Los candidatos punteros Donald Trump e
Hillary Clinton van dejando atrás varias semanas difíciles.
Trump ha estado haciendo todo lo que
puede para arrebatar la derrota de las fauces de la victoria. Sus comentarios y
tuits sobre el aborto, las armas nucleares, la OTAN y la esposa de su
competidor más cercano, Heidi Cruz, de nueva cuenta han planteado dudas sobre
su temperamento, su criterio y su decencia. No es de sorprender que las
probabilidades de una convención republicana reñida hayan mostrado un
importante aumento en los últimos días.
Si Trump pierde en Wisconsin, le será más
difícil (aunque no imposible) asegurar a los 1 237 delegados que debe ganar en
una primera votación durante la convención.
Por supuesto, las posibilidades de que
Ted Cruz pueda hacer la diferencia en cuanto al número de delegados son bajas. Su
estilo de conservadurismo no tendrá un buen desempeño en la mayoría de las
elecciones primarias republicanas que se avecinan. De hecho, gran parte del apoyo
del “orden establecido republicano” que vemos ahora mismo a favor de Cruz
es estratégico: su verdadero objetivo es detener a Trump, y no ayudar a Cruz a
obtener la nominación.
Entonces, ¿en dónde deja esto a los
republicanos? La respuesta breve es John Kasich, que actualmente ocupa un
lejano tercer lugar. De hecho, la única oportunidad que tiene Kasich de obtener
la nominación es una convención reñida. Sin embargo, incluso eso requiere un
cambio en las reglas por parte del Comité nominativo de la convención, algo que
las campañas de Trump y Cruz tratan de evitar.
No obstante, de los tres republicanos,
Kasich es el único que está en la mejor posición de ganarle a Clinton en las elecciones
generales. En una confrontación uno a uno, Kasich la ha derrotado en la mayoría
de las encuestas nacionales.
Mientras tanto, del lado demócrata, parece
que Clinton no ha sido capaz de dejar atrás a Bernie Sanders. Sanders ha ganado
las últimas cinco contiendas con Clinton (Idaho, Utah, Alaska, Hawái y el Estado
de Washington), y las encuestas muestran que está en posición de ganar
Wisconsin mañana por un estrecho margen, un estado donde, hace un año, ella tenía
una ventaja de 50 puntos sobre Sanders.
Incluso en Nueva York, el estado
adoptivo de Clinton, la disputa es cada vez más cerrada. La última encuesta
realizada en ese estado muestra que Sanders ha logrado reducir a la mitad la
ventaja de 20 puntos de Clinton. Los neoyorquinos votarán el próximo 19 de abril.
Es un hecho que Clinton todavía
mantiene una importante ventaja sobre Sanders en el recuento de delegados. Una
derrota mañana en Wisconsin no cambiará eso. Sin embargo, un descalabro en
Nueva York, un estado que cualquier demócrata debe tener para ganar las
elecciones generales, haría surgir preocupantes dudas sobre su viabilidad en la
contienda de noviembre.
E incluso si Clinton vence en Nueva
York como es de esperar, las cosas no serán fáciles para ella. Necesitará
ganarse a los partidarios más acérrimos de Sanders, muchos de los cuales no
confían en ella. Esto podría explicar por qué el nombre de Elizabeth Warren
surgió una y otra vez durante la semana pasada.
Warren es la popular senadora
progresista de Massachusetts. Su apoyo ayudaría a Clinton a remendar las cosas
con los votantes de Sanders. Sin embargo, para obtener el apoyo de Warren,
requerirá más que vagas promesas relacionadas con la plataforma del partido.
Es probable que Warren presione a
Clinton para que dé los nombres de las personas que espera que ocupen los
puestos económicos fundamentales (por ejemplo, la Secretaría del Tesoro) en
cualquier gobierno de Clinton. Como le gusta decir a Warren, “La selección
del personal es la política.”
El día de mañana marcará el final de
una semana caótica y, si las encuestas en Wisconsin son correctas, también
marcará el inicio de otra.
Este artículo fue publicado por primera vez en el sitio de la London School of Economics.
Peter Trubowitz es catedrático de
relaciones internacionales y director del Centro Estadounidense de la London
School of Economics. El presente artículo presenta el punto de vista del
autor y no refleja la postura de USAPP–American Politics and Policy ni de
la London School of Economics.
Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek