Locura y razón, la más reciente obra literaria del escritor Juan Miguel Zunzunegui, es una novela histórica que pone el dedo sobre la llaga respecto a las intrigas internacionales que desataron la Primera Guerra Mundial y que relacionaron, asimismo, la Revolución Mexicana con este conflicto internacional. Publicado recientemente bajo el sello editorial Grijalbo, el libro también plantea un cambio de era a partir de que la humanidad tocó fondo con las guerras mundiales.
“La peor época de la historia de la humanidad son las guerras mundiales”, manifiesta Zunzunegui. “Es como cuando eres alcohólico y tocas fondo: tienes que tocar fondo para empezar a levantarte. Y la humanidad tocó fondo con las guerras; las bombas atómicas es lo peor que ha hecho nuestra especie. Esta es una novela que habla mucho de la guerra, pero que en realidad es una propuesta de paz”.
—Juan Miguel, ¿en qué consistieron esas intrigas internacionales que tanto daño provocaron?
—En lugar de quedarnos con el tema de que la guerra mundial comenzó por el asesinato del archiduque de Austria, el planteamiento de Locura y razón es que las dos guerras mundiales son una misma guerra que se inició en 1492. Desde que España y Portugal empezaron a conquistar y colonizar América arrancó un conflicto entre un grupito de países europeos por dominarlo todo, una carrera por quedarse con todo el mundo en la que primero estaban España y Portugal con el dominio de América y de África; luego se sumaron poco a poco Francia e Inglaterra, después Holanda, y más adelante Japón, luego Estados Unidos, y en 1871, cuando nació, Alemania también se sumó.
“Entre 1492 y 1900 ocho países se repartieron el mundo, pero querían más y no quedó más remedio que la guerra. Winston Churchill, que siempre aparece como el bueno de la historia, desde 1912 ya planeaba una guerra mundial, por lo menos una guerra contra Alemania, un choque de imperios, el imperio británico abarcaba el 30 por ciento del planeta y el naciente imperio alemán se perfilaba como una competencia industrial de Inglaterra y Estados Unidos, y estos dos se unieron para hundir a Alemania y evitarse otro competidor industrial”.

FOTO: ANTONIO CRUZ / NW NOTICIAS
—¿Y eso de qué manera se relaciona con la Revolución Mexicana?
—Los eventos transcurrieron entre 1913 y 1914, justo después de la Decena Trágica, el asesinato de Madero y la invasión de Estados Unidos a Tampico y Veracruz. Es justo plantear cómo la Revolución Mexicana en realidad fue una guerra civil donde las potencias europeas se pelearon con los mexicanos como carne de cañón porque había espionaje estadounidense, británico y alemán por todos lados. Félix Sommerfeld, uno de los agentes secretos más famosos de Alemania, estaba detrás de Carranza, detrás de Villa, los alemanes trataban de apoyar a Huerta, los gringos trataban de apoyar a Carranza, y todo para quedarse con el petróleo mexicano. México en ese entonces, junto con la Mesopotamia, era la principal fuente de petróleo del mundo. Como era inminente la Primera Guerra Mundial, esta guerra la iba a ganar quien tuviera el control del petróleo; Inglaterra ya controlaba el petróleo del imperio turco, y Alemania y Estados Unidos peleaban por el petróleo mexicano a través de sus espías, y eso fue la Revolución Mexicana.
—¿Las guerras, entonces, son consecuencia de la razón o de la locura?
—Suele hablarse de las guerras mundiales como una locura tremenda cuando en realidad el planteamiento es: ¿qué creen?, las guerras no fueron una locura, fueron muy racionales, estuvieron muy pensadas, muy estratégicas y calculadas. En este mundo pensamos que tener la razón es tener la verdad, y no es cierto. Un exceso de razón en esta era industrial, en esta era científica, nos llevó a la locura de la guerra. Es decir, la razón en exceso puede acabar con el mundo, por eso necesitamos un poco de locura, un poco más de compasión y amor, y un poco menos de razón egoísta y egocéntrica.
—¿En estos tiempos de hiperinformación la novela histórica no termina siendo tediosa?
—Una novela tiene que ser entretenida, si no, no hay razón para leerla, y a mí me gusta escribir de forma simple, fluida, fácil; muy profunda en el contenido, pero fácil de leer. También propongo un análisis histórico que no se ha visto en ningún otro lado, van a entender el mundo muchísimo mejor, el mundo europeo, el americano, el moderno, el industrial, el capitalismo, el comunismo, el feminismo, toda la génesis. Pero lo más importante es que, con las guerras como pretexto, este libro es una propuesta de paz absoluta. La propuesta es: en un mundo envuelto en guerra, puedes encontrar la paz sólo dentro de ti mismo. La guerra entre las naciones es resultado de que los individuos traen guerra dentro de sí mismos, cada uno de nosotros es un campo de batalla y estamos llenos de ira, agresión, odio, aversiones, de pasiones muy negativas, y somos víctimas de ellas. Si tú vives en paz nadie te va a convencer nunca de una guerra, llámese una guerra mundial o el conflicto con tu vecino. Si tú vives en paz la guerra no existe.

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—¿Se puede aprender historia de las novelas históricas o necesariamente hay que recurrir a los libros de historia?
—El riesgo es que mucha gente piensa que va a aprender historia con una novela. Yo siempre lo digo: con mis novelas van a aprender mucha historia, sí, pero no es el objetivo, las novelas no son para eso. ¿Quieres aprender historia? Lee un libro de historia. En la novela histórica te puedes enterar mucho de una época; en mi caso, es lo que procuro, pero un error puede ser que la gente se confunda. A veces me preguntan: ‘Oye, ¿cómo distingo aquí lo real de lo ficticio?’. La idea no es distinguirlo porque es una novela. Se pueden tener muchas ideas, pero la novela es sólo una provocación para que abras un libro de historia.
—Y a este galimatías hay que sumar también la historia novelada…
—Un error muy común es que le llaman novela histórica a un género que no lo es. Yo hago novela histórica, pero la mayoría de los que dicen que la hacen en realidad escriben historia novelada. No es que esté bien o que esté mal o que uno sea mejor que otro, sólo son cosas distintas. Para mí, novela histórica implica que, aunque usas la historia, es una novela, es decir, hay personajes ficticios con historias ficticias; si no hay ficción no hay novela. Y en México muchos le llaman novela histórica, dicen la novela de Pancho Villa y te cuentan la vida de Villa, pero no es novela, es historia novelada porque tomas los hechos reales, y sin agregarle ficción los cuentas de forma narrativa, novelada, con diálogos. Entonces te puedes enterar de forma muy amable de episodios históricos o de la vida de alguien, pero no es una novela porque no hay ficción.


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