Una mañana fría y ventosa, en una ladera helada que domina el mar, un pequeño y aterido grupo se reúne alrededor de una gran roca. El hielo del suelo cruje cuando una turista china, envuelta en una capa negra con cuello de piel, se arrodilla y alarga el cuello hacia la piedra, al tiempo que una gran espada se alza sobre su cabeza.
Por fortuna para Cawei Hua, la visitante de 24 años de Shanghái, la espada es de plástico, la capa es utilería prestada, y la colina —en Cairncastle, Irlanda del Norte—, una escala habitual en uno de los numerosos recorridos por las locaciones que celebran la saga literaria de George R. R. Martin, posteriormente convertida en la serie fantástica de HBO Game of Thrones. La roca de Cairncastle señala el punto donde Ned Stark, interpretado por el actor Sean Bean, ejecutó a un desertor en la primera temporada de la serie. En los casi seis años transcurridos desde aquella escena, el programa se ha transformado en un fenómeno global (la sexta temporada inicia el 26 de abril), e Irlanda del Norte —donde se lleva a cabo la mayor parte de la producción— ha cosechado las recompensas.
Es una locación popular de los recorridos de Cushendun Caves, ubicada bajo la población costera de Cushendun y formada a lo largo de 400 millones de años por acción del inclemente clima de Irlanda del Norte. Allí, la hechicera roja Melisandre, interpretada por Clarice van Houten, da a luz a un “bebé de sombra” mágico. Las cuevas son también la única entrada al convento de la localidad, cuyas monjas probablemente se sintieron muy confundidas de ver a los turistas reinterpretando la escena para hacerse fotos. Para Hua, esos recorridos brindan la oportunidad de conocer una parte de Gran Bretaña, a la vez de admirar locaciones de un programa que ella, y millones como ella, sintonizan en China.
Millones de turistas están concurriendo en el país, muchos lo hacen para ver las locaciones que saltaron a la fama en Game of Thrones, embarcándose en viajes de autobús de hasta ocho horas, parando en castillos, colinas, cuevas y playas para tomarse selfies con espadas y escudos. El nivel de fanatismo ha planteado algunos desafíos a los productores. Si bien la saga literaria de Martin, que lleva el título de A Song of Ice and Fire (Canción de hielo y fuego), ha dictado hasta ahora lo que sucede en la adaptación para la pantalla chica, el programa superará las novelas en la próxima temporada. Aunque mantener las dos historias alineadas no ha representado un problema (Martin ha estado colaborando en los guiones para que, al terminar los libros nuevos, ambas tramas guarden correspondencia), el hecho de que los capítulos televisivos presagien los libros ha intrigado aún más a los ya obsesionados fanáticos quienes, compulsivamente, buscan pistas, avances, y hasta spoilers.
Según Robert Boake, gerente de locaciones en Irlanda del Norte, cuando están rodando el programa, en pleno verano, el equipo tiene que rechazar cada vez más autobuses, en ocasiones hasta siete en un día, todos buscando dar un vistazo a futuros acontecimientos en Westeros, el país ficticio en que se basa Game of Thrones. “Hay más paparazzi siguiéndonos”, informa Boake, y agrega que “los drones son un problema creciente. Ahora, cuando filmamos, debemos tomar en cuenta que la gente estará muy interesada en conocer la trama. Es definitivo que nos siguen más que antes”.

Podría parecer que Irlanda del Norte es un lugar muy extraño para producir un programa de televisión exitoso, pero para los creadores de Game of Thrones, quienes necesitaban extensos paisajes y asentamientos pasaderamente medievales, el país estaba bien dotado y ofrecía acceso fácil. Tampoco venía mal que Martin, el autor de A Song of Ice and Fire, hubiera basado muchas de las descripciones geográficas de sus novelas en escenarios del Reino Unido.
Conseguir la producción de un tremendo éxito televisivo puede ser muy beneficioso para un país pequeño. El ejemplo más famoso de la magia del cine en el producto interno bruto de una nación fue la trilogía, increíblemente popular, de Peter Jackson, El señor de los anillos (y la posterior trilogía El hobbit), la cual volvió casi obligatorio visitar los paisajes de fantasía de Nueva Zelanda. En un año, hasta septiembre de 2001 —tres meses antes del estreno de La hermandad del anillo (la primera entrega de la trilogía inicial)—, Nueva Zelanda publicó ganancias por 5300 millones de dólares derivadas del turismo internacional. En el año previo a marzo de 2014, el país ganó 10 300 millones de dólares con el turismo. Si bien Forbes señala que es difícil determinar si dicho incremento se relacionó directamente con El señor de los anillos, al menos 80 por ciento de los turistas manifestó estar enterado de que las dos trilogías fueron rodadas en el país, aunque esa no fuera la única razón citada para la visita. Y eso, sin mencionar las cantidades que todas las producciones (tanto las de El señor de los anillos como las posteriores) desembolsaron en los pequeños negocios neozelandeses.
Hace ocho años, Irlanda del Norte apostó a que Game of Thrones tendría el mismo efecto en su PIB. En 2008, Northern Ireland Screen, agencia patrocinada por el gobierno con la misión de incrementar la cantidad de contenidos cinematográficos, televisivos y digitales producidos en el país, se reunió por primera vez con HBO para hablar del programa. A fin de incentivar a la cadena a anclar la producción en el país, Northern Ireland Screen pagó la cuenta de 4600 millones de dólares para producir el piloto y la primera temporada. Llegada la quinta temporada, el año pasado, Northern Ireland Screen había invertido un total de 17 600 millones de dólares en la serie, con un rendimiento de 162 millones de dólares desembolsados por el elenco y personal de HBO en hoteles, transporte y demás costos de producción.
Esas cifras no incluyen el dinero generado por el turismo. Aun cuando el impacto financiero de Game of Thrones no ha sido documentado por las organizaciones turísticas de Irlanda del Norte, la gran cantidad de compañías que han comenzado a operar desde que se estrenó la serie (ninguna de ellas afiliada con HBO) es buen indicador de su efecto en la industria. Muchos visitantes van a Ballintoy, pequeña población pesquera en la costa norte del país, donde se filman las escenas de las Islas de Hierro, o a Carnlough Harbor donde, recientemente, la actriz Maisie Williams (Arya Stark en el programa) fue vista filmando escenas de la sexta temporada. Algunos recorridos, como el grupo Thrones and Stones, también muestran algunos atractivos turísticos norirlandeses que aún no figuran en la serie, incluido Giant’s Causeway, donde columnas de basalto emergen del mar en el fondo de espectaculares acantilados, y Carrick-a-Rede Rope Bridge, un puente colgante suspendido a 30 metros sobre el mar.
Más que simplemente beneficiar el comercio turístico, el programa también ha creado oportunidades para talentos cinematográficos existentes, lo que conducido al surgimiento de nuevos cineastas y escritores. Northern Ireland Screen afirma que Game of Thrones ha dado confianza a inversionistas potenciales para construir dos nuevos estudios de cine y televisión en Belfast, la capital.
A resultas del éxito del programa, otros proyectos de producción han tocado tierra en Irlanda del Norte, como la película de horror de Universal Pictures Dracula Untold (Drácula: la leyenda jamás contada), y el drama de la BBC sobre un asesino en serie, The Fall. Mas el país no siempre ha resultado atractivo. Richard Williams, de Northern Ireland Screen, recuerda una época previa a Game of Thrones cuando su organización iba a Los Ángeles y Londres para generar interés en realizar producciones en Irlanda del Norte. “En Los Ángeles fue un cero absoluto. En Londres no tanto, pero la recepción no fue del todo entusiasta —dice—. Si las personas con quienes hablamos ahora no nos conocen, al menos saben que Game of Thrones está anclada en Irlanda del Norte. Eso nos da una plataforma de credibilidad que antes no existía”.
“La maquinaria de Game of Throneses mucho más grande de lo que fue al principio”, interpone Boake. “El tamaño y la escala de la producción actual, y el nivel de ambición de cada año han aumentado definitivamente”. El equipo de locaciones de Boake ha crecido de cinco personas hace ocho años, a 20 en la actualidad. “Verás más grúas que nunca antes; más remolques, camiones, gente, caballos, marquesinas”.
La sexta temporada, próxima a estrenarse, incluirá la escena de batalla más grande que se haya filmado hasta ahora en la serie, reveló a Entertainment Weekly el guionista y productor Bryan Cogman. No se ha filtrado información de la escena, pero se rumora que incluye cientos de extras y sin duda creará una nueva escala para futuros recorridos turísticos, con espadas de plástico y toda la cosa.
Están por publicarse dos libros nuevos de A Song of Ice and Fire, pero se desconoce cuántas temporadas más tendrá la serie. HBO ha renovado Game of Thrones hasta la octava temporada (sus creadores han dicho que no la visualizan prolongándose más allá); sin embargo, se sabe que una cantera de Irlanda del Norte, utilizada regularmente en el rodaje, ha sido alquilada durante 15 años. Pero, a fin de cuentas, no importa cuánto dure la serie ni cuándo se marchen los drones y los buscadores de spoilers. Nueva Zelanda es testimonio de que los beneficios para las industrias cinematográfica y turística de Irlanda del Norte serán perdurables.
—
Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek