En columnas previas le he compartido sobre lo bastante que
ha crecido el endeudamiento de la nación durante la administración del
presidente Peña Nieto; un aumento que a la vuelta de 40 meses resulta tan
costoso como ineficaz, pues para nada redituó en el desarrollo económico del
país, aunado a que ya no podemos deshacernos de él sin incurrir en una grave
crisis de liquidez y recesión. Vaya, aunque no haya funcionado, ya es parte
estructural de nuestras finanzas públicas, y ni modo.
Al recibir el gobierno en diciembre de 2012, el
endeudamiento del sector público equivalía a 37.3 por ciento del PIB; hoy,
según la expectativa de la propia SHCP, el año cerrará con un saldo equivalente
a 48.6 por ciento del PIB. En simple aritmética, es un incremento de 11.3
puntos porcentuales en cuatro años, pero si lo vemos con más detalle, podemos
concluir que la deuda se habrá expandido en 30.3 por ciento en estos cuatro
años. Para nada se trata de un porcentaje menor, sobre todo si partimos de que
el crecimiento económico promedio durante el mismo periodo difícilmente
superará el 2.5 por ciento anual.
Le decía que estos pasivos ya son parte estructural de
nuestra economía, pues para poder minimizar el porcentaje de deuda como
proporción del PIB sólo tenemos dos opciones: o subimos el propio PIB, es
decir, logramos mayor crecimiento económico; o pagamos toda o parte de la
deuda. El punto es que mayor crecimiento no tendremos, pues nuestro mercado
interno no da para más en las condiciones actuales, y menos con los recortes
presupuestales que se han presentado. Y bueno, en la otra perspectiva, resulta
que para abonarle a un pasivo se necesita dinero, y que este se consigue cuando
hay desarrollo en la economía, así que caemos en lo mismo. Así que nos toca
vivir con la deuda más alta que en 2012; y por eso la SHCP estima que aun para
2021, el endeudamiento no bajará de 46 por ciento como razón del PIB.
La gestión financiera priista ha vuelto a ser un tanto
cuanto relajada, pues si bien no ha alcanzado los caóticos niveles de
irresponsabilidad que acostumbraban antaño, sí ha extraviado el cuidado y el
rigor que debemos reconocerle a los gobiernos panistas. En los presupuestos que
le ha tocado elaborar al presidente Peña, se ha tenido que contemplar un
déficit de entre 4 y 5 por ciento como proporción del PIB; y por eso estos
niveles de deuda creciente, porque nadie puede gastar más de lo que ingresa de
manera permanente sin sufrir las consecuencias.
Pero le decía lo de la pérdida de disciplina financiera
porque incurrir en un déficit constante significa que el gobierno rehúsa a
dejar de gastar a pesar de no contar con los ingresos suficientes para ello.
Nótese que la pérdida de ingresos para nada es culpa del gobierno, sino de una
adversa situación económica global; empero, el ajuste en el balance de las
finanzas públicas ante tal circunstancia sí le corresponde a la autoridad, y es
allí donde nomás no se apretó nuestro gobierno el cinturón.
Por ahí leí una anécdota sobre el secretario Videgaray,
donde supuestamente, al presentar al presidente Peña los estrictos criterios con
los que planeaba construir el presupuesto de 2014, habría recibido la
instrucción de “correrse un poco a la izquierda”, lo que significa sostener el
nivel de gasto público, aunque no haya ingresos suficientes e incurrir en
déficit para financiarlo. Vaya, es una visión más política de cómo hacer los
números. Y no digo que esté mal realizarlo así de vez en cuando, sólo que no es
sostenible en el tiempo.
Y bueno, mientras la indisciplina financiera continúa, la
inflación anualizada cerró marzo en 2.6 por ciento, un dato que puede parecer
positivo porque no afecta el poder adquisitivo de las personas, pero que
también posee el ingrediente negativo de reflejar bajo dinamismo económico,
pues los precios jamás subirán mientras la demanda sea exigua. Y para muestra
basta un botón, pues el mismo dato al cierre de enero y febrero muestra que la
actividad económica viene a la baja.
Los especialistas presuponen que para la segunda mitad del
año la inflación habrá de superar el 3 por ciento anual proyectado, lo que sin
duda sería positivo para el mercado interno. No obstante, y en opinión de su
escribidor, ello difícilmente sucederá; incluso, creo que habremos de disminuir
aun más nuestro crecimiento económico. Y miré que no se trata de ser pesimista,
sino de que nomás no veo qué variable pudiera ayudarnos para acelerar los
motores de la economía. Cada vez que la SHCP difunde alguna noticia sobre el
panorama económico, el porvenir luce peor; y sí, con todo y que muchos colegas
insistan en ver el vaso medio lleno. Al tiempo.
Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una
alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado le corresponde a usted.