En Lavado de dinero y corrupción política, Edgardo Buscaglia, experto en temas de seguridad y delincuencia organizada, realiza un análisis sobre los principios y las claves del blanqueo de capitales, la principal actividad que sostiene el patrimonio de los grupos delincuenciales. En este libro, publicado recientemente por la casa editorial Debate, el investigador uruguayo también examina casos actuales de delitos que preceden al lavado de dinero en diversas naciones y describe ampliamente los modus operandi y las fases por las que los capitales de procedencia ilícita se integran en la economía legal.
A propósito de esta obra, Newsweek en Español conversó con el reconocido doctor del derecho y la economía.
—Cuando se habla de crimen organizado inmediatamente se piensa en drogas, pero el libro demuestra que no necesariamente es así.
—Una de las prioridades que tenía al comenzar a escribir este libro era explicar cuáles son los delitos más frecuentes de las redes criminales internacionales que generan más dinero, que por definición se le llama “dinero sucio” porque se origina en un delito, ¿y de dónde sale mucho de ese dinero? Está la caricatura de que sale, la mayor parte, de las drogas, cuando eso no es verdad, el dinero que generan las drogas es una minoría del total que genera la delincuencia organizada por otros delitos mucho más frecuentes y más redituables: el contrabando, la piratería, el fraude cibernético masivo, las extorsiones, el tráfico de migrantes. Todos estos generan vastísimas cantidades de dinero, muy superiores a lo que sale de las drogas.
—¿Cómo se limpia y hacia dónde va el dinero sucio?
—El objetivo de los grupos criminales es vivir bien, tener mucho dinero y que sus hijos, familiares y amantes vivan como príncipes en Europa, en Estados Unidos. Para hacer eso tienen que ir ocultando el origen sucio, proceso que se denomina lavado. En realidad, desde el punto de vista ético, ese dinero nunca se lava, siempre está sucio, nace de la compraventa de un ser humano, de la violación de un migrante, de armas ilegales, entonces nunca se lava éticamente, pero se le denomina lavado porque el grupo criminal intenta, a través de muchas transacciones que pasan por muchos países, ocultar el origen: mexicano, nigeriano, indonesio. Al final, llevan esos dineros a las economías más desarrolladas, a los sistemas legales que más protección le dan a la propiedad privada, pues el mafioso busca el Estado de derecho para esconder su capital, busca los países con más protección y seguridad jurídica para sus capitales, por eso no los oculta en Bolivia o Afganistán, sino en Alemania o Austria.

“El objetivo de los grupos criminales es vivir bien, tener mucho dinero y que sus hijos, familiares y amantes vivan como príncipes”. FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS
—Resulta por lo menos sorprendente que en los países desarrollados funcione el lavado de dinero.
—En este libro señalamos que ese dinero de origen sucio termina en un 70 por ciento de los casos en los países de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá o Japón —Estados Unidos reúne entre un 18 y 20 por ciento de todo el lavado de dinero mundial—. Son delitos internacionales en donde cada uno de los países por donde pasa ese dinero sucio tiene cosas que corregir; México no es el único país que debe hacerlo, Estados Unidos también. Cuando a un banco estadounidense o europeo se le descubre cometiendo “errores”, y a través de esos “errores” se lavan miles de millones de dólares entre Sinaloa y Estados Unidos, a los banqueros responsables se les da un tironcito de orejas muy leve, ninguno termina en la cárcel, a esos empleados que cometieron los “errores”, que recibieron cajas de dinero del Cártel de Sinaloa, no se les procesa penalmente en Estados Unidos ni en México. Hay toda una serie de deficiencias de los sistemas judiciales, de los sistemas de detección de estos dineros sucios, deficiencias que explican por qué el lavado de dinero sigue aumentando año tras año.
—¿Cuál debe ser el cometido del Estado frente a este delito?
—El objetivo es un Estado fuerte, con controles judiciales más efectivos, con controles patrimoniales del SAT, auditorías tributarias y controles de la corrupción electoral más eficientes. Con un Estado fuerte y con mejores controles lo que se logra es que la delincuencia organizada, que en México tira bombas y granadas y causa tanta sangre y lágrimas, se comporte como la delincuencia japonesa o alemana, que no causan delitos de alto impacto. Ese es el objetivo, pues a la delincuencia organizada ningún país del planeta puede reducirla a cero, no habría recursos para hacerlo. Lo que sí puede hacer un Estado es acotar esa delincuencia para que no secuestre, no trafique inmigrantes, no venda seres humanos, que no cometa los delitos más horrorosos que sufre la humanidad, sino que se dedique al contrabando, a los juegos ilegales.
—¿Si al crimen organizado se le pega en las finanzas se le pega en el corazón?
—Sí. Y eso quiere decir pegarle a la política. No olvidemos que el 70 por ciento de los fondos que ellos generan por estos delitos van a parar a los países más desarrollados, pero el 30 por ciento son para el financiamiento de campañas políticas. Entonces, hay que pegarle a lo financiero, pero pasando por la política. No puede ser tan fácil para un político mexicano financiar su campaña con dinero ilícito; y digo ilícito, no mafioso. Hoy en México es muy fácil que un mafioso se transforme en político de la noche a la mañana porque las listas de candidatos son elaboradas por caciques locales, por Manlios, por Barbosas, por Maderos, no son listas abiertas donde la colonia decide quién estará en las listas. Si abrimos las listas a la votación popular le quitaríamos el poder discrecional a los políticos y le haríamos más difícil a la delincuencia organizada meterse y meter dinero para que coloquen a sus mafiosos en las listas.

“No puede ser tan fácil para un político mexicano financiar su campaña con dinero ilícito; y digo ilícito, no mafioso”. FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS
—¿Cuál es la propuesta hacia una nueva sociedad con menos dinero lavado?
—El lavado de dinero, especialmente el que surge de la evasión fiscal, siempre va a existir, no se puede evaporar, como tampoco se puede evaporar el pecado humano ni el adulterio. Lo que sí puede operar es una sociedad sin estas vastísimas cloacas de lavado de dinero que viene de la política, la corrupción política es la fuente más importante de lavado de dinero en México y en países como Nigeria. La corrupción política hace que hoy se construyan monolitos en la avenida Masaryk en vez de garantizar que los niños pobres de la Ciudad de México tengan acceso al agua, que es un derecho humano. Esa corrupción política es lo que se debe combatir, esa es la sociedad que yo pretendo, no una sociedad utópica sin lavado, sin pecado y sin adulterio. Surrealistamente, si el Estado mexicano se organiza mejor y comienza a combatir su propio cáncer desde arriba hacia abajo y desde fuera hacia dentro, tendrá una sociedad con menos personas a las cuales los derechos humanos se les viola por la corrupción política existente.
