En una nueva y reveladora entrevista,
Bernie Sanders denunció las políticas comerciales de Estados Unidos, argumentando
que, para los estadounidenses, es demasiado fácil hacer negocios con países en
vías de desarrollo que tienen sueldos bajos y condiciones de trabajo “cercanas
a la esclavitud”.
De acuerdo con Sanders, “No haré
que los trabajadores estadounidenses ‘compitan’ contra [los países en vías de
desarrollo] en esas condiciones.”
Sanders dice que no se opone al
comercio internacional, pero desea un “comercio justo” en lugar del
libre comercio. “El libre comercio irrestricto ha sido un desastre para el
pueblo estadounidense,” señaló en una entrevista con Vox, realizada el año
pasado
Entonces, ¿qué es lo que constituye un
comercio justo, de acuerdo con Sanders? Él piensa que el comercio justo supondría
renegociar los acuerdos comerciales de Estados Unidos de manera que sólo incluyan
a aquellos países que tengan “salarios… aproximadamente equivalentes y estándares
ambientales [como los de] Estados Unidos.”
Esta propuesta debería tener un impacto
en la conciencia de cualquier persona que se preocupe sinceramente por el
bienestar de los pobres de todo el mundo. Un estándar de esa naturaleza restringiría
gravemente el comercio con los países pobres y eliminaría las oportunidades económicas
que proporciona el mercado estadounidense.
Consideremos lo siguiente: los
estadounidenses comunes, que no se consideran a ellos mismos como ricos, en
realidad forman parte del grupo de personas más adineradas del mundo.
De acuerdo con Pew, 88 por ciento de
los estadounidenses forman parte de la clase media alta, y 56 por ciento forman
parte de la clase de mayores ingresos. Por contraste, sólo 16 por ciento de la
población mundial forma parte de los grupos de más altos ingresos, mientras que
71 por ciento se clasifica en los grupos de “bajos ingresos” y
“pobres”, que viven con menos de 2 y 10 dólares diarios respectivamente.
Hay menos de mil millones de no estadounidenses
que pertenecen a las clases alta y media alta.
Esencialmente, Sanders cree que debemos
dejar de hacer negocios con la gran mayoría de la población mundial por haber
cometido el crimen de no ser tan ricos como nosotros.
Sus opiniones sobre el comercio
traicionan sus principios igualitarios. Como lo señala el escritor sueco Johan Norberg:
Cuando
los sindicatos, cuando los proteccionistas, cuando las corporaciones no competitivas
de Estados Unidos dicen que no debemos comprar productos de países como Vietnam
debido a sus estándares de trabajo, no es más que una muestra de que no han
comprendido nada. Dicen: “Miren, ustedes son demasiado pobres para
comerciar con nosotros. Y eso quiere decir que nosotros no comerciaremos con ustedes.
No compraremos sus mercancías hasta que sean tan ricos como nosotros.”
Esto es totalmente retrógrado. Estos países
no se volverán ricos si no son capaces de exportar mercancías.
Los países pobres tampoco podrán beneficiarse
de los avances en las condiciones de trabajo y ambientales que acompañan al desarrollo
económico y al cambio tecnológico. Eliminar o restringir el comercio con los países
pobres es exactamente lo que no se debe hacer para lograr que el mundo sea un
mejor lugar, especialmente si nos preocupan los salarios y las condiciones de
trabajo de las personas pobres.
Diversas investigaciones demuestran que
la reducción de las barreras para hacer negocios a través de acuerdos de libre
comercio con los países pobres alivia la pobreza en estos últimos al expandir el
volumen de sus exportaciones. Por ejemplo, el economista Brian McCaig descubrió
que la reducción, por parte de Estados Unidos, de los aranceles a las
importaciones de Vietnam provocó un crecimiento económico en Vietnam que redujo
considerablemente la proporción de vietnamitas que vivían en la pobreza.
De forma semejante, en una investigación
realizada por John Romalis de la Universidad de Chicago se descubrió que la
imposición de aranceles y barreras comerciales “a los países desarrollados y en
vías de desarrollo restringe en gran medida el comercio de estos últimos países,
lo cual puede perjudicar de manera importante el crecimiento de los países
pobres.”
Este investigador calcula que la
eliminación de todos los aranceles a las exportaciones provenientes de los países
en vías de desarrollo aumentaría los índices de crecimiento de los ingresos per
cápita en una proporción de entre 0.6 y 1.6
por ciento al año en los países pobres. Esta sería una aceleración considerable
y adicional del desarrollo económico.
Sanders se lamenta cuando los
fabricantes del país trasladan sus operaciones a países de bajos ingresos, pero
no se da cuenta de cómo todo esto mejora notablemente el bienestar de los
pobres en esos países. En un estudio reciente, los economistas Hyejoon Im y
John McLaren descubrieron que la inversión extranjera en los países pobres
reduce la pobreza y la desigualdad de ingresos porque, entre otras cosas, las
compañías multinacionales “compiten con el capital nacional para atraer a
los trabajadores nacionales, reduciendo las ganancias de capitalistas
nacionales y aumentando los ingresos de los trabajadores nacionales.”
¿Qué piensa Sanders que ocurrirá si las
compañías trasladaran de vuelta a Estados Unidos toda la producción que
realizan en los países de bajos ingresos?
¿Qué cree que ocurriría si Estados
Unidos detuviera o restringiera las mercancías provenientes de los países
pobres?
La respuesta es dolorosamente obvia.
Daniel Drezner, experto en comercio, explica, “Si Sanders impusiera importantes
barreras comerciales a [los países de bajos ingresos, como] China, es probable
que la clase media marginal, o aquellos que acaban de salir de la pobreza,
acaben cayendo nuevamente en la miseria.”
Esta es la realidad que Sanders se empeña
en ignorar: incluso si aceptamos la idea evidentemente falsa de que la mayoría
de los estadounidenses se han visto perjudicados por hacer negocios con los países
pobres, su política de “comercio justo” no sólo devastaría a miles de
millones de pobres en el mundo, sino que lo haría para la comodidad y el
bienestar de unos cuantos estadounidenses comparativamente adinerados.
Los igualitaristas sinceros y, de hecho,
todas las personas que se preocupan realmente por los pobres del mundo deben
rechazar la política de “comercio justo” de Sanders, que no es más que
nacionalismo y redistribución de los pobres del mundo a los ricos del mundo.
En lugar de ello, deberían adoptar el
libre comercio que es, como lo reconoce el sitio progresista Vox, “una de las
mejores herramientas que tenemos para combatir la pobreza extrema.”
Este artículo apareció por primera vez en el sitio de la Fundación para la Educación Económica.
Corey Iacono es estudiante de la
Universidad de Rhode Island; se especializa en ciencias farmacéuticas y estudia
economía como materia secundaria. Es miembro Thorpe FEE 2016.
Publicado en colaboran con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek