación, dice que, según su conocimiento, es la primera demanda en Estados Unidos que se haya presentado para evitar terremotos.
En 2015, Oklahoma fue una de las regiones con más actividad sísmica del mundo, según el USGS, al registrar más de 6000 temblores; casi 1000 de ellos registrados en 3.0 o más altos. Aun cuando la mayoría de los terremotos son naturales, los de Oklahoma son provocados por el hombre, y prevenibles, dice Daniel McNamara, un investigador de geofísica en el Centro de Ciencias de Riesgos Geológicos del USGS en Golden, Colorado.
“Nunca he visto algo como esto —dice—. El aumento no tiene precedentes para la cantidad de terremotos en un área. En el caso de Oklahoma, está claramente conectado a la inyección de aguas residuales en el suelo por la industria del petróleo y gas”. Él calcula que, incluso si se detuviera de inmediato la exploración de petróleo y gas, podría tomar una década o más para que los temblores disminuyan.
Johnson Bridgwater, director del Sierra Club en la Ciudad de Oklahoma, dice que los terremotos han sido violentos en la parte central de la ciudad. “Me resulta increíble que hayan pasado 18 000 terremotos en este desorden y nadie haya muerto todavía”, manifiesta.
El fracking involucra disparar agua dentro del suelo para liberar el petróleo y gas del esquisto, pero la mayoría del daño es provocado por la liberación de una cantidad enorme de aguas freáticas antiguas y tóxicas; alrededor de 12 a 50 barriles por cada barril de petróleo producido, dice Kyle Murray, un hidrogeólogo del Departamento Geológico de Oklahoma. Una vez que se extraen el petróleo y el gas de las aguas freáticas contaminadas, estas últimas son inyectadas de vuelta en la tierra a través de pozos de eliminación que se extienden por miles de metros abajo. Esto dispara la actividad sísmica en fallas subterráneas, algunas de las cuales no se habían activado por millones de años.
Los pozos de eliminación han proliferado recientemente en el centro y noroeste-centro de Oklahoma, donde se concentran mayormente los terremotos, señala Murray, quien cita datos que ha recabado desde 2012. “La cuestión es: ¿cómo reducimos el volumen de agua que estamos eliminando?”, se pregunta. “Esta es agua muy sucia, pero estamos viendo tecnología que podría ayudarnos a tratarla” para que el agua pueda ser reutilizada para su eliminación en superficie, lo cual aliviaría la tensión en las fallas que provocan los terremotos.
En semanas recientes, la Comisión Corporativa de Oklahoma (OCC, por sus siglas en inglés), el principal vigilante de la industria del petróleo y gas del estado, ha pedido a las compañías energéticas que reduzcan la cantidad de aguas residuales que inyectan en las áreas más proclives a terremotos del estado. La OCC también ha cerrado pozos de eliminación en Cushing, Oklahoma, hogar de las instalaciones de almacenamiento petrolero y oleoductos en tierra firme más grandes del mundo, y que fue golpeada por temblores de 4.0 y más altos en 2015, lo que alarmó al Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el cual considera la infraestructura de Cushing como crucial para la seguridad nacional.
“La meta es ser capaces de manejar el riesgo de la sismicidad aumentada, de la misma manera que manejamos la contaminación”, dice Matt Skinner, portavoz de la OCC.
La demanda de Sierra Club busca ir más allá al insistir en que las compañías energéticas “reduzcan, inmediata y sustancialmente, las cantidades de residuos en la producción que inyectan al suelo”. También busca una orden que exija un monitoreo independiente de terremotos y un centro de predicción y una mejor manera de verificar los datos de inyección de aguas residuales recibidos por el estado, el cual actualmente es autoinformado por la industria de manera anual. Esta última situación lleva a datos pobres y “deja espacio para malos actores”, dice Williams, el representante demócrata.
“A veces me siento increíblemente irresponsable por quedarme a librar esta batalla y tener a mis hijos aquí”, dice Williams, padre de dos niños. “Cuando tenemos un tornado, sabemos que viene y podemos prepararnos para ello. Para esto no te puedes preparar. Nunca sabes cuándo va a golpear. Hace muchos estragos en tus nervios. Estás acostado en la cama, pensando: ¿será esta la ocasión en que la tierra se abra debajo de mí? Oh, sólo es otro de 4.0”.
Ha habido un motivo de alivio: la reciente caída en los precios del petróleo y gas ha reducido las perforaciones. “Nos salvó la economía mundial”, dice Williams. “Si el petróleo se hubiera quedado en 75 dólares por barril, habría sido sólo una cuestión de tiempo antes de un evento horrendamente trágico”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek