El “establishment” no lo conforman quienes tú piensas

Estaba
sentada en una sala con un pequeño grupo de colegas, representando a unos
cuantos grupos de investigadores de la ciudad, hablando del nuevo presupuesto
de defensa, los cambios necesarios y el alcance en declive de los militares de
Estados Unidos.

Fue
una buena e inteligente conversación bipartidista.

Pero
entonces nuestro anfitrión suspiró e hizo notar que no importaba qué pudiéramos
decir en conjunto, porque somos “la clase dirigente” y nadie nos escuchará. Lo
llamé mentiroso, y ahora quiero llamar mentiroso a cada uno de los candidatos
que se pintan a sí mismos como personas externas y enemigos de “la clase
dirigente”.

He
aquí el meollo. Por supuesto que hay creaturas en Washington y gente al
interior del anillo de circunvalación y arregladores e instituciones que se
aprovechan y benefician del gobierno grande. Pero en realidad vivir en D.C. no
califica a nadie como miembro de “la clase dirigente”.

Washington
está lleno de gente decente que lucha por hacer del país un mejor lugar, no
solo para ellos sino para sus compatriotas estadounidenses. ¿Y adivinen qué? No
se puede cambiar a Washington desde Dubuque o Los Ángeles.

El
Partido del Té intentaba expulsar a un grupo de residentes de D.C. y enviar a
otro aquí. Sí, aquí.

Marco
Rubio fue un candidato del partido del Té que combatió a los príncipes
cuidadosamente seleccionados por los republicanos y ganó. ¿Ahora él es parte de
“la clase dirigente”? incluso Barack Obama, a quien le doy algunos puntos por
la política local y exterior, no es un vástago elitista de la aristocracia
demócrata.

Mientras
tanto, Donald Trump —un tipo que va a Wharton, hereda decenas de millones de su
padre y dona a los políticos de ambos lados del pasillo para engrasar sus
acuerdos— ¿es el fuereño contra la clase dirigente?

¿O
Ted Cruz, quien fue a Princeton, Leyes en Harvard, secretario de un juez de la
Suprema Corte, trabajó para un despacho de abogados de lujo y fue un político
designado a la Comisión de Libre Comercio?

Si
ellos están contra la clase dirigente, entonces las palabras no tienen sentido.

Conclusión:

Servir a los votantes en nuestra
democracia no convierte a los miembros de la Cámara de Representantes o el
Senado en “la clase dirigente”. Felicidades por desafiar el guantelete de la prensa
y los votantes por representar algo.

El bipartidismo no convierte a ninguno
de nosotros en un miembro de “la clase dirigente”. El problema con Washington
es que no se hacen las cosas. Acercarse al otro lado del pasillo es una virtud,
no un vicio.

Trabajar en un grupo de investigadores
y generar ideas nuevas para un mejor gobierno no convierte a nadie en parte de
“la clase dirigente”. Mis colegas y yo en la izquierda trabajamos todos los
días en ayudar a nuestros líderes a hacer lo correcto.

Escribir para un periódico nacional no
convierte a los periodistas exitosos en “la clase dirigente”. Están en el
pináculo de sus campos, y amamos el éxito de EE.UU.

Ir a trabajar todos los días en el
Departamento de Salud y Servicios Humanos o del Interior o de Estado no
convierte a esas personas en parte de “la clase dirigente”. ¿El gobierno es
demasiado grande? Sí, pero ello es culpa de nuestros líderes, no de la gente
que sirve a su nación.

En
serio, ¿cuándo nos convertimos en un país el cual piensa que el servicio, el
éxito, el respeto y la cortesía sentenciaron a un hombre al rechazo de las
hordas como un miembro de “la clase dirigente”?

¿Desde
cuándo nos convertimos en un país que rezuma desdén por nuestros vecinos? ¿Por
nuestros amigos?

¿Desde
cuándo nos convertimos en un país que desprecia el trabajo duro y honesto de
los estadounidenses diligentes, incluso de aquellos en la capital nacional?

¿Hay
una “clase dirigente”? Sí. Los Bush y los Clinton lo son. Igual que Trump y
Cruz. Pero pocos de los otros candidatos lo son, y es hora de que alguien de
derribar este meme ridículo.

Danielle
Pletka es la alta vicepresidenta de estudios en política exterior y defensa en
el AEI.

Este artículo apareció primero en el sitio del Instituto de la Empresa Estadounidense (AEI).

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek