Un escrito con rabia en el Día Internacional de la Mujer

“Cuando empecé a
trabajar dejé a mi hija con dos hermanos y un sobrino de 14 años de edad,
durante dos semanas, aproximadamente. Un día la niña me dijo: ‘Me duele mi
colita’. La revisé y me di cuenta de que estaba rozada y con rastros de sangre
en la vagina. Al preguntarle qué le había pasado, me contestó: ‘Joel me puso su
pipí en mi colita’”. Testimonio anónimo.

Escribo con rabia.

El Día Internacional de la Mujer nos permite hablar de
“empoderamiento”: de las mujeres que hoy están al frente de naciones como
presidentas, cancilleres o primeras ministras; de quienes ocupan los más altos
cargos directivos de empresas o toman decisiones en los congresos; de
emprendedoras; de quienes como jefas de familia proveen a sus hijos de todo lo
básico y de lo más importante, amor.

Sin embargo, en toda esa luminosidad olvidamos los
aspectos oscuros: aquellas niñas, adolescentes y mujeres que son víctimas de
violencia en las casas, escuelas o trabajo; que son obligadas a prostituirse o
son vendidas; a quienes se les roba el futuro y la vida. Por ello mi enojo.

Al recabar datos para documentar este texto me encontré
con la historia de Karla, una joven que fue obligada a tener sexo hasta 30
veces al día, durante cuatro años, cuando ella tenía entre 12 y 16 años.

La historia, sacada a la luz pública por CNNMexico, revela
que Karla fue abusada sexualmente “por un pariente” desde que tenía cinco años.
Rechazada por su madre y maltratada en su hogar, cayó en las garras de un
tratante a la edad de 12 años. El sujeto, en ese entonces de 22, se hizo pasar
por un vendedor de autos usados, quien la conquistó con palabras amables y un
vehículo “de lujo”.

Una semana después de conocerse y de intercambiar
teléfonos, la invitó a pasear por Puebla en un Pontiac Firebird Trans Am color
rojo. Debido a que su madre no le abrió la puerta una noche cuando llegó tarde
a casa luego de uno de esos paseos, decidió mudarse con él. Vivieron juntos
tres meses, en los que la trataba muy bien, le compraba ropa, zapatos, flores,
chocolates.

Su “novio” la dejaba sola hasta por semanas, tiempo en el
que unos “primos” llevaban nuevas chicas. Un día tomó valor para preguntarle a
qué se dedicaba: “Ellos son proxenetas”, le respondió y fue entonces cuando le
dio instrucciones de lo que debía hacer: las posiciones, cómo debía tratar a
los clientes o cómo hablarles para que le dieran más dinero.

Ahí comenzó el infierno. La llevaban a prostíbulos,
moteles de carretera, zonas dedicadas a la prostitución e, incluso, casas
privadas. No había días libres y era obligada a dar hasta 30 servicios diarios.
Luego empezaron los golpes hasta que cumplió 14 años y quedó embarazada del
sujeto que la sonsacó.

A los 15 años dio a luz a una niña. Él se la llevó al mes
de nacimiento y le dijo que no la volvería a ver durante todo un año. Finalmente,
Karla fue rescatada en 2006, durante un operativo contra la trata en la Ciudad
de México.

Según una investigación de El Universal, publicada en
agosto de 2014, el abuso sexual de menores de edad presentaba una tendencia al
alza. En 2013 se registraron 5736 denuncias por violación infantil, y para el
primer trimestre de 2014 ya habían 2216.

De acuerdo con la Asociación para el Desarrollo Integral
de Personas Violadas AC (Adivac), esos números no llegan ni al 10 por ciento de
lo que realmente ocurre en el país, pues la mayoría de las víctimas no
denuncia, sobre todo cuando el abusador es parte de la familia.

El diario subrayaba como “una grave omisión” que los casos
de violación a niñas y niños no estuvieran concentrados en un reporte nacional.
No había datos específicos en la PGR, la Secretaría de Salud, la Comisión
Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) o el Sistema Nacional para el
Desarrollo Integral de la Familia (DIF). Los datos los obtuvo por medio de
cuestionarios que se enviaron a los portales de transparencia de los 31 estados
y la Ciudad de México; de ellos, sólo 25 contestaron la información.

El mayor número de casos se reportó en Jalisco (1267),
Chihuahua (592), Hidalgo (518), Tamaulipas (309) y Sonora (289). Mientras, las
cifras más bajas correspondían a Tlaxcala (11), Baja California Sur (21),
Morelos (45), Durango (55) y Zacatecas (63).


EN MÉXICO no hay un censo sobre el abuso infantil, no hay
leyes que homologuen las sanciones, y en algunas entidades el delito ni
siquiera está tipificado. FOTO: JUPITERIMAGES/LIQUIDLIBRARY

Las niñas y adolescentes eran las más agredidas, y a ellas
correspondía el 83 por ciento de los casos. De las 25 entidades que entregaron
reportes, sólo en 14 había agresores consignados con 1432 sujetos involucrados.

Por si fuera poco, la tipificación y penalidad del delito
variaban. En algunas entidades, la violación era calificada como abuso, con lo
que la sanción disminuía. El Código Penal Federal señala que comete violación
quien “por medio de la violencia física o moral realice cópula (introducción
del miembro viril u otro elemento en el cuerpo de la víctima por vía vaginal,
anal u oral) con persona de cualquier sexo”.

Mientras que el abuso sexual se define como quien ejecute
en una persona, sin su consentimiento, o la obligue a ejecutar actos sexuales
(tocamientos o manoseos corporales).

El problema es que las legislaciones locales son
discrecionales; por ejemplo, en Jalisco la violación de menores ni siquiera
está contemplada y no hay sanciones específicas para un violador infantil.

Todo lo anterior demuestra la indolencia de las
autoridades ante este fenómeno: no hay un censo sobre este crimen, no hay leyes
que homologuen las sanciones, y en algunas entidades ni siquiera está
tipificado el delito.

Una causa más de rabia.

EL QUE TE PEGA ¿TE QUIERE?

El 16 de noviembre de 2015, Elizabeth, de seis años, fue
golpeada y violada por Víctor, de 17, en la colonia Buenos Aires de
Tlaquepaque, Jalisco.

Cuando el padre de la niña la encontró inconsciente, la
llevó a la Cruz Roja donde le informaron que presentaba múltiples golpes e
indicios de haber sido ultrajada; la gravedad ameritó que la trasladaran de
emergencia al Hospital Civil para recibir atención especializada.

La Fiscalía de Jalisco logró arrestar al presunto agresor,
quien no sólo aceptó su responsabilidad, sino que confesó que no era la única
vez en que la había atacado. Víctor era hermanastro de la menor. Ella
finalmente murió a los pocos días.

Información de Naciones Unidas revela que México se
ubicaba en el sexto lugar en América Latina, por el alto número de homicidios
de menores. Durante los últimos 25 años, dos niños o adolescentes menores de 14
años fueron asesinados diariamente.

Otros datos. Entre 55 y 62 por ciento de las niñas y niños
en México han sufrido maltrato en algún momento de su vida. Siete de cada diez
jóvenes han experimentado en carne propia la frase “el que te quiere te pega” y
han vivido violencia en su noviazgo. Diez por ciento de las y los estudiantes
de educación secundaria han padecido algún tipo de agresión física en la
escuela; 5.5, violencia de índole sexual y 16.6 por ciento, de violencia
emocional.

Como en el caso de las violaciones y los abusos sexuales,
las cifras sobre el maltrato de niñas están dispersas y no actualizadas. En el
periodo de 2001 a 2011, en promedio anual, 21 000 menores fueron víctimas de
maltrato comprobado, la mayor
parte de ellas en Guanajuato, Yucatán, Puebla, Coahuila, Chihuahua y
Sinaloa.

Según el documento “Maltrato infantil en México
2010-2011”, elaborado con datos del DIF y de la Unicef, “71 por ciento de
las niñas y niños recibe algún tipo de violencia de parte de su madre o padre;
51.5 por ciento de los menores sufre algún tipo de violencia física; y 25.9 por
ciento, de las niñas y los niños sufre violencia física grave”.

En 2010, del total de menores víctimas de maltrato
atendidos por el DIF, 47.6 por ciento eran niñas, cifra que se elevó a 50.2 por
ciento en 2011.

Las cifras sólo tratan de dar una dimensión a la magnitud
del problema, pero no debemos perder de vista que detrás de cada número existen
infames historias. Historias de niñas, adolescentes y mujeres reducidas a
víctimas. Historias que provocan rabia, pero no debe ser una rabia que ciegue la
razón, sino que nos lleve a reflexionar. Y más que eso, a actuar.

Karla Jacinto, la adolescente que fue violada 43 200 veces
durante cuatro años a razón de 30 veces al día, lo logró. Ahora con 23 años de
edad, se ha convertido en una defensora directa contra el tráfico de personas.
Narra su historia en conferencias y eventos públicos. Lo hizo en julio del año
pasado ante el papa Francisco en El Vaticano.

Antes, en mayo, habló ante el Congreso de Estados Unidos.
De hecho, su testimonio fue utilizado como evidencia para impulsar la H. R. 515
o Ley de Megan, mediante la cual las autoridades estadounidenses están
obligadas a compartir información relacionada con delincuentes acusados de
ataques sexuales a menores cuando intentan viajar al extranjero.

Escribo con rabia, pero también con la esperanza de que
este sentimiento se transforme en acciones que nos permitan avanzar en la
eliminación de la violencia en nuestra contra.