Lo que ellas quieren

Desde que Alfred Kinsey observó por primera vez parejas copular en su ático, los investigadores han estado en una búsqueda para entender lo que nos mueve en la cama, y qué hacer cuando ya nada se mueve. Sin embargo, aun cuando la industria continúa tratando enérgicamente la disfunción sexual masculina, piensa muy poco en lo que ella quiere.

Las mujeres tienen un solo medicamento para la baja libido: Addyi (flibanserina), aprobado en agosto para el trastorno de deseo sexual hipoactivo. Pero la pequeña píldora rosa no es viagra; su rendimiento ha decepcionado a los médicos clínicos, las mujeres y los accionistas de Valeant Pharmaceuticals. Se dice que la medicación diaria tiene una eficacia cuestionable, efectos secundarios potencialmente peligrosos y costos de 800 dólares al mes. En contraste, los hombres tienen varias opciones para mantener las cosas arriba: cuatro píldoras para la erección, inyecciones y supositorios uretrales, sin mencionar ese viejo repuesto, la bomba para el pene.

“La mayoría de los investigadores son hombres, y es mucho más fácil probar la respuesta en los varones, especialmente para la disfunción eréctil”, dice Beverly Whipple, profesora emérita de la Universidad Rutgers y coautora de The G Spot and Other Recent Discoveries About Human Sexuality.

Algunos podrían explicar la disparidad al señalar que la ciencia ve los retos de los hombres en la recámara como principalmente físicos, mientras que los de las mujeres se atribuyen típicamente a un desequilibrio psicológico o neuroquímico. En 2013, la comunidad médica actualizó el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, combinando la disfunción femenina de deseo hipoactivo (definido como falta de interés o deseo por el sexo, al punto en que causa aflicción) y la disfunción femenina de excitación en un solo síndrome conocido como trastorno de interés/excitación sexual. De los estudios médicos registrados en ClinicalTrials.gov, 341 son sobre la disfunción eréctil, mientras que sólo 46 son sobre el trastorno de interés/excitación sexual femenino. Esta simplificación excesiva de la libido femenina también refleja las suposiciones de la ciencia sobre lo que las mujeres quieren.

“Se tiene que escuchar a las mujeres y documentar lo que ellas dicen que les es placentero, no tratar de encajarlas en un patrón de cómo responder sexualmente”, explica. No se trata de la Gran O. O esa pildorita rosa.

Fuente: ClinicalTrials.gov

Publicado en cooperación con Newsweek /