Convención Bancaria 2016: simulación y nulo compromiso

En toda economía, la labor del sector bancario consiste en
ser un facilitador para el desarrollo de los negocios, para el crecimiento
económico sustentable. En América Latina, no siendo México la excepción, por
ser una región cuyos mercados internos están cimentados en las pymes, los
bancos representan el combustible que enciende y que hace funcionar el motor de
dichas empresas. En contraste, el gasto público es la mecha que hace activarse
a tal combustible. Vaya, el gasto público detona la mayor parte de la demanda
para el mercado interno, pero es el financiamiento que proveen los bancos lo
que permite que las empresas atiendan esas áreas de negocio. Es el diseño pues,
así debería de funcionar.

Y digo que debería porque, a pesar de la reforma financiera
impulsada por el gobierno del presidente Peña Nieto, o de los compromisos
establecidos por la Asociación de Bancos de México con el secretario Videgaray
durante la Convención Bancaria de 2015, el porcentaje de empresas mexicanas que
financian su operación y sus inversiones con el apoyo de los bancos sigue
siendo limitado.

Según datos de Banxico en su “Encuesta de evaluación coyuntural
del mercado crediticio”, para el cierre de 2015 sólo el 41.4 por ciento de
las empresas contaban con algún crédito de la banca comercial. Ciertamente es
una cifra que mejoró durante 2015, pues al inicio del año el dato se ubicaba en
36.9 por ciento, lo que refleja avances, seguramente a raíz de la citada
reforma; empero, el indicador sigue siendo muy bajo para las necesidades de una
economía que no logra crecer siquiera al 3 por ciento anual.

Continúa siendo una realidad que las empresas mexicanas se
financian a corto plazo con sus proveedores y para proyectos de innovación y
crecimiento con recursos propios. El punto es que no se trata de una política
empresarial propia de nuestra cultura, sino de que no cuentan con mayores
alternativas; trabajan con las uñas, con lo que hay pues. Para el grueso del
empresariado pyme en México, los bancos son entes que proveen de crédito no
productivo a personas físicas que desean consumir, pero difícilmente un aliado
en sus necesidades diarias.

Retomo este tópico porque nuevamente estamos en vísperas
de la Convención Bancaria. Es el magno evento anual en donde los banqueros de
¿México? se reúnen para analizar las expectativas de su sector en función del
entorno actual. Esperan nuevamente la presencia de los doctores Videgaray y
Carstens, además del propio titular del Ejecutivo. Se supone que el análisis
versará sobre “México y su banca: protagonistas en el nuevo orden económico
internacional”. En ánimos de atender esa realidad que nunca pregunta, sino que
siempre se impone, su escribidor infiere que, con dicho protagonismo, los
banqueros se refieren a los interesantísimos márgenes de utilidad que desde nuestro
país reportan a sus corporativos globales. Pero bueno, es sólo una inferencia
del opinador, habría que preguntarles.

En marzo de 2015 le escribía que los acuerdos del titular
de la SHCP con los banqueros —en donde se comprometieron a impulsar el mercado
interno mexicano, a apoyarlo en los momentos globales y macroeconómicos
difíciles para que mejoraran las condiciones de las empresas y, con ello, el
desarrollo económico del país— no rendirían mayores frutos. Y bueno, allí están
los números para que los valoremos y nos demos cuenta de que sólo simularon una
vez más, seguramente en aras de obtener algún beneficio gubernamental. Los
bancos no son entidades que implementen relaciones de ganar-ganar; al menos no
con nosotros.

En aquel texto también le decía que somos un gran negocio
para ellos, y que los banqueros entendían lo suficiente de política para salir
ganando, que a eso se dedicaban. Y por eso somos el país más rentable del mundo
para el sector bancario; en ninguna nación obtienen los márgenes de ganancia
que nosotros les proporcionamos. Es la realidad para ellos y para sus estados
financieros; y sí, más allá de las necesidades que la economía mexicana
requiera en 2016 o en cualquier otro año.

Considero que la 79 Convención Bancaria es una nueva oportunidad
de reflexión sobre la política pública que en materia crediticia requerimos. La
reforma financiera es un buen esfuerzo y ha sido útil, pero resultó limitada e
insuficiente para meter en orden al sector bancario. México necesita de
banqueros más comprometidos con el país, de unos que tengan el nacionalismo que
a diario demuestran los empresarios de las pymes. Y nótese que no me refiero al
anquilosamiento ni al romanticismo, sino al mínimo compromiso con quienes les
brindan su altísima rentabilidad. Seguimos pendientes.

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una
alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado le corresponde a usted.