¿El mero impulso será suficiente para Bernie Sanders?

BERNIE SANDERS está de buena
racha.

Él ha ganado seis de las
últimas siete competencias por la candidatura demócrata, incluida una victoria
impresionante sobre Hillary Clinton en la primaria de Wisconsin el martes 5 de
abril. Él recaudó 15 millones de dólares más que Clinton en marzo y está
detrás de ella por solo 1 punto porcentual en la más reciente encuesta nacional
a los votantes demócratas de las primarias.

Conforme la campaña se aproxima
a la recta final, Sanders tiene más impulso que nunca antes.

Pero a pesar de sus victorias
recientes, él todavía enfrenta un problema desalentador e inescapable: los superdelegados
demócratas apoyan abrumadoramente a Clinton. Sanders simplemente no puede ganar
sin ellos. Incluso si mantiene su racha ganadora, no tiene posibilidades de
asegurar la candidatura sin persuadir a los superdelegados de cambiar de bando.

Los “superdelegados” son oficiales
y funcionarios del Partido Demócrata que fungen como delegados en la convención
presidencial demócrata. Según las reglas del Partido Demócrata, los
superdelegados pueden apoyar a quien ellos quieran en la convención. En conjunto
constituyen alrededor de 15 por ciento de los delegados totales. El 85 por
ciento restante lo conforman los delegados “comprometidos”, quienes son
determinados por los resultados de las primarias y los caucus.

A pesar de su impresionante
racha ganadora en las primarias y los caucus más recientes, Sanders va muy
atrás tanto en delegados comprometidos como superdelegados. Incluso después de
su derrota en Wisconsin, Clinton todavía tiene una ventaja de 245 delegados
entre los delegados comprometidos. La ventaja de Clinton es un resultado
directo del hecho de que ella ha ganado 2.4 millones de votos más que Sanders
desde que empezó la campaña.

El déficit de Sanders entre los
delegados comprometidos se agrava por el hecho de que Clinton también ha tenido
una ventaja enorme entre los superdelegados. Hasta ahora, ella tiene el apoyo
de 469 superdelegados. En contraste, solo 31 apoyan a Sanders. El resultado es
que Clinton tiene una ventaja dominante en general de alrededor de 685
delegados y ahora está acercándose rápidamente a los 2383 delegados que
necesita para asegurar la candidatura.

Por lo tanto, incluso si
Sanders ganara todas las primarias y los caucus en el resto de la campaña, aun
así perdería la candidatura ante Clinton a menos que consiga victorias aplastantes
en cada uno de los estados restantes. La razón es que según las reglas
demócratas los delegados comprometidos son asignados con una base proporcional.
Por ejemplo, si un candidato gana el voto popular por un margen de 55 a 45, el
candidato perdedor todavía recibe 45 por ciento de los delegados del estado.

Así, el sistema proporcional
hace prácticamente imposible que Sanders gane la candidatura con base solo en
los delegados comprometidos. Incluso cuando Clinton pierde las primarias, gana
delegados y se acerca todavía más a la cifra mágica de 2383.

Por ello es que los
superdelegados son tan importantes. Si Sanders persuadiera a los superdelegados
a desertar del bando de Clinton, él podría borrar la ventaja de ella entre los
delegados comprometidos. Por lo tanto, no sorprende que la campaña de Sanders
haya empezado un esfuerzo frenético para persuadir a los superdelegados de
abandonar a Clinton.

Sin embargo, hasta ahora no ha
funcionado. ¿Por qué no?

En teoría, Sanders debería
atraer un apoyo fuerte de los superdelegados. Después de todo, muchos son tan
liberales como él. Aún más, hay un precedente histórico de superdelegados
cambiando de bando. En 2008, los superdelegados abandonaron a Clinton por
Barack Obama, un recuerdo que persigue a la campaña de Clinton.

Pero en la contienda de 2016,
los superdelegados y la dirigencia del partido se han mantenido firmemente
comprometidos con Clinton por tres razones principales.

Primera, muchos altos
demócratas temen que los republicanos tengan éxito en presentar a Sanders en la
elección general como un extremista desfasado, débil en la defensa e
izquierdista.

Sin lugar a dudas, el tipo
audaz de liberalismo de Sanders ha resonado entre los votantes jóvenes, una
señal clara de que el partido está moviéndose a la izquierda. Pero no hay
evidencia de que la nación como un todo esté haciendo lo mismo, por lo menos no
todavía. Una encuesta de Gallup en enero de 2016 halló que solo 24 por ciento
de los estadounidenses se identifican como liberales.

Además, aun cuando a Sanders le
va bien en las combinaciones teóricas de la elección general contra los
candidatos republicanos, los profesionales del Partido Demócrata saben que
eminentes economistas liberales han dicho oficialmente que sus propuestas
económicas no tienen sentido. Estas críticas liberales a Sanders harían
poderosos y dañinos anuncios televisivos de la campaña republicana en la
elección otoñal.

También lo haría el
entendimiento sorprendentemente débil de Sanders de los problemas durante una
entrevista con la junta editorial de New York Daily News el 1 de abril. En la
entrevista, Sanders batalló con los detalles en política y dependió en gran
medida de temas de discusión. La entrevista solo agravó la percepción entre los
altos demócratas de que Sanders no es un líder legislativo. Como advirtió
recientemente Barney Frank, congresista de Massachusetts retirado y demócrata
liberal:

Bernie Sanders ha estado en el Congreso por 25 años con poco que
mostrar en términos de sus logros.

En consecuencia, aun cuando la
plataforma de socialismo demócrata y proteccionismo comercial de Sanders atrae
a los votantes más jóvenes y más liberales del partido, los demócratas más
viejos recuerdan el período de 1968 a 1988 cuando los republicanos ganaron
cinco de seis contiendas presidenciales. El recuerdo de derrotas devastadoras
para los candidatos liberales persigue a la dirigencia del Partido Demócrata y
los inclina fuertemente a apoyar a Clinton, una candidata vista ampliamente
como moderada, como su marido.

Segunda, el fracaso de Sanders
en ganar el apoyo de los votantes minoritarios alarma a la dirigencia del
partido. Los demócratas perdieron terriblemente en las dos últimas elecciones a
mitad de la legislatura —2010 y 2014— porque fracasaron en llevar a los
votantes minoritarios y otros electorados claves a las urnas en cantidades
suficientes.

La mayoría de las victorias de
Sanders han sido en estados pequeños como Nueva Hampshire o en estados con
caucus como Minnesota donde el
electorado demócrata era tremendamente blanco, joven y más liberal de lo que es
la nación como un todo. En contraste, Clinton ha ganado de manera constante la
mayoría de los estados grandes y diversos con primarias, como Florida,
Illinois, Ohio y Texas. La razón es que Clinton está ganando el apoyo de los
votantes minoritarios por márgenes enormes sobre Sanders.

La idea de ir a la elección
general con un candidato como Sanders que muestra poco atractivo para los
votantes minoritarios es aterradora para los funcionarios demócratas. Sin un
apoyo fuerte y una alta asistencia de votantes afroestadounidenses y latinos,
los demócratas no ganarán en noviembre, sin importar a quién nominen.

Finalmente, la falta de una
experiencia significativa en política exterior de Sanders consterna a la
dirigencia del partido.

Hasta ahora, Sanders se ha
beneficiado enormemente del hecho de que la campaña primaria demócrata se ha
enfocado casi exclusivamente en problemas locales. Pero los funcionarios
demócratas saben que en una elección general, Sanders no sería capaz de
escaparse de abordar problemas complicados y difíciles como el terrorismo,
Vladimir Putin y Oriente Medio.

Las pocas veces que Sanders ha
abordado asuntos mundiales él no ha mostrado un conocimiento amplio de los
problemas o un entendimiento fuerte de los detalles en política. Como observó
recientemente The New York Times, en problemas de política exterior Sanders
está fuera de su “zona de confort”. A la dirigencia demócrata no le pasa
inadvertido el hecho de que los votantes ven a Clinton mucho más fuerte en
problemas de seguridad nacional que a Sanders.

Entonces, ¿hay alguna esperanza
para Sanders?

La respuesta es afirmativa, si
puede derrotar a Clinton por un gran margen en Nueva York, el estado de
residencia de ella, el 19 de abril.

La intensa cobertura mediática
de la primaria de Nueva York le dará a Sanders una oportunidad única de
articular los detalles específicos de sus políticas local y extranjera. Igual
de importante, una victoria en un estado tan diverso como Nueva York
demostraría que él es atractivo ante los votantes minoritarios. Lo más
importante de todo, una victoria de Sanders en el estado de residencia de
Clinton debilitaría la idea de que ella es una candidata más fuerte para la
elección general.

Si Sanders puede lograr todas
esas metas en Nueva York, él tiene una oportunidad de empezar a ganarse a los
superdelegados que son tan críticos de su campaña. Pero ello no sucederá si
pierde el 19 de abril.

La campaña de Sanders remontará
o caerá en Nueva York.

Este artículo apareció primero en The Conversation.

Anthony J. Gaughan es profesor
adjunto de leyes en la Universidad Drake.