Pedía perdón ‘El Piwa’ para que no lo mataran

“Pedía Piwa que lo perdonaran, gritaba que lo dejaran, que no iba a
hablar, que quería estar con su hijo”, confesó ante el estrado de la
Sala 9 de Juicios Orales del Centro de Justicia, Gustavo Adolfo
Dorantes Dorantes, uno de los imputados en el homicidio del joven
Edwin Miguel Juárez Palma, asesinado durante un presunto ritual
satánico dentro de un cibercafé del centro de la ciudad.
La audiencia de vinculación a proceso, dentro de la causa penal
619/2016, por el delito de homicidio calificado en contra de Omar
Sánchez García alías “El Osiris”, Iveth Nayeli López Hernández,
Calep Josefath Acosta Loera, alías “El Cobra” y Gustavo Adolfo
Dorantes, se extendió ayer por más de ocho horas, en la que la jueza
de garantías Hilda María Márquez Torres encontró elementos
suficientes para someterlos a proceso penal, y fijó un plazo de cinco
meses para el cierre de la carpeta de investigación.
Durante la audiencia los cuatro imputados cayeron en diversas
contradicciones, culpándose unos a otros de responsabilidad;
asimismo, pusieron al descubierto diferentes conflictos que tuvieron
dos de los ejecutores con “Piwa” como le apodaban a la víctima,
debido a que éste agredió físicamente en hechos distintos a dos
mujeres pretendidas respectivamente por los agresores, por lo que
decidieron ir por él a buscarlo a la Plaza de la Tecnología para
llevarlo al cibercafé y “darle un susto”.
Como una novela de horror, los acusados, visiblemente tranquilos,
fueron narrando su participación en los hechos, se acusaban de
participar en cultos satánicos (nunca lo hicieron en primera persona),
utilizaban la ouija y un supuesto demonio le dijo ese día a uno de los
homicidas (Calep Josefath) que matara a Edwin porque no le servía
su alma.
Según las declaraciones de los acusados, fue en el baño del cibercafé
“Freak Shop”, propiedad de “El Osiris”, donde Miguel Edwin Juárez
fue atado a una silla la noche del pasado 29 de febrero, ya que se le
iba a practicar un rito satánico para que “obtuviera la vida eterna” y
se le explicó que previamente, un demonio entraría a su cuerpo, por
lo que era necesario ser amarrado para que no agrediera al resto del
grupo.
En ese lugar fue torturado durante dos o tres horas: le propinaron
múltiples golpes, lo maldijeron, saltaron encima de él, para
finalmente propinarle heridas con un objeto punzo penetrante,
degollarlo y estrangularlo.
La fiscal que llevó la acusación, Tania Balderrama, señaló a la jueza
que los homicidas actuaron premeditadamente, pues le hicieron creer
que iba a participar en un ritual, pero finalmente lo hicieron para
privarlo de la vida.
Por su parte, los abogados defensores de los cuatro acusados
cuestionaron que la fiscalía incurrió en fallas al debido proceso, toda
vez que los detenidos fueron declarados sin la presencia de un
abogado. Asimismo, no firmaron las declaraciones incriminatorias,
por lo que éstas carecían de sustento legal; tampoco se videograbó su
confesión.
También cuestionaron el papel de la FGE, toda vez que en el lugar
del homicidio había otros tres jóvenes, dos de ellos varones, quienes
fueron utilizados como testigos protegidos por las autoridades, pero
las pruebas y confesión de los detenidos evidenciaban la
participación de al menos uno de ellos de manera directa,
identificado con el nombre de “Kevin”, quien ayudo a ir por la
víctima hasta la Plaza de la Tecnología, ayudó a amarrarlo a la silla
del baño y colaboró en sacar el cadáver; sin embargo, la FGE no le
imputó cargos porque los padres de éste lo llevaron a declarar, “pero
su declaración para autoprotegerse carece de toda lógica posible”,
expresó uno de los defensores.
Cuando fue hallada la víctima en dos bolsas de plástico, en la calle
Segunda y Doblado, encontraron en la boca de “Piwa” una tarjeta de
un centro comercial, tarjetas de presentación con diversas
anotaciones y también tarjetas del anime “Yugioh”.
Una amiga cercana a la víctima declaró que Edwin tenía muchos
problemas y robaba constantemente para consumir mariguana, de la
misma forma era mesero en un local de la Plaza de la Tecnología.
El compañero de vivienda de Juárez Palma dijo que “Piwa”
pertenecía a diversos grupos en redes sociales, entre ellos uno que
practicaba actos satánicos. Reveló que el detenido apodado “El
Osiris”, originario de Oaxaca, practicaba el satanismo y decía que
tenía contacto con el demonio, que le había vendido su alma al
diablo, algo que le llamaba la atención a la víctima.
Agregó de un problema reciente que tuvo “Piwa” con su exnovia, de
nombre Ivonne (cuyos apellidos se reservan), a quien agredió
físicamente, y esta última se hizo luego muy amiga de “El Osiris”,
por lo que ambos amenazaron que iban a darle un susto. “El Piwa”
me dijo que si le pasaba algo, a ellos los responsabilizaba”, expresó
en su declaración el testigo.
Cuando lo estaban golpeando en el interior del baño, los cuatro le
gritaban malnacido y se burlaban de él”, declaró un testigo
protegido, quien estuvo presente en el lugar del crimen y que a decir
de la FGE, no participó directamente.
Este testigo protegido señaló que cuando estaban matando a “Piwa”,
Gustavo Adolfo Dorantes le dijo que no saliera del cibercafé, y que
si decía algo, le podía pasar lo mismo.
“Él quería poder, yo se lo estoy dando, es por eso que tiene que
pagar, tiene que morir”, escuché decir a Calep desde el baño,
expresó Omar Sánchez, alías “El Osiris”, quien se contradijo ante la
jueza al decir que nunca vio entrar a su propio local a Edwin
porque estaba de espaldas al baño, pero luego los otros cómplices
dijeron que sí participó.
Calep Acosta, en su confesión, delató la participación de los otros
tres imputados, “Gustavo nos pidió que fuéramos por ‘El Piwa’ a la
plaza de la Tecnología para darle un susto porque había mordido a la
chava que le gustaba a Gustavo y ‘Piwa’ tenía muchas
enfermedades”.
Por su parte, en su turno en el estrado, Gustavo Adolfo Dorantes dijo
que ese día del crimen, “Calep Josefath le dijo que había hablado
con su ouija y ésta le ordenó que matara a ‘Piwa’, porque no servía su
alma. Habló con un demonio”.
“También escuché que le dijo a Iveth Nayeli: “Allá hay una botella,
agárrala y sí en verdad me amas, demuestra que estás a mi altura”,
arma con la que lo degollaron.
Los imputados narraron que tenían pensando trasladar el cuerpo de
Edwin hasta el canal, para incinerarlo a la altura de la avenida de las
Industrias, y no dejar huellas de lo sucedido.