Chihuahua, Chih.- Convencida de que la vida la condujo hasta la “Educación especial” como una oportunidad para crecer como profesionista y ser humano, la maestra Gabriela Flores, enfrenta cada día con el ánimo de la primera vez.
Esposa, madre de 4 hijos, docente, pero sobre todo mujer comprometida con lo que hace, la maestra Flores cuenta que hace 17 años había decidido renunciar al trabajo para irse a casa a cuidar de sus hijos, sin embargo, el destino la colocó frente a un reto que no pudo dejar de lado y que hasta ahora sigue enfrentando.
“Entré a Educación especial y tuve que ponerme a estudiar mucho. Cuando ingresas a ese mundo descubres su belleza, porque además de darte oportunidades muy positivas, te cambia por completo la visión que tienes de él. Pensé: estoy aquí y quiero seguir adelante.”
Todos los días, asegura, “tienes la oportunidad de analizar lo afortunado y bendecido que eres y te das cuenta que por alguna razón tienes todo eso y es para trabajar por los demás”.
En “atención múltiple”, señala, donde se conocen y atienden todo tipo de discapacidades, “tienes que aprender a ver a los niños de otra manera, visualizar más allá; al principio sí sientes que el corazón se te encoge pero tienes que transformar eso, tener una visión de mejorar su calidad de vida más que de tristeza o dolor por ellos. Sobrepasar el dolor para no quedarte estancado. Verlos como lo que son: seres humanos únicos, hermosos, capaces de hacer muchas cosas. Tienes que darte cuenta que tú eres la herramienta para que ellos puedan ser autónomos, libres, a veces eres su voz, su movimiento, su pensar. Es un compromiso muy grande”.
En casi dos décadas de labor en la educación especial, los recuerdos, los éxitos y las frustraciones se han acumulado para convertirse en una historia de aprendizaje continuo donde a veces, los alumnos enseñan al maestro.
“Recuerdo a un jovencito que siempre saludaba con mucha alegría y decía: Tú puedes, échale ganas. Esa visión que él tenía se me quedó muy grabada y creo que es una lección de vida”.
Sin embargo, los “estrujones al corazón” son una constante que se debe a prender a manejar para lograr un equilibrio interior y salir adelante.
“Los ves a ellos, que ante la adversidad de su situación te enseñan que en ocasiones las cosas no son como quisieras pero eso no significa que debas parar”.
A pesar de todo, asegura: “nunca he sentido ganas de dejar esto, tengo una pasión muy grande por este trabajo; he estado en diferentes posiciones y he visto todas las aristas y las complicaciones que tenemos los maestros”.
A las mujeres, les diría, “que somos muy valiosas porque tenemos la oportunidad de educar a nuestros hijos y a veces a la persona con la que convivimos; somos valientes, previsoras y soñadoras. Es importante no dejar de tener sueños, voluntad y encontrar el camino para realizarlos”.