El futuro de las fábricas

SI LA GENTE en 3D Hubs está en lo correcto, los candidatos presidenciales pueden dejar de explotar la promesa de traer de vuelta la manufactura de China o Bangladés o donde sea. La tecnología hará inevitable este cambio. En la siguiente década desaparecerá la dinámica comercial que hace parecer una buena idea el que muchas compañías de Estados Unidos fabriquen en el extranjero. El mismísimo concepto de una gran fábrica pitando con el tiempo será tan anacrónico como un personal de secretaría.

Más bien, van a hacer la mayoría de las cosas a la medida en pequeñas fábricas justo en su vecindario o ciudad, lo bastante cerca para que puedas pasar a recogerlas, o tal vez te dejen un drone en tu puerta. Las fábricas en esencia se separarán, esparcirán y volverán locales. Como lo dice Bram de Zwart, cofundador de 3D Hubs: “¿por qué poner mil máquinas en un solo lugar cuando puedes poner una máquina en mil lugares?”

Tal es la promesa de la “fabricación distribuida”. El Foro Económico Mundial el año pasado la nombró una de las tendencias en tecnología más importantes que observar. Se espera que tenga un impacto poderoso en los empleos, la geopolítica y el clima. Y aun cuando enormes fábricas distribuidas podría parecer un poco descabellado en 2016, un puñado de compañías empieza a hacerlo realidad.

3D Hubs, una compañía incipiente con oficinas en Ámsterdam y Nueva York, es una de ellas. Su negocio hoy no se ve como una amenaza sin cuartel al dominio global de China en la manufactura. Sólo es una red que conecta impresoras 3-D de calidad industrial, alrededor de 28 000 de ellas en 156 países. Si tienes un diseño 3-D que quieres hacer, puedes ir a la plataforma de 3D Hubs, hallar una impresora cercana que puede manejar tus requisitos, cargar el archivo y luego pasar a recoger el producto terminado.

Así, decir que 3D Hubs será la fábrica más grande del mundo es más o menos como llamar a Airbnb el hotel más grande del mundo, lo cual es decir que puedes verlo de esa manera mientras entrecierras los ojos después de varios tragos de tequila. Las impresoras 3-D han avanzado mucho en los últimos años, pero todavía están limitadas en lo que pueden producir. La mayor parte del negocio de 3D Hubs ahora es hacer prototipos para arquitectos y diseñadores, alrededor de 30 000 impresiones 3-D al mes.

Aun así, De Zwart da una imagen persuasiva de hacia dónde se encamina. Las impresoras 3-D mejoran con rapidez, se abaratan y difunden como locas, como es a menudo el caso con la tecnología nueva. Siemens predice que la impresión 3-D se abaratará 50 por ciento y cinco veces más rápido en los próximos cinco años. Gartner Group supone que el mercado de la impresión 3-D, de sólo 1600 millones en 2015, se disparará a 13 400 millones para 2018.

Y la tecnología sigue haciéndose más sofisticada, capaz de hacer productos aún más complejos. No está fuera de discusión que, dentro de poco, las impresoras 3-D sean capaces de hacer un buen tenis.

“Quiero trabajar con una compañía como Nike y mover la fabricación a donde está la demanda”, dice De Zwart. Imagina lo que eso significaría. Hoy, Nike fabrica la mayoría de sus zapatos en China, Indonesia y otros países asiáticos. Esto tiene sentido porque la mano de obra es una parte enorme del costo de hacer un zapato, y la mano de obra es mucho más barata en gran parte de Asia que en Occidente. Para lograr las economías de escala, Nike opera fábricas enormes que producen zapatos en masa y con anticipación de la demanda y los envía a los minoristas de todo el planeta, y los minoristas luego venden algunos zapatos a los clientes y se deshacen del resto. En este modelo, el desperdicio enorme y los costos de transportación lo valen.

Ahora considera cómo cambia ese modelo si alguno de los zapatos de Nike pudiera imprimirse económicamente en, digamos, 20 minutos. Las tiendas se convertirían en salas de muestras sin inventarios. Ningún zapato se haría hasta que se ordenara y, cuando eso pasara, el diseño se enviaría a una impresora cerca del hogar del cliente, listo para recogerse o entregarse ese mismo día. Ya no más desperdicio. Ya no más costos de transportación. Ya no más necesidad de mano de obra barata en el extranjero para llenar fábricas gigantescas.

Las fábricas serán empresas pequeñas ubicadas cerca de centros de demanda. Una compañía como Nike se enfocaría en el diseño y el mercadeo, y certificaría operaciones de impresión 3-D para garantizar la calidad y la uniformidad. Dado que los diseños 3-D podrían alterarse tan fácilmente como ahora cambiamos la fuente en una diapositiva de PowerPoint, los clientes podrían pedir sus zapatos a la medida antes de que se hagan.

(Algunos expertos predicen que tendremos esas impresoras 3-D en nuestros hogares. Pero al considerar que estas impresoras tendrían que ser grandes para hacer zapatos —o sillas— y tendrían que alimentarse con materias primas, parece que el tipo de persona que tendrá tal impresora 3-D en su hogar es el tipo de persona que hoy tiene un torno de metal en casa.)

En el supuesto de la fabricación distribuida, la huella de carbono, por así decirlo, de cada zapato cae vertiginosamente. La fabricación asiática está frita, probablemente alterando el equilibrio global del poder. Y los empleos fabriles, bueno, posiblemente nunca “regresen”. La impresión 3-D automatiza mucho de lo que hacían los trabajadores fabriles. La esperanza es que la fabricación distribuida cree toda una nueva serie de oportunidades para los trabajadores de clase media y mantenga el dinero en la localidad en vez de canalizarlo al extranjero.

La fabricación distribuida sucederá gradualmente, hasta que suceda de repente, como suele pasar con las oleadas tecnológicas. Empezará con artículos sencillos, como repuestos de una pieza, y avanzará en complejidad y valor.

Pero va a suceder. Un aluvión de compañías incipientes ya está en ello. AtFAB es una compañía que hace diseños de muebles al estilo Ikea, que pueden enviarse a fresadoras de CNC, máquinas locales que son las primas madereras de las impresoras 3-D. SyncFab es una red de impresión 3-D más o menos similar a 3D Hubs. Shapeways, CloudFab y otras merodean con el mismo modelo de negocio. Mientras tanto, gigantes como Siemens y General Electric se han vuelto grandes patrocinadores de las redes de impresión 3-D.

La tecnología y las compañías de Estados Unidos encabezan la competencia de la fabricación distribuida. Cualquier político que diga que “perdemos” ante China más bien podría ayudar a moldear un futuro que haga la habilidad manufacturera de ese país tan irrelevante como el Último Emperador.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek