Posgrados por necesidad

Esta es una época de estudiantes eternos. Debido a la escasa y mal remunerada oferta de empleo, jóvenes menores de 30 años optan por buscar becas para estudiar un posgrado. Pero el círculo es vicioso: a temprana edad están sobrecalificados y cualquier trabajo les parece poco, ya que la remuneración que les ofrecen en los trabajos no es adecuada para su nivel de estudios. 

En México es el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) el organismo dedicado a otorgar estímulos financieros para quienes deciden estudiar posgrados. De acuerdo con los datos publicados en la página web de dicha institución, de junio a septiembre de 2015 hubo 56 mil 940 becarios a nivel nacional y 5 mil 473 en el extranjero.
Cada uno de los estudiantes nacionales recibió entre 12 mil 616 y 9 mil 463 pesos mensuales –según el nivel que cursaban-, mientras que la mensualidad para los extudiantes en el extranjero fue mil 100 dólares. Durante el periodo que dura la beca, dos años para maestría y cuatro para doctorado, estas personas cubren más o menos sus gastos diarios, sin que la mayoría de ellos pueda salir de casa de sus padres y hacer una vida independiente.
Una vez terminado el posgrado, el 85 por ciento de estos jóvenes se integra a la docencia y posteriormente a la investigación, aunque cada vez es más común escuchar a los becarios quejarse de lo difícil que es conseguir horas de clase en alguna institución educativa, de niveles medio y superior, pública o privada, y ya no digamos una plaza como investigador.
Sin embargo, conseguir una beca no quiere decir que la persona esté optando por el camino fácil, pues la exigencia académica es fuerte y los estándares de calidad que estos jóvenes deben cumplir son muy altos. Así que antes de buscar una beca para resolver sus problemas financieros, deben preguntarse qué tanto les gusta estudiar y vivir entre salones de clases, libros y apuntes.