“Su discurso no impactó lo suficiente”

JORGE MARIO BERGOGLIO desciende por las escaleras de Palacio Nacional, apoya la mano derecha en el barandal. A su costado izquierdo lo acompañan Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera, detrás de ellos va un amplio dispositivo de seguridad. Quien conduce la ceremonia anuncia la presencia de los tres personajes. De pie, los invitados, funcionarios e integrantes de la cúpula de la Iglesia católica inician un extenso aplauso. El ánimo y los “¡bravo!” aumentan.

El papa Francisco se muestra serio. En su semblante se asoma apenas una tímida sonrisa.

“Hoy es un día de entusiasmo y de enorme alegría para los mexicanos. El pueblo de México está emocionado porque ya está aquí, entre nosotros”, dice Peña a Bergoglio en su discurso de recibimiento.

“México lo abraza con cariño. Bienvenidas sus palabras, sus bendiciones y su amor para México. Bienvenida su luz”, le dirá al final. El público se levanta y aplaude de nuevo.

Al término de la ceremonia, Francisco saluda, entre otros, a los secretarios de Hacienda y de la Defensa Nacional, Luis Videgaray y Salvador Cienfuegos. El Ejecutivo federal le presenta a funcionarios y gobernadores y el Papa les extiende la mano. Las imágenes se transmiten en televisión e internet.

El Papa se presentó con la clase política, indica Elio Masferrer Kan, experto en temas religiosos y profesor investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia, porque esta “estaba interesada en tomarse una foto con él”.

Bergoglio, añade, tuvo la precaución “de no darles la bendición. En México hay diversidad religiosa y ya veremos qué harán los evangélicos en las próximas elecciones, si votarán por políticos que realizan de forma tan ostensible y exagerada estas expresiones de catolicismo”, dice el también integrante de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones.

Tales manifestaciones pueden agregar o quitar un voto, afirma el investigador.

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El sacerdote Alejandro Solalinde, defensor de los derechos humanos de los migrantes y director del albergue Hermanos en el Camino, da la “bienvenida” a los discursos del Papa en la capital y el Estado de México, pero considera que “no fueron suficiente”.

No hay que olvidar, menciona, que Francisco “es una persona mayor, de casi 80 años, con muchas tensiones y presiones, pero me hubiera gustado que insistiera en acercar a la gente a la Biblia. Respecto a Ecatepec, fue insuficiente. Además de hablar genéricamente de la violencia, ojalá lo hubiera hecho de una tragedia que sucede ahí: los feminicidios. Soy sensible al asunto, lo he vivido de cerca. Me preocupó mucho que el Papa no lo mencionara. Tampoco pronunció la palabra desaparecidos, y menos desaparecidos forzados, y Ayotzinapa menos todavía”.

Si los pastores de México conocen la realidad del país, cuestiona Solalinde, “¿por qué no se la contaron y lo alentaron a hablar al respecto? No lo dijo porque el Papa tenía un compromiso diplomático con el gobierno de México”.

—Él conoce lo ocurrido en Ayotzinapa.

—El nuncio apostólico, Cristophe Pierre, representante del Papa en el caso Ayotzinapa, en la Normal, dijo: “El Papa sabe perfectamente lo que está pasando y él está de su lado”. ¿Por qué, en su visita, le costó tanto trabajo pronunciar la palabra? Los 43 son los desaparecidos forzados más emblemáticos. Si lo hubiera hecho, el Papa habría incomodado al Estado anfitrión. Tampoco lo mencionó como jefe de la sede apostólica, fue una grave omisión.

—No se reunió con familiares de los desaparecidos, muchos de ellos católicos.

—La mayor parte de las familias de los desaparecidos que he conocido son católicos, y puedo decir que las de Ayotzinapa son personas muy humildes, pobres. Tengo que decirlo, aunque otros lo tomen a mal: me dolió mucho que quienes administraron y privatizaron la presencia del Papa contaran con todo el tiempo del mundo. El recibimiento no fue oficial, sino folclórico, y en él estuvo presente la familia Televisa: Angélica Rivera lo supo aprovechar muy bien, lo abrazaron quienes ella quiso. La pareja presidencial no lo soltó, y el segundo y tercer día sucedió lo mismo. En el Hospital Federico Gómez, que Rivera administra, también. No hubo un espacio para las familias de los desaparecidos.

Solalinde recuerda que el vocero papal rechazó las presiones sobre Francisco para comentar este tipo de temas. “Son temas de justicia. Si bien es cierto que no se le dio un trato de jefe de Estado cuando llegó, al otro día ¿por qué los funcionarios públicos convirtieron el Palacio Nacional en un recinto sagrado y aceptaron del Papa su investidura espiritual? ¿Por qué pidieron la bendición y fueron a verlo como un pastor?”, inquiere.

De inmediato, agrega: “Cuando fue oportuno lo tratan como jefe de Estado, cuando no, como jefe espiritual. Me duele que no se haya dado un espacio a los dolientes de México para proyectar la imagen de un México que no existe, pero es más terrible lo que vendrá después; ¿cómo se van a aprovechar, a capitalizar y explotar estas fotografías del Papa con los que van a ser los destapados electoralmente? Lo que hicieron esos días fue una inversión electoral muy fuerte que se va a explotar este año y en 2018”.

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Aunque Francisco mencionó en sus primeros tres días de visita “temas relevantes”, como la violencia y el narcotráfico, el discurso “se devaluó”.

Esa es la conclusión de Leopoldo Cervantes, profesor en teología e integrante de la Comunión Mexicana de Iglesias Presbiterianas y Reformadas, y Adoniram Gaxiola, pastor evangélico y director del Centro para el Estudio de la Religión en Latinoamérica. “El mensaje a los obispos fue muy sólido, consistente. Quién sabe si ellos van a hacer caso”, dice el primero. “En la Ciudad de México no mencionó el tema de la familia, a diferencia de en Chiapas, porque sabe que en la capital ha habido avances en ese sentido. Al principio le entró al terreno político social, pero le fue bajando al nivel de sus posiciones”.

—Usted es escéptico en cuanto a lo que dijo.

—Lo soy. Su discurso no impactó lo suficiente respecto a los problemas más severos del país. Hoy hay un desencanto político tremendo, la violencia está desatada. No olvidemos que el Papa dijo que Argentina se estaba mexicanizando, en términos de la influencia e impacto del narco y la violencia. Un discurso así no da para que pueda haber cambios importantes en la mentalidad de la feligresía católica.

—¿A qué obedeció la visita?

—El Papa vino en una coyuntura muy compleja en el país, en el momento de nuevos acomodos a dos años de la elección presidencial. El gobierno está buscando apoyos y legitimidades en donde sea para seguir en el poder.

—¿Pudo haber recibido instrucciones para no hablar de ciertos temas?

–No instrucciones, pero en las altas esferas se realizan negociaciones. La relación de México con el Vaticano es una historia tormentosa. El Vaticano de alguna manera concedió con el gobierno la visita para intentar reverdecer los logros de aquellas visitas de Juan Pablo, que fueron cinco.

Gaxiola, por su parte, considera que el discurso de Bergoglio se desvaneció, en parte, debido “a su misma condición de extranjero, con muy poca influencia real sobre la dinámica social mexicana. No pasa de ser una invitación a misa y se sabe que los llamados a misa los atienden quienes quieren.

“Se ha planteado si el relativo éxito de convocatoria a Francisco responde a la falta de apoyo de la jerarquía católica mexicana, y en particular al arzobispado de la Ciudad de México, creándole un vacío para recordarle que está en territorio enemigo, en el que no se comparten sus posiciones sobre esos conceptos que han llamado la atención de sencillez, humildad, solidaridad con los pobres”.

—En Ecatepec no habló de feminicidios.

—Por alguna razón, me temo. Francisco decidió ser políticamente correcto. En la práctica esto se tradujo en una mayor cercanía con los intereses del gobierno priista, sobre todo del Estado de México, que hubiese recibido un descontón ante un reclamo del Papa en un entorno electoral en todo el país. No cumplió con las expectativas que católicos y no católicos habíamos generado. El problema es que un mensaje de él en ese sentido tendría que haberse leído como una denuncia que no responde al interés discursivo de la clase dominante en el Estado de México y el gobierno federal.

—¿Y en el caso de la Ciudad de México?

—La promoción que se hizo de la visita por parte del gobierno de la ciudad podría verse como el aprovechamiento de la figura religiosa, del carisma que la condición de Papa le da a Francisco. Hay una congruencia de fondo en Mancera y el Papa cuando se le entregan las llaves de una ciudad que ha hecho legal propuestas de formas de conducta de relación humana que atentan contra la doctrina católica. La cobertura y el apoyo del gobierno de la capital y de las delegaciones para fomentar la presencia de una figura religiosa supone el precio a pagar para obtener un reposicionamiento en ese sueño perdido de lograr una candidatura hacia la presidencia.

Adoniram afirma que con la reunión de Mancera y Peña en Palacio Nacional “se constata una vez más que la separación entre el Estado y la Iglesia, la pretensión de un Estado laico, sólo facilita una forma de simulación de los valores laicos que presumimos en la Constitución”.

Cuando la gente sencilla vea que Peña Nieto, Rivera y otros políticos comulgaron, dirá: “No son corruptos, son buenos”. FOTO: CUARTOSCURO

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Las personas recorrieron casi tres kilómetros para escuchar la misa que Francisco impartió en la explanada El Caracol, en Ecatepec, el municipio del Estado de México que concentra el mayor número de personas en pobreza: 723 759 personas, casi la mitad de su población; y en pobreza extrema, 107 023.

Es la entidad que gobierna el priista Eruviel Ávila, donde existe una alerta de género y es catalogada por algunas organizaciones civiles como “el peor lugar para ser mujer”. De acuerdo con datos oficiales, tan sólo en Ecatepec 168 mujeres han sido asesinadas en los últimos tres años.

El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio ha denunciado que en el Edomex son desaparecidas hasta dos mujeres al día por las bandas organizadas dedicadas a la trata de personas, con focos rojos, precisamente, en Ecatepec, y también en Chimalhuacán y Chalco.

Los activistas y defensores de los derechos humanos esperaban que Francisco mencionara el tema, y como no lo hizo están decepcionados. Así lo manifiesta Manuel Amador, sociólogo, maestro en Derechos Humanos y Democracia y coordinador del grupo civil Red de Denuncia de Feminicidio en el Estado de México.

“Entiendo que no haya querido ser tan explícito —dice—, pero ni siquiera habló del tema de la violencia en términos generales. O de la vida precaria y la desigualdad. Sus palabras se quedan en una idea de buenas intenciones. Debió mínimamente acercarse, dirigir esa esperanza a madres y familiares víctimas de feminicidios. Les quedó a deber. Fue un discurso trazado que no tocó fondo”.

—¿A qué fue el Papa a Ecatepec?

–En Ecatepec han proliferado las religiones. Están los cultos a San Judas Tadeo y a la Santa Muerte. Los pobladores acuden a otras formas que les den un lugar que el sistema de creencias de católicos no les ha dado. ¿De dónde sujetarse? Esto se junta con la impunidad que han generado las autoridades. El gobierno pensó que ese vacío social iba a llenarse con esta visita. Y no fue así. En Ecatepec la desesperanza y desolación siguen. Se fue el Papa y bienvenida la realidad.

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El Papa no se comportó como en las visitas de Juan Pablo II y Ratzinger, dice el investigador Elio Masferrer Kan. “Ellos llegaban al país de las maravillas. Por su parte, en la Catedral Metropolitana Francisco pronunció el discurso más fuerte que he escuchado a la Conferencia del Episcopado Mexicano.

“Les dijo de todo y en concreto los llamó modernos faraones. Mencionó a los que se sienten príncipes y los exhortó a ponerse a trabajar. En forma muy caballeresca les dijo que no estaban haciendo lo suyo”.

—No sabemos cómo lo tomaron los obispos.

—El Papa sabe que no tiene muchas posibilidades de hacer algo con ellos y le apostó a los religiosos y religiosas. Con ese señalamiento a ellos, los desautorizó. Que los haya llamado modernos faraones fue como decirles que ni siquiera son cristianos. Habló de los arreglos bajo la mesa, de corrupción, del dinero sucio manchado con sangre. No les dijo delincuentes porque es una persona elegante.

Y añade: “el obispo de Ecatepec, Óscar Roberto Domínguez Couttolenc, es un religioso de los Misioneros del Espíritu Santo. Bergoglio llegó con el respaldo de la Conferencia de Institutos Religiosos de México, la cual es muy contestataria, alternativa e integrada por 28 000 religiosas y 2000 sacerdotes. Al golpear a los obispos diocesanos, fortaleció a los religiosos”.

—¿Califica de positivos los discursos de Francisco?

—Sí, porque por lo general la Iglesia católica, los obispos, se caracterizan por el juego de decir que todo está perfecto, pero Bergoglio dijo que no, que hay problemas y hay que asumirlos. Definió un proyecto pastoral, una línea de trabajo. Hay que ver quién se sube a esa línea y, en ese sentido, los obispos diocesanos no van a llegar ni a la esquina.

Alejandro Solalinde: “Yo admiro al Papa por tener una línea abierta, pero me preocupa haber visto que se dejó conducir por quienes supieron aprovechar la visita”. FOTO: ANTONIO CRUZ / NW NOTICIAS

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Sentado en el patio de la Congregación Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, en Santa María la Ribera, el padre Solalinde dice que durante la visita del Papa se presenció una estrategia y logística, de parte de la autoridad eclesiástica y el gobierno mexicano, de proyectar una imagen de México “pacífica, tranquila. De no pasa nada, todo bien.

“Los tres primeros días no vimos a los pobres, que estaban atrás de las vallas, sino a gente de clase media alta, cercana al gobierno o al alto clero”.

—Los políticos, en un país altamente católico, le quisieron mostrar su simpatía.

—Yo admiro al Papa por tener una línea abierta, pero me preocupa haber visto que se dejó conducir, aunque a él no le quedaba de otra, por quienes supieron planear la visita y aprovecharla: el gobierno, el alto clero, los Legionarios de Cristo. Sabemos que el Papa no puede resolver el asunto Ayotzinapa ni el de los desparecidos forzados, pero hubiera sido alentador un pronunciamiento.

—Las cifras dicen que los católicos son menos hoy en México. Dicen los expertos que la visita obedeció a reafirmar la fe.

—Bajó de 96 a 83 por ciento. En México hay una descatolización o una desromanización. La gente se pasa a otras iglesias cristianas evangélicas u orientales. Si muchas personas se van de los espacios católicos es porque no estamos haciendo lo nuestro. Ahora que se fue el Papa todo regresará a la normalidad: la de los políticos, la social, la de la violencia.

“En cuanto a lo otro —prosigue— creo que no. Tal vez algunas personas puedan tener esa intención, pero creo que el Papa sí quiere que el mensaje de Jesús llegue a la gente. Pero no pude ver a un Papa libre, pues estuvo condicionado por las estructuras del Estado del Vaticano en relación con el Estado mexicano”.

—En un momento de crisis, una visita sirve para desviar la atención.

—Unos meses atrás fue el Chapo. El peso va para abajo. La violencia no para. Hay una situación lamentable, distinta a la imagen que quisieron mandar al mundo. Antes del Papa, el PRI estaba desprestigiado. Cuando la gente sencilla vea que Peña Nieto, Rivera y otros políticos comulgaron, dirá: “No son corruptos, son buenos”.

Y resume: “Amarraron todo, cuidaron todo. Hubo siete filtros para que una religiosa pasara a la basílica. Una de ellas llevaba una imagen del Papa que decía: “Te amamos”. No querían dejarla pasar porque dijeron que podía ser como una pancarta. ¿Vio alguna voz disidente, alguna pancarta? No, no lo permitieron”.